Como respuesta a reclamos de sectores productivos clave de nuestro país, sobre todo los de los vinculados al agro, –pero por regla general todos aquellos que integran el cuadro exportador del Uruguay– el ministro de Economía y Finanzas, Ec. Gabriel Oddone, anunció medidas que en su conjunto tienen como primer objetivo subir la cotización del dólar para atender este agudo desfasaje –atraso cambiario, para decirlo claramente– que hace que conjugado con los altos costos internos, la divisa norteamericana rinda poco a la hora de la conversión a pesos.
Previamente, el Banco Central del Uruguay (BCU) bajó en 100 puntos básicos la Tasa de Política Monetaria (TPM), que pasó de 7,5% a 6,5% anual, y su presidente, Guillermo Tolosa, señaló que la institución está lista para realizar intervenciones en el mercado cambiario, si entiende que ello es necesario.
Las decisiones se adoptaron precisamente en un contexto de caída fuerte de la cotización del dólar, con un interbancario que cotizó en $ 37.454, el menor valor desde el 31 de julio de 2023. Esa evolución del tipo de cambio generó alarma en sectores dedicados a la exportación que advirtieron por el deterioro de la competitividad de la producción nacional y reclamaron que el gobierno tomara medidas para mitigar ese impacto negativo.
Pero naturalmente, la explicación que dio un comunicado del BCU al respecto daba cuenta de que no se trata de una medida que apuntara al valor del dólar, sino que la baja de la TPM se dispuso “ante la proyección de desalineamiento de la inflación respecto de la meta y con el objetivo de que las condiciones monetarias contribuyan a que retome su convergencia hacia el 4,5% anual”. Ocurre que en economía no hay componentes que se puedan considerar aislados, y sobre todo en nuestro país es imposible desligar el valor del dólar de la inflación, tanto por su relación directa como por las expectativas que se generan, y el factor cultural que hace que en nuestro país, para resolver sobre moneda constante, se tome el valor del dólar como referente y no la moneda nacional, por más estable que ésta parezca en el período del que se trate.
Horas más tarde el ministro Oddone anunció medidas que sí tienen que ver con el dólar y la competitividad de nuestros productos, por cuanto la idea del secretario de Estado con los correctivos es el de incidir en la suba del tipo de cambio, además de otras iniciativas, algunas de tipo administrativo y otras que requieren aprobación en el Parlamento, y que serán anunciadas en su momento.
Debe tenerse presente que en Uruguay, el dólar en 2025 cayó 11% y en lo que va de 2026 cerca del 4%, –antes del anuncio ministerial– pero esta caída sucede a las que se han ido produciendo a lo largo de varios años y que ha hecho que la inflación en dólares en Uruguay de la última década fuera muy superior a la inflación internacional, lo que se refleja en indicadores del tipo de cambio real (TCR) que dan cuenta de la falta de competitividad de Uruguay y de que es un país caro en dólares. Gracias a eso, comprar en Amazon o Temu nos resulta muy accesible, mientras que producir en Uruguay es imposible.
Las referencias de TCR en Uruguay en relación al promedio histórico indican que se ha reducido frente al dólar en un 25% y frente al euro en un 35%, así como un 45 por ciento frente al real. Estamos hablando de términos reales, que es lo que realmente incide en la comparativa de situaciones en el mediano y largo plazo.
En buen romance, ello habla de encarecimiento del país en la comparativa internacional y por ende se trata de una caída en la competitividad para el sector exportador, como así también para los sectores nacionales que compiten con bienes y servicios que se ofrecen desde el exterior.
Haciendo referencia a estos aspectos, el economista Pablo Rosselli, en el programa En Perspectiva, de Radiomundo, evaluó que “las intervenciones en el mercado de cambios son una herramienta posible. Sabemos que tienen efectos acotados y limitados en el tiempo. En Uruguay, en el pasado, se abusó muchísimo de esa herramienta, con un enfoque de política monetaria que terminó sacrificando el objetivo de inflación”.
Trajo a colación que “el ministro Oddone señaló que el gobierno anticipará la compra de dólares para cubrir sus necesidades de dólares con operaciones de compra a futuro. También señaló que se le está sugiriendo a las empresas públicas que aprovechen el bajo valor del dólar para adquirir divisas, lo que aparece como un complemento a lo resuelto por el Banco Central, sobre todo operar sobre las expectativas de tipo de cambio y pueden tener algún efecto”. Explicó en este sentido que las empresas públicas compran usualmente dólares para su operación porque facturan pesos y parte de sus costos son en dólares, como Ancap y UTE, “pero al final si miramos al Estado en su conjunto tiene déficit, no hay de donde generar una mayor demanda genuina de dólares”.
En el caso de los exportadores, la responsable de asesoría económica de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), María Laura Rodríguez, dijo a El País que evidentemente hay necesidad “de que se tomen este tipo de medidas para evitar un desalineamiento mayor del tipo de cambio”, y destacó que “esta situación, que se agravó en enero, ya se viene arrastrando desde hace tiempo”.
En tanto en los economistas, más allá de la tendencia que se dé en la cotización del dólar en el corto plazo, hay consenso en el sentido de que estamos ante un paliativo ante el tenor del desfasaje en el tipo de cambio y sus consecuencias, pero nada que permita decir que se ha empezado en generar algo sustentable para cambiar este estado de cosas. Sobre todo, porque como hemos señalado en más de una oportunidad, el valor del dólar no es un parámetro aislado que refiere solo a las exportaciones e importaciones, sino que tiene incidencia fundamental en otros parámetros como la inflación, y consecuentemente en el conjunto de la economía.
Lo resume muy bien el economista José Antonio Licandro cuando expresa a El País que “se queda muy corto”, porque se dejan de lado varios costos para el sector exportador, que es el motor de la economía. Mencionó además que se soslaya “lo que se está haciendo con las tarifas energéticas monopólicas, habiendo incrementado sobre el precio de paridad de importación $1,50 para ayudar a Ancap, así como los ajustes tarifarios de UTE por encima de la inflación, lo que hace que estos costos también presionen sobre los exportadores”.
A ello se agrega que la discusión no debería tanto estar centrada en el valor del dólar, “sino en la falta de flexibilidad de los costos domésticos (el impacto de la inflación en las pautas salariales, el aumento de tarifas, rigideces en no transables, entre otros factores)”, porque como decíamos, no se pueden aislar parámetros en la economía, donde todo tiene que ver con todo.
Y como sosteníamos en reciente comentario en esta página editorial, teniendo en cuenta la rigidez y el escaso margen de maniobra en nuestra economía, que es un paquete atado con un hilo muy fino, no se puede “toquetear” un parámetro –sobre todo el tipo de cambio– sin generar repercusiones diversas en todo el tramado.
Tras decisiones como las de las últimas horas debe esperarse por lo tanto que tras un pequeño impacto inicial, difícilmente pueda siquiera atisbarse un cambio de rumbo, porque el reacomodamiento no se hará esperar, tras un correctivo artificial que deja intactas las deficiencias estructurales del país.