Hace pocos días dábamos cuenta a través de las páginas de EL TELEGRAFO que tuvo lugar en nuestro país el Primer Encuentro Nacional 2026 de Fortalecimiento Institucional: “Consolidación de la modalidad de Educación Media Básica Rural”, el que constituyó una instancia estratégica de formación, intercambio y construcción colectiva, orientada a consolidar y fortalecer las propuestas educativas de 7.°, 8.° y 9.° grado en el medio rural. Alrededor de un millar de estudiantes de áreas rurales reciben educación en esta modalidad en 42 centros educativos de todo el país. En la actualidad, la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) se encuentra en un proceso de revisión de la currícula de esta experiencia, a través de la instalación de un grupo de trabajo nacional, y ha incorporado nuevos aprendizajes como Cooperativismo, Educación Sexual Integral y Convivencia.
En esta convocatoria, que tuvo lugar en la sede central del organismo, se abordó una agenda que incluyó instancias de reflexión pedagógica, talleres de formación académica y abordajes disciplinarios específicos, promoviendo el trabajo colaborativo entre directores, docentes e inspectores de distintas áreas. También favoreció el intercambio de experiencias y la construcción de criterios comunes que contribuyan a fortalecer las prácticas institucionales y pedagógicas en los centros educativos rurales.
Según indicaron los jerarcas convocantes del encuentro, este espacio tuvo como objetivo acompañar el desarrollo profesional de los equipos educativos, potenciar la calidad de las trayectorias estudiantiles y reafirmar el compromiso de la ANEP con una educación media rural inclusiva, contextualizada y de calidad para todos los estudiantes del país.
En la apertura del encuentro, la consejera del Consejo Directivo Central, Elbia Pereira, celebró la tarea de los docentes y funcionarios y su participación en estas instancias de trabajo, y dijo entre otros conceptos que “muchas veces se piensa en la ruralidad como los pobrecitos que están perdidos en el medio del campo. Ni son pobrecitos ni están perdidos en medio del campo: son estudiantes, docentes, funcionarios y comunidades que están construyendo un hacer propio del lugar donde están, con proyección a la continuidad educativa a lo largo de toda la vida, y eso son oportunidades. Ustedes son hacedoras y hacedores de esas oportunidades”, concluyó.
Debe tenerse presente que la Educación Media Básica Rural constituye una de las políticas educativas más importantes para la inclusión educativa en Uruguay. Surgió en 1999 para dar respuesta a las dificultades de acceso a la enseñanza secundaria en el medio rural y, desde entonces, ha permitido que miles de adolescentes continúen estudiando sin abandonar sus comunidades. Aun con las limitaciones que sobre todo se potencian para la actividad docente en el medio rural, es notorio que su desarrollo ha fortalecido la equidad educativa y ha contribuido a garantizar el derecho a la educación de los jóvenes rurales, promoviendo además la continuidad de estudios y el desarrollo de las comunidades del interior del país.
Pero sobre todo merece un renglón aparte dar cuenta del perfil de quienes atienden estos centros docentes. Este aspecto es señalado por la subdirectora general de Educación Inicial y Primaria, Selva Pérez, al precisar que “esta es una experiencia inédita: en esta modalidad conviven adultos que responden a diferentes marcos administrativos, pensando ‘cómo hacemos que esa adolescencia tenga la posibilidad de hacer su proyecto de vida’. Hay que ponernos de acuerdo entre las lógicas institucionales de la UTU, Secundaria y Primaria y aunar esas lógicas, para que el adolescente sienta una coherencia en la forma en que recibe la propuesta, y hay que tomar conciencia de que educar es abrir la conciencia a ver el mundo que nos rodea y el mundo interior”.
En este contexto, uno de los aspectos fundamentales de la Educación Media Básica Rural (EMBR) es que apunta a garantizar que los adolescentes que viven en zonas rurales puedan continuar sus estudios después de finalizar la educación primaria. Su objetivo principal es asegurar la igualdad de oportunidades educativas, superando las dificultades de acceso que existen en muchas áreas alejadas de los centros urbanos. Es que hasta 1999 el país vivía una problemática histórica: muchos estudiantes rurales terminaban la escuela primaria pero no podían continuar sus estudios secundarios debido a las grandes distancias hasta liceos o centros de UTU, por lo que la ANEP desarrolló la propuesta que permitiera cursar 7.°, 8.° y 9.° grado en las propias escuelas rurales o en centros cercanos a las comunidades donde viven los estudiantes. Esta modalidad buscó evitar el abandono temprano de los estudios y ampliar las oportunidades educativas en el medio rural.
Así, desde su creación, la Educación Media Básica Rural ha experimentado un crecimiento sostenido, con una ampliación gradual de la cobertura en los respectivos departamentos del país, formación específica de docentes para trabajar en contextos rurales y articulación entre Educación Primaria, Educación Secundaria y UTU para atender las necesidades de los estudiantes rurales, con el agregado de la incorporación de nuevas propuestas curriculares adaptadas a la realidad del medio rural.
Precisamente, y tal como se analizó en el reciente encuentro nacional, la modalidad llegó a atender más de 1.600 estudiantes en decenas de escuelas rurales del país. En años recientes se ha impulsado una revisión curricular para actualizar contenidos y fortalecer áreas como el cooperativismo, la educación sexual integral y la convivencia. También surgieron modalidades complementarias, como el Ciclo Básico Rural Semipresencial, que combina actividades presenciales con enseñanza virtual mediante plataformas digitales, permitiendo llegar a estudiantes que viven en lugares aún más aislados.
Es decir, dentro de las posibilidades, se han logrado incorporar avances significativos encuadrados en los objetivos de la Educación Media Básica Rural y establecer incentivos que no solo implican reducir la desvinculación educativa al acercar la oferta educativa a las comunidades rurales, sino sobre todo favorecer la continuidad de estudios, dado que los estudiantes que culminan esta modalidad pueden continuar posteriormente en bachillerato, UTU u otras opciones de educación media superior.
Un ganar-ganar que es particularmente importante porque refiere nada menos que al interior rural, ese Uruguay olvidado desde los círculos de poder, que es el soporte del tramado productivo, que hace un aporte enorme para retener a los pobladores del interior profundo y contribuye al desarrollo de las comunidades donde viven los estudiantes y sus familias.
finitiva, la Educación Media Básica Rural representa mucho más que una propuesta educativa específica. Constituye una herramienta —siempre perfectible— de inclusión social, desarrollo territorial y justicia educativa. Su fortalecimiento y actualización son fundamentales para continuar reduciendo desigualdades y garantizar que el lugar donde nace una persona no determine las oportunidades a las que podrá acceder durante su vida. Apostar por la educación rural es apostar por un país más integrado, más equitativo y con mayores posibilidades de desarrollo para todos sus ciudadanos.