Sadesa, el grupo argentino de la familia Galperín dueño de la curtiembre sanducera Paycueros, profundizó su ajuste en la planta de Esperanza, en Santa Fe, con cerca de quince bajas en 48 horas y una caída de producción superior al 30%.
La empresa propietaria de Paycueros, la curtiembre emblemática de Paysandú, redujo drásticamente su personal en su planta de origen. Se trata del grupo Sadesa, la firma argentina de la familia Galperín que en las últimas semanas profundizó su ajuste en la localidad santafesina de Esperanza, con cerca de quince bajas en apenas 48 horas —que esta vez alcanzaron a jefes, supervisores y operarios— y una caída de la producción superior al 30%.
Un solo dueño, dos plantas en crisis
Paycueros, fundada en 1948 y durante décadas una de las mayores curtiembres de Uruguay, es hoy propiedad prácticamente total de Sadesa. Así lo confirmaron sus propios directivos: los capitales son “100% de Sadesa, que es una empresa de origen argentino con fuertes conexiones internacionales”. El grupo, dirigido por Miguel Galperín —hermano del fundador de Mercado Libre, Marcos Galperín—, es considerado uno de los tres mayores proveedores de cuero del mundo y abastece a marcas como Nike, Adidas, Ralph Lauren y Camper.
El vínculo se forjó durante la expansión de Sadesa, cuando el grupo desarrolló alianzas con curtiembres del rubro como Paycueros en Uruguay y Vernon en Paraguay, hasta incorporarlas plenamente a su estructura. Hoy la planta sanducera es el eslabón uruguayo de una red que incluye fábricas en Argentina, Uruguay, Paraguay, Tailandia y China.
El desplome en Esperanza
En la planta de Esperanza, que durante décadas fue una de las curtidoras más importantes del mundo y llegó a emplear a más de 2.000 personas, la plantilla se redujo a alrededor de 400 trabajadores. El proceso se enmarcó en un Procedimiento Preventivo de Crisis, una herramienta legal argentina que permite a las empresas readecuar sus costos: durante su vigencia, el 70% del salario se abonó bajo modalidad no remunerativa. Los trabajadores denunciaron las medidas como una forma de presión para imponer condiciones a la baja, y advirtieron que un operario con quince años de antigüedad percibe ingresos que no cubren la canasta básica.
La misma película en Paysandú
Paycueros atraviesa su propia crisis, en paralelo y por las mismas causas. En julio de 2025, tras más de dos meses de conflicto sindical y denuncias por despidos, sus directivos comparecieron ante el Parlamento uruguayo. El mensaje fue contundente. “Vemos prácticamente irreversible que hoy, en el contexto mundial, la planta de Paysandú Paycueros pueda terminar la misma cantidad de cueros que antes”, afirmó el director de la curtiembre, Diego Stein, ante la Comisión de Asuntos Laborales del Senado.
El jerarca reconoció que durante años la estrategia fue producir en Uruguay y enviar inventarios a las plantas del grupo en Asia, una dinámica que dejó de ser viable. “Estuvimos sosteniendo la producción hasta finales del año pasado pensando que la situación iba a revertirse, pero hoy no estamos pudiendo vender ese inventario que tenemos allá”, explicó. La conclusión fue tajante: “Terminar cuero en Uruguay, en el mediano plazo, no es una posibilidad. Y aún menos en el corto plazo”.
Según Stein, la planta de terminación seguirá funcionando, pero para abastecer negocios de la región, no ya para los mercados asiáticos.
En total, Paycueros mantiene unos 500 empleados entre todas sus áreas, frente a los 700 que llegó a tener.
Las causas globales del ajuste
Detrás de ambas crisis hay un mismo trasfondo. La demanda mundial de cuero cae de manera sostenida por la reducción de su uso en indumentaria y calzado, el avance de los materiales sintéticos —más baratos y percibidos como más sustentables— y la concentración de la fabricación en Asia y posiblemente Paraguay, donde la mano de obra es más barata y paga menos impuestos, además de contar con mayor permisividad ambiental. A eso se suma una sobrecapacidad instalada en todas las plantas del grupo, que empuja a Sadesa a concentrar y reducir su producción a escala global.
Para Paycueros hay un agravante logístico: como indicó el asesor legal de la empresa, Rodrigo Deleón, en la comisión del Senado, la curtiembre es la única de su porte ubicada al norte del Río Negro, lo que implica mayores costos, ya que los cueros deben transportarse desde frigoríficos de todo el país hasta Paysandú y luego al puerto de Montevideo.

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