A través del territorio nacional, en forma tan silenciosa como efectiva, una plaga arrasa con todas las palmeras que encuentra a su paso: el picudo rojo (Rynchophorus ferrugineus). Si bien su principal hospedante es la palmera canaria, se ha encontrado atacando otras especies, incluyendo Butiá y Pindó.
Mientras tanto, Uruguay se encuentra ocupado con los temas que habitualmente se discuten en nuestro país: la creación del Ministerio de Justicia, el caso Cardama, el desempeño de la selección uruguaya de cara a la Copa Mundial del Fútbol de este año, y tantos otros temas que ayudan a entender por qué los gobernantes romanos decían que al pueblo había que darle “pan y circo”. Eso es lo que hicieron los políticos romanos pero es también los que hacen sus colegas uruguayos: distraer a la gente de los temas importantes mientras ellos viven del pueblo, cobran sueldos abultados y ponen a sus amigos y militantes en puestos de confianza.
La información publicada por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (Mgap) en diciembre de 2025 en la página web www.gub.uy es una muestra irrefutable de la improvisación con la cual se manejan los temas en nuestro país, así como de la costumbre de culpabilizar al gobierno anterior de cualquier situación, evitando asumir cualquier tipo de responsabilidad por la gestión actual.
En efecto, el portal señalado indica que “Dada la poca experiencia generada debido a su reciente introducción en 2022, la severidad del daño y el impacto que pueda llegar a tener en las especies nativas es aún incierto. La información pública con que se cuenta sobre la biología y comportamiento del insecto a nivel nacional es muy reducida. En principio, los adultos se han empezado a observar a inicios de primavera siendo su máxima expresión hacia finales de otoño. Se desconoce claramente cuándo inician las posturas de huevos y hasta qué momento del año se continúan, proceso que en los insectos está fuertemente ligado a la temperatura. En la palmera canaria los estados inmaduros de la plaga penetran por la única yema de crecimiento, ubicada en la cima de la palmera. Su detección temprana es dificultosa, por lo que cuando los síntomas son claramente visibles, muchas veces, es demasiado tarde para realizar el control químico con insecticidas, siendo que no resulta efectivo y la palmera finalmente muere”.
La información del MGAP destaca, asimismo, lo siguiente: En el caso que no se tomen medidas de prevención o control, o se tomen tarde, la plaga termina matando a la palmera infestada.
Esto implica que tarde o temprano la palmera tenga que ser extraída ante el riesgo de provocar accidentes. Una vez definido que el daño es irreversible se debería realizar la extracción, chipeado de hojas, trozado, y destrucción o enterrado de los restos para evitar que la plaga siga desarrollándose e infeste a otros ejemplares. La responsabilidad de la ejecución de las medidas fitosanitarias será de las autoridades locales según la localización del ejemplar afectado según se detalla a continuación: a) las Intendencias en el ornato público; b) los organismos del Estado afectados, en predios estatales (gobierno nacional, entes autónomos, organismos descentralizados, Anep u otros); c) el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) en las rutas nacionales y caminos vecinales y d) los propietarios/as de las fincas urbanas o rurales. Las medidas serán ejecutadas a su costo, sin que esto genere indemnización por parte del Estado”.
El picudo rojo no es nuevo. En efecto, la especie fue detectada por primera vez en España en el año 1994 en la provincia de Granada (donde se introdujo con la importación de palmeras ornamentales infestadas por la especie desde el Norte de África) y posteriormente ha ido apareciendo por otras zonas, a lo largo de las áreas de palmeras del sur y este de la Península y en Canarias. Las perspectivas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España son muy poco alentadoras: “Las principales dificultades en cuanto al control de este insecto son: La tolerancia de la especie a temperaturas relativamente bajas, la dificultad que existe para detectar a los ejemplares y la dificultad para llevar a cabo un seguimiento en las palmeras en recintos privados. Teniendo en cuenta la dificultad para la detección de la especie, su control es difícil y costoso”.
Todo lo anterior deja en evidencia que han pasado más de 30 años desde que España estaba en alerta por esta plaga pero los gobiernos del Partido Colorado, del Frente Amplio y del Partido Nacional que han gobernado desde esa fecha no hicieron nada al respecto. En algunos círculos se menciona que el picudo rojo ha llegado a Uruguay en importaciones de palmeras de Brasil o México (una actividad comercial que mueve muchísimo dinero en nuestro país) pero tampoco en este sentido las autoridades de los gobiernos de Lacalle Pou y de Orsi han investigado demasiado. Todo muy llamativo, aunque todo muy “a la uruguaya”: las responsabilidades se van disolviendo poco a poco y el paso del tiempo termina siendo el mejor cómplice que tienen los culpables, siempre apoyados por jueces y fiscales temerosos de aplicar la ley vigente por miedo a la que la opinión pública los culpe por ello. Así estamos.
Ante la desidia oficial, la organización civil uruguaya se ha organizado. De acuerdo con la página web www.picudorojouruguay.com se han realizado 781 reportes de ciudadanos que identificaron palmeras con señales de estar infectadas y se han producido 65.106 registros de palmeras provenientes de organizaciones públicas y privadas. De acuerdo con este portal, “Picudo Rojo Uruguay es una iniciativa de monitoreo colaborativo para la detección y control de plagas en palmeras. Tu participación es fundamental para proteger nuestro patrimonio natural. Somos un equipo de profesionales voluntarios comprometidos con la protección de las palmeras en Uruguay. Cada miembro aporta su experiencia y dedicación para hacer posible este proyecto de monitoreo ciudadano”. De acuerdo con lo informado oportunamente por el diario El Pais, al 10/03/26 la Intendencia de Montevideo había retirado 1.200 palmeras de los espacios públicos por la afectación de la plaga.
La incapacidad de los gobiernos de Lacalle Pou y de Orsi para prevenir esta plaga y para combatirla una vez que la misma llegó a nuestro país, es un cruel reflejo de cómo los políticos uruguayos manejan (¿o debemos decir “patean para adelante”?) los temas realmente importantes (inseguridad, déficit fiscal, demografía, suicidio, seguridad social, pobreza infantil, entre otros tantos) sin lograr acuerdos mínimos para diseñar, aprobar y ejecutar políticas de estado. Frente a este panorama, el picudo rojo sigue avanzando y basta con transitar las rutas de nuestro país para ver palmeras cortadas en su copa por haber muerto por esta plaga. Esta pérdida de árboles terminará afectando el turismo sanducero en general y el turismo rural en particular, ya que los mismos forman parte esencial del paisaje de nuestro departamento. El momento de actuar y de reforzar las acciones que se pudieran estar realizando es ahora y en eso las autoridades publicas no pueden complacientes, omisas o negligentes.