El insomnio y la deambulación nocturna en una persona que padece alzhéimer suele generar gran preocupación, cansancio y estrés tanto a la persona afectada como a sus familiares y cuidadores. Por lo tanto, es necesario comprender por qué ocurre y cómo pueden actuar frente a estos fenómenos comunes, con el fin de brindar una mejor calidad de vida al paciente y su entorno.
El psicólogo Gonzalo Gamboa, integrante del equipo técnico de Atención de Alzheimer Paysandú (ADAP) dirigido por el Dr. Gustavo Curbelo, recordó que esta enfermedad produce cambios progresivos en el cerebro que, no solo afectan la memoria sino también otras funciones. Entre ellas, la regulación del sueño y de los ritmos biológicos.
Por esa razón, “muchas personas con alzhéimer presentan dificultades para dormir, pueden tardar mucho tiempo en conciliar el sueño, despertarse varias veces durante la noche o levantarse muy temprano por la mañana. En algunos casos, incluso pueden invertir los horarios y permanecer despiertos durante la noche y somnolientos durante el día. A este fenómeno se suma lo que conocemos como el síndrome vespertino, que se trata de un aumento de la confusión o la inquietud al final de la tarde o durante las primeras horas de la noche”, dijo a Pasividades.
La deambulación nocturna consiste en caminar o desplazarse durante la noche sin un propósito claro o aparente. “La persona puede levantarse de la cama y reconocer las casa o encontrarse desorientado y no reconocerla. Puede buscar la puerta para salir, puede creer que debe ir a trabajar o intentar regresar a un lugar donde vivió anteriormente. Es importante entender que estas conductas no son voluntarias ni caprichosas sino que responden a la desorientación, ansiedad, a la búsqueda de seguridad o a la dificultad para comprender su entorno”.
Explicó que ante estas situaciones, “la primera recomendación es mantener la calma. Discutir o intentar razonar extensamente con una persona enferma suele generar mayor angustia. Por lo tanto, es preferible hablar con voz tranquila, transmitir seguridad y acompañarla hasta que recupere la calma. También es importante analizar posibles causas que contribuyen al insomnio”.
Gamboa vinculó esta sensación “al dolor, la necesidad de ir al baño, hambre, sed, algunos medicamentos, el exceso de cafeína o determinadas enfermedades que pueden alterar el sueño y aumentar la inquietud nocturna”.
El técnico recomendó “mantener horarios regulados para levantarse o acostarse y favorecer la exposición a la luz natural durante el día, realizar actividades físicas acordes a las posibilidades de la persona y evitar siestas muy prolongadas. Durante la noche el ambiente debe ser tranquilo, cómodo y seguro”.
Incluso una iluminación tenue puede ayudar a disminuir la desorientación si la persona se desviara. “Cuando el insomnio o la deambulación son muy frecuentes, intensos o generan riesgos para la seguridad es fundamental consultar con el médico tratante. Ambos son manifestaciones frecuentes de la enfermedad de Alzheimer”.
Aunque pueden resultar difíciles de manejar, “comprender su origen y aplicar estrategias de cuidados adecuadas pueden disminuir el estrés, mejorar el descanso y favorecer el bienestar tanto de la persona afectada así como de quienes la acompañan”, concluyó.

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