La adecuación de la mano de obra al cambiante mundo del mercado laboral es sin dudas uno de los grandes desafíos para cualquier país, y mucho más lo es cuando se trata de Uruguay, que tiene una enseñanza retrasada sustancialmente respecto a la formación para el nuevo escenario, sin hacer hincapié en la formación y la capacitación, al mantener todavía programas de estudios y cursos que ni siquiera servían ya para la década de 1960, con una formación general que era un poco de todo para resultar apenas una base para luego recién capacitarse en serio para el mundo laboral.
A la vez el avance tecnológico, la desaparición de viejos paradigmas, la gradual pérdida de numerosas industrias que se habían sostenido artificialmente en un Uruguay con políticas proteccionistas que cerraban el mercado del país a las importaciones, determinó que con el paso de los años fueran desapareciendo puestos de trabajo y con ellos determinados oficios y/o capacitaciones.
Ergo, fueron quedando decenas de miles de personas con serias dificultades de inserción laboral, desde que sus capacidades y formación no estaba en sintonía con las necesidades de empresas que pretendían sintonizarse con la realidad global.
Un claro ejemplo –y exacerbado– de ello lo tenemos en Paysandú, donde fueron desapareciendo las grandes industrias establecidas a partir de condiciones expresamente dirigidas a crear empleos y vender valor agregado al exterior, pero en el marco de un enfoque proteccionista y en buena medida con subsidios que permitieron disimular durante varios años el desfasaje en tecnología, inversión, logística, hasta que la realidad pudo más que los intentos locales de mantener estos grandes emprendimientos, en tanto el golpe de gracia para numerosos emprendimientos de todo tamaño se dio a través de la creación del Mercosur, en la década de 1990.
En medio de este panorama fue creado el Instituto Nacional de Empleo (Inefop), destinado fundamentalmente a la reconversión de personas desempleadas, en coordinación con empresas demandantes de puestos de trabajo en determinadas áreas. El instituto contó con demanda sostenida, y acentuada sobre todo en períodos de mayor desempleo, como ocurrió durante la pandemia, pero en 2022, con la gradual vuelta a la normalidad, las cifras de capacitaciones financiadas por el instituto siguieron siendo altas.
Sin embargo, de acuerdo a datos proporcionados por el semanario “Búsqueda”, el número de empresas que participaron en los programas de subsidio del instituto estuvo lejos de la expectativa y la meta que se había trazado. Más allá de estos números, el tema genera amplio debate puertas adentro del Inefop sobre cómo mejorar los instrumentos de apoyo y procesos de postulación para que más firmas acudan a efectos de fortalecer su gestión, según reflexionó el director general del instituto, Pablo Darscht.
El citado instituto en realidad administra el Fondo de Reconversión Laboral, al que aportan empleadores y empleados del sector privado y también se nutre de los recursos que a partir de este período de gobierno volvió a volcar el Poder Ejecutivo y que están vinculados al cumplimiento de metas de gestión.
Volviendo a las cifras, surge que en 2022, casi 50.000 personas iniciaron cursos contratados por el Inefop a diversas entidades de capacitación, y en este sentido el jerarca expuso que “estamos muy satisfechos, aumentó mucho la cantidad de personas atendidas. En 2021 fueron 33.000 las personas registradas, en momentos en el que regían restricciones sanitarias por la pandemia y en el que el instituto recibió menos demanda de formación”.
Sin embargo, en 2022, de las 50.000 personas participantes, 22.800 fueron capacitaciones iniciadas por desocupados, un récord al que precisamente alude Darchst, lo que da una pauta del impacto que tuvo en el ámbito laboral la restricción de actividades por la pandemia. Pero dejando de lado períodos específicos de depresión, el tener necesidad de reconversión con estos cursos con participación de las empresas interesadas da la pauta de que hay notorio déficit en la actualización de conocimiento y capacitación con vistas a la inserción en el medio laboral.
Muchas de estas personas evidentemente tienen deficiencias de formación que no les permiten adaptarse a los requerimientos del mundo laboral, por fallas que provienen del sistema educativo. El Inefop, con participación de empresas y el Estado, es apenas un paliativo en este esquema, y por supuesto, nunca ha apuntado a ser una solución ni una respuesta de impacto en este esquema.
Es fundamental sí tenerlo aggiornado, y buscarle mejoras para que sea una herramienta de apoyo a personas que atraviesan una seria problemática de reconversión o han quedado sin su fuente laboral, pero evidentemente el desafío que se plantea –y que se ha tratado de asumir a través de modificaciones en el sistema educativo que se instrumentan a partir de este año– es el de transformar radicalmente el perfil y el contenido de la educación.
Sobre todo, el desbrozarla de determinadas materias y librarla de impartir conocimientos en el caso de orientaciones específicas hacia especialidades y profesiones donde están de más, y que contribuyen a la deserción, a retardar y a veces truncar el estudio para jóvenes que no encuentran respuestas para poder insertarse en el mundo del trabajo, a partir de una edad en la que, con el actual sistema, salen sin la capacitación necesaria para poder hacerlo.