Lucha contra la garrapata, un compromiso compartido

Durante el mes de junio, apuntando a fortalecer las capacidades para el control sostenible de la garrapata, promover el uso responsable de los productos veterinarios y reducir el riesgo de residuos en carne —uno de los pilares para preservar la confianza de los mercados y la sanidad de la producción nacional—, la Dirección General de Servicios Ganaderos (DGSG) desplegó una intensa agenda de actividades dirigida a productores, encargados de establecimientos y profesionales de la salud animal, que incluyó a Paysandú.
Ocurre que si bien la problemática de la garrapata no es nueva, y nuestros productores han convivido —y sufrido— el problema desde el principio de los tiempos de la explotación ganadera, se está enfrentando un desafío inédito en el sentido de que la plaga se reconvirtió, se ha extendido significativamente y a la vez no responde positivamente a los tratamientos que hasta ahora se venían aplicando con relativo éxito.
Por supuesto, no es un problema solo de Uruguay, por cuanto el parásito afecta países como Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y partes de Bolivia en Sudamérica, además de México, gran parte de África —donde las pérdidas por garrapatas y enfermedades transmitidas por ellas son muy importantes—, Asia tropical y subtropical, incluyendo India, Pakistán y el sudeste asiático, Australia, especialmente el norte y noreste, y algunas zonas cálidas del sur de Estados Unidos.
Por lo tanto, en mayor o menor medida dependiendo de la región, la garrapata es un problema global para la producción ganadera, pero su impacto es especialmente severo en las zonas tropicales y subtropicales, donde las condiciones de temperatura y humedad favorecen su reproducción durante gran parte del año.
En el caso de las actividades desarrolladas en junio en el marco de este tema, como se da cuenta en la sección de rurales de EL TELEGRAFO, una de las principales líneas estuvo dirigida a los productores de la zona, con la participación de técnicos de la DGSG en las reuniones anuales de pastoreadores organizadas por UPM, realizadas en Guichón y Quebracho, así como en localidades de Soriano, Río Negro, Sarandí del Yí y Santa Clara de Olimar. En esos encuentros se abordaron aspectos vinculados a las buenas prácticas en el uso de garrapaticidas, los tiempos de espera, la prevención de residuos y la importancia de mantener actualizada la Planilla de Control Sanitario.
Se incluyeron además actividades similares en Salto, Tomás Gomensoro y Artigas, donde se profundizaron los mismos contenidos, promoviendo la incorporación de herramientas prácticas para el manejo sanitario de los establecimientos y reforzando la importancia de la prevención como estrategia para enfrentar la garrapata.
No es porque sí que se han intensificado estas actividades en los polos ganaderos de nuestro país, porque estamos ante una realidad que ha cambiado, y para peor, en los últimos años. La garrapata constituye uno de los principales problemas sanitarios y económicos de la ganadería uruguaya. La especie predominante, Rhipicephalus microplus, afecta principalmente al ganado bovino y genera importantes pérdidas por disminución de la productividad, transmisión de enfermedades y mayores costos de control. Los principales impactos implican pérdidas productivas por disminución de la ganancia de peso, menor producción de leche y deterioro de la calidad del cuero, además de la transmisión de enfermedades como la llamada tristeza bovina, causada por babesiosis bovina y anaplasmosis bovina, que pueden provocar alta mortalidad.
La explicación de por qué, lejos de combatirse con éxito, ha recrudecido la incidencia del parásito tiene que ver con la resistencia adquirida a los productos químicos. La causa es el uso repetido e inadecuado de garrapaticidas, lo que ha favorecido la aparición de poblaciones resistentes a varios principios activos, aseguran los técnicos.
Por eso resulta acertado que las autoridades insistan en un enfoque integral. El monitoreo permanente de los rodeos, la correcta utilización de los medicamentos veterinarios, la rotación de principios activos, la realización de pruebas de resistencia, el manejo adecuado de los potreros y la incorporación de genética más resistente forman parte de una estrategia que ha demostrado ser mucho más efectiva que la simple dependencia de los productos químicos.
Es que además estamos ante un impacto económico de peso si tenemos en cuenta que se destinan crecientes recursos a tratamientos, se registra disminución de la producción y se generan restricciones comerciales y mayores costos de manejo.
Precisamente en sus recorridas por las localidades del área ganadera, los técnicos coinciden en señalar que la estrategia más adecuada para combatir el ácaro pasa por un manejo integrado, combinando distintas herramientas con este fin, y no solo por acciones unilaterales que datan de muchos años.
Un factor clave es el uso racional de garrapaticidas, con una aplicación solo cuando sea necesario para retrasar la resistencia generada por el parásito, respetando siempre las dosis y frecuencias indicadas por los profesionales, por cuanto un tratamiento inconcluso o insuficiente solo favorecerá la generación de resistencia.
Asimismo, es importante desarrollar un monitoreo permanente, con una revisión periódica de los animales, complementado con la realización de pruebas para detectar resistencia antes de cambiar el producto que se aplica, además de llevar registros de infestación y tratamientos.
Y no menos importante, debe encararse un manejo del rodeo que necesariamente conlleve separar los animales muy infectados, controlar los ingresos al establecimiento y coordinar acciones con los establecimientos vecinos para prevenir reinfestaciones.
Otra recomendación apunta a la genética, por cuanto es importante incorporar razas o cruzamientos con mayor resistencia natural a la garrapata, como algunas de origen cebuino.
Naturalmente, un detalle clave es poder rotar los potreros tanto como sea posible y reducir la permanencia de animales en áreas con alta infestación.
En Uruguay se ha tomado en serio este reto para una producción que es uno de los pilares de nuestra economía, y ello explica que para el control de la garrapata se haya dispuesto la participación coordinada de productores, veterinarios y organismos públicos como el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, que desarrollan programas de vigilancia, investigación y recomendaciones técnicas. Pero existe un aspecto fundamental: la responsabilidad compartida. La lucha contra la garrapata no puede quedar librada únicamente al esfuerzo individual de cada establecimiento. Un productor que descuida el control sanitario no perjudica solamente a su propio rodeo: favorece la dispersión del parásito y termina afectando a los predios vecinos y, en definitiva, a toda una región productiva. La sanidad animal es, por naturaleza, un bien colectivo que es preciso preservar entre todos.

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