Desde este viernes está vigente, aunque en forma transitoria, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, un entendimiento por el que hubo que trabajar un cuarto de siglo, con momentos en los que se cinchó más y otros en los que se puso punto muerto de un lado y otro del Atlántico. En simultáneo una y otra parte han ido avanzando en sus respectivos procesos de integración, imperfectos, con los vaivenes propios de la alternancia de los perfiles ideológicos en el poder, pese a que, en esencia al menos, y al comienzo, ambas uniones tenían pretensiones más económicas que políticas. Y aunque los reparos que pusieron una y otra vez en el freezer el acuerdo persisten, como lo demuestra la oposición francesa, que llevó el tema a ámbitos jurisdiccionales internos en Europa, el desbloqueo llegó de la mano de un mundo que se ha puesto hostil, en la necesidad de encontrar certezas, de contar con socios confiables, aunque imperfectos.
Para nuestro bloque regional no es ninguna sorpresa que el acceso a mercados y la mejora en las condiciones para captar inversión extranjera son los alicientes principales de este tratado. “En algunas horas 70% de los aranceles, de todas las exportaciones uruguayas a Europa, van a quedar a cero”, destacaba el embajador de la Unión Europea en nuestro país, Petros Mavromichalis, en la apertura de un evento organizado por la Eurocámara Uruguay y la representación europea. En ese mismo discurso destacó el rol de liderazgo que Uruguay ejerció en el proceso posterior a la firma, en la ratificación del acuerdo por los gobiernos sudamericanos. “Uruguay ha demostrado un liderazgo ejemplar. El trabajo realizado por las autoridades uruguayas para convertirse en el primer país en ratificar el acuerdo ha sido, sin exagerar, espectacular”, por la profundidad, la rapidez, la seriedad institucional y la visión estratégica con que se llevó a cabo, valoró, además de en un tiempo récord. Enhorabuena y nuestros agradecimientos a todos. Al gobierno pero también al parlamento de la República Oriental del Uruguay. El paso de Uruguay fue seguido por otros países del Mercosur que al ratificar tan rápidamente el acuerdo fue decisivo. Activó el engranaje que faltaba del lado europeo.
Fue una señal clara, contundente. Para Mavromichalis mucho tuvo que ver esta rapidez en la ratificación en esta orilla del océano para que en la otra se activasen los mecanismos necesarios. “Ustedes no solo fueron protagonistas, fueron catalizadores”, manifestó el diplomático, que a continuación trasladó una visión de lo que significa para el bloque que representa este acuerdo que definió como “una oportunidad única”. Y esto tiene que ver, sobre todas las cosas, con el contexto internacional en el que estamos inmersos, un momento de enorme incertidumbre, de transición, en el que encontrar socios en los que confiar es un valor en sí mismo.
“Lo decimos con plena conciencia del contexto global en el que nos encontramos. Vivimos tiempos de una geopolítica de fragmentación, de tensiones comerciales, de desafíos energéticos y climáticos que exigen respuestas coordinadas. En este escenario la Unión Europea apuesta por algo muy claro, por socios confiables, por reglas claras, por un comercio abierto pero también justo”, dijo. Agregó a la lista de apuestas a las “cadenas de valor resilientes” y “por una transición energética que sea sostenible y al mismo tiempo inclusiva”. Aquí es donde, según Mavromichalis, Uruguay y el Mercosur en su conjunto ocupan un lugar fundamental. “Porque el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur no es simplemente un tratado comercial, es mucho más que eso, es una hoja de ruta para una asociación estratégica en el siglo veintiuno”.
Agregó que se trata de una asociación “basada en valores compartidos, en estándares elevados y en una visión común del desarrollo. Hablamos de acceso a mercados, sí. Pero también hablamos de cooperación regulatoria, de sostenibilidad ambiental, de derechos laborales, de innovación tecnológica”. Del mismo modo habla también “de construir juntos un modelo de crecimiento que conviene competitividad con responsabilidad. Uruguay en este sentido parte de una posición muy sólida”, manifestó el jefe de delegación. Al respecto valoró de nuestro país que “ha sabido consolidar fortalezas que hoy son altamente valoradas a nivel global: calidad, trazabilidad, control, institucionalidad, previsibilidad. Es sin duda un referente en materia de regulación y estándares. Y eso importa. Importa mucho. Porque el Comercio del futuro no se define solo por precios sino también por confianza, por la capacidad de demostrar cómo se produce, con qué estándares, con qué impacto ambiental y social”. Y aunque manifestó que el acuerdo a la vez que abre puertas, también plantea desafíos, dijo estar convencido “de que Uruguay tiene las condiciones para no solo cumplir con esos estándares sino para destacarse”.
De este lado del acuerdo, lo dicho, la búsqueda de acceso en mejores condiciones a un mercado exigente, pero que garantiza buenos precios y la posibilidad de captar más y mejor inversión, de la que nuestras economías dependen tanto como del aire para respirar, son los grandes incentivos para suscribir un acuerdo que trae a la par desafíos, porque también para los productos europeos se allanan caminos para desembarcar en esta orilla. Lo reconoció el presidente de la Confederación de Cámaras Empresariales, Leonardo Loureiro, quien señaló que este acuerdo “nos obliga a varias de las empresas a prepararnos mucho en el tema de innovación, mucho en el tema de ajustar nuestra producción, a nuestros servicios, a lo que estemos exportando, a los nuevos estándares de la Unión Europea. Para nosotros es un desafío que nos permite mejorar como empresas”. Pero también considera que se abre un capítulo en el que el mismo Mercosur va a tener que ajustar muchas cosas de su propio funcionamiento, que nunca ha terminado de fluir y de cumplir con los propósitos para los que fue creado.
Fueron 25 años de gestiones, de limar asperezas y buscar caminos de entendimiento. Pero no se puede entender la firma y la puesta en marcha sin el contexto internacional que lo propició. Ahora resta hacer las cosas bien, cumplir con lo comprometido y sostener el mecanismo cuando los nubarrones del cielo se despejen, porque así como todo pasa, estos conflictos un día terminarán.


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