Escribe: Lic. Psico. Yasmín Buono: El lenguaje silencioso de la transformación interior

Hay momentos en la vida, donde nada externo parece justificar lo que sentimos. El trabajo sigue ahí, los vínculos también, la rutina se cumple con normalidad; sin embargo parece que algo profundo se ha desacomodado. Por momentos no es una caída estruendosa, no es un colapso visible, más bien es una sensación íntima y persistente: como si algo dijera no es acá donde quiero estar.

Hay personas que podrían pensar: “no sé lo que me pasa, pero así no puedo seguir”. No siempre se está deprimido en el sentido patológico o atravesando una crisis más puntual.

Muchas veces, estimado lector, se está viviendo algo más difícil de poner en palabras: un deseo de evolución interna que ya no encaja con la vida que se construyó para salir adelante y sobrevivir.

Cuando la vida pide más coherencia

Lo que resulta difícil nombrar, podría ser en varios casos, el resultado de haber postergado durante años una verdad interna: un llamado, una vocación por ejemplo, una decisión no tomada por miedo. Por esa postergación, el cuerpo se cansa, la motivación se apaga, el entusiasmo se vuelve inauténtico. No es por falta de gratitud sino por traición a uno mismo.
En esa situación puede aparecer ansiedad, irritabilidad, insomnio.
Pero debajo, hay una pregunta existencial: ¿para quién estoy viviendo esta vida? Si te sentís identificado con este artículo, te invito a volver a leer y responder con total honestidad a la pregunta anterior.

Un caso que muchas veces se repite

Hombre, 42 años, exitoso en su profesión, con toda su vida en “orden”. Llegó a mí con una sensación de ahogo diciendo: “no me falta nada, y eso me hace sentir culpable por sentirme mal”. No quería romper con todo, pero tampoco podía seguir igual, internamente sentía la necesidad de un cambio. El conflicto no era externo: era una desconexión profunda entre lo que hacía y lo que necesitaba y deseaba ser.
El trabajo con un profesional, en algunos casos no es el cambio desde cero, sino permitir en un proceso cuidado, la escucha sin juzgar. Poner palabras donde a veces, solo hay culpa.
Entender que el cambio no es huir y que seguir sosteniendo lo insostenible, enferma.
No siempre hay que romper, peró sí escucharse
En varios artículos he desarrollado lo que premia la cultura actual y hoy en esta entrega menciono: la estabilidad. ¿A qué costo por sostener una cierta estabilidad no sentimos todo lo que realmente deseamos y colocamos máscaras?

Viktor Frankl, el creador del libro El hombre en busca de sentido, advertía que cuando el sentido del hombre se pierde, el malestar aparece aun cuando todo parezca estar bien. Y cuando el hombre tiene un verdadero sentido y lo persigue, encuentra cómo llevarlo adelante.
Escucharse no desde las decisiones impulsivas, sino desde la honestidad emocional e intelectual. A veces sí, el cambio es externo, otras, profundamente interno. Pero ignorar esa voz suele tener un costo silencioso: una vida vivida en automático.

Atreverse a comenzar

No siempre se trata de destruir lo construido. A veces se trata de pequeños cambios que contengan más verdad y estén alineados con el propósito de vida.
Seguir donde una persona ya no quiere estar es una forma de apagarse. Porque en muchos casos, el mayor acto de salud mental no es resistir más o ir contra la corriente, sino animarse a vivir con mayor fidelidad a nuestra verdad interior. ( 097352937)