Hay discursos, creencias, que se repiten sin mucha reflexión y no hacen justicia a la realidad; por ejemplo está instalada popularmente la idea de que en nuestro país los cambios son más lentos que en el resto del mundo, que las tecnologías de punta demoran más en llegar, que no hay investigación y desarrollo, que en el interior del país solo hay vacas y algunos que las alimentan, las cuidan y las faenan, llegado el momento. Pero no es así de forma alguna. En muchos aspectos Uruguay ha sido avanzada. En transformaciones sociales, en reconocimiento de derechos, en preservación de la salud y, cómo no, en la generación de energía a partir de fuentes renovables.
El pasado lunes, como ocurre cada 26 de enero, se celebró el Día Internacional de la Energía Limpia. La fecha convoca a la reflexión sobre el rol estratégico de la energía en el desarrollo sostenible. Es también para el país, y así lo destacó en su mensaje alusivo a la fecha el Ministerio de Industria, Energía y Minería, la oportunidad de reafirmar los compromisos asumidos en el marco de la Agenda 2030 de Naciones Unidas y en particular “a través del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 7, que promueve el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todas las personas”. El mensaje también renueva el compromiso de “seguir posicionando a Uruguay como un referente internacional en materia de energías renovables, en el marco de una política energética de Estado que consolide los logros alcanzados, anticipe nuevos escenarios tecnológicos y profundice una transición energética que contribuya al desarrollo sostenible del Uruguay”.
Esto que está ocurriendo aquí en Paysandú, así como en otros proyectos que se desarrollan en simultáneo en el país son parte de eso, del desarrollo sostenible del Uruguay. Eso sí, lo que nunca ha sido es fácil. Las grandes obras del país siempre han debido atravesar discusiones, oposiciones, controversias, protestas, rechazos. No es casualidad que proyectos con muchos años terminaron concretándose bajo gobiernos de facto.
Sin embargo esta última transformación, la de las energías renovables fue fruto de un acuerdo suscrito entre los diferentes partidos políticos, en el transcurso del más largo período democrático de la historia del país, que es el que transcurrimos actualmente. Un mensaje para el mundo, y para nosotros mismos. Somos capaces de discutir y encontrar acuerdos para hacer los cambios que el momento requiere, más allá de diferencias ideológicas y de conceptos.
Según datos presentados por el área de Planificación, Balance y Estadística (PEB) del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), durante 2025 el país alcanzó una matriz de generación eléctrica con un 98% de origen renovable, “lo que es prueba de la consolidación de un modelo energético bajo en emisiones y con altos niveles de seguridad de abastecimiento”, destaca. Agrega que la producción de electricidad entregada al Sistema Interconectado Nacional (SIN) fue de 13.040 GWh en 2025, “un valor 10% menor al registrado en 2024, lo que se asoció principalmente con la variabilidad hidrológica”. En este escenario la hidroelectricidad lideró la matriz de generación con una participación del 46%, seguida por la generación eólica (34%), con un menor aporte aparecen la biomasa (14%) y la solar (4%), mientras que la generación eléctrica a partir de fuentes fósiles representó apenas el 2% del total anual. Además de los argumentos ecológicos también debemos enfatizar en el punto de que Uruguay no produce petróleo, lo tiene que importar, y sacando esa fuente, el resto es energía generada de forma soberana. Pero además en el mismo período el país exportó el 8% de la electricidad generada.
Pero el mismo lunes 26 fue además el Día Mundial de la Educación Ambiental y vaya si es relevante que estos cambios que se están procesando tengan continuidad inculcando la idea de que un mundo mejor es posible en la medida que todos pongamos de nuestra parte lo que esté al alcance detrás de ese objetivo. Una persona, en un pequeño país, en un rincón alejado del mundo no puede tal vez por sí solo hacer un gran cambio, pero ese esfuerzo cuando se convierte en ejemplo puede ser el punto de apoyo para la palanca que mueva el mundo. Queda mucho por hacer, hay objetivos ambiciosos, pero sobre todo hay estrategias que se están desplegando, que a veces quedan “escondidas” detrás de los grandes títulos de las discusiones rimbombantes de nuestros dirigentes y sus disputas personales, que también las hay, por supuesto, forman parte de la idea de democracia. Parte de esta estrategia es, por ejemplo, el plan que está llevando adelante el Banco de la República para financiar proyectos sostenibles. El lanzamiento de esta iniciativa tuvo lugar el año pasado y se extiende hasta fines de febrero. Hasta ahora la institución ha recibido más de 60 proyectos sostenibles por un monto total de 120 millones de dólares.
Se trata de proyectos de inversión que contribuyan al desarrollo económico, social y ambiental de Uruguay. Los proyectos deben alinearse con alguna de las siguientes áreas clave de sostenibilidad: Ambientales, Energías renovables, Eficiencia energética, Prevención, reducción y control de contaminación, Gestión sostenible de los recursos naturales, Movilidad sostenible, Productos y procesos adaptados a la economía circular, Protección y mejora de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos y Adaptación y resiliencia al cambio climático. Los proyectos seleccionados accederán a bonificaciones escalonadas en la tasa de interés (del 1% al 3%), por descuentos en los componentes de prima por riesgo y plazo, así como en el porcentaje máximo de financiamiento por conceder. Para las actividades agropecuarias y las de industria, comercio y servicios, se financiará entre un 90% y un 80%, con bonificaciones en la tasa de entre 65% y 35% de la prima de riesgo y plazo. No es el único instrumento, hay más, en ANDE, en ANII, por ejemplo, pero cabía mencionarlo por novedoso.
Lo otro que ha hecho bien el país es preocuparse por la formación de las personas que tendrán a su cargo la ejecución de estos cambios. Así como se ha transformado la matriz energética han ocurrido cambios en la Universidad de la República, que ha atravesado en proceso de descentralización del que Paysandú ha sido testigo privilegiado, pero también lo ha hecho la UTU, y nació la UTEC, una universidad específicamente dedicada al desarrollo tecnológico y cuyo perfil la ha mostrado como la Universidad del Interior.
Queda mucho por hacer, se vienen desafíos importantes en esta y otras materias, pero en esta área en específico, el país está bien posicionado y tiene con qué dar argumentos y sobre todo puede mostrar un currículum que avala una forma de hacer las cosas. Eso no es nada poco.