Desde su creación, en el año 1971, el Frente Amplio se ha presentado frente a los uruguayos y al mundo en general como una fuerza política preocupada (y ocupada) en la defensa de los derechos humanos tanto en nuestro país como en el extranjero. Esta postura, sin lugar a dudas respetable, ha sido siempre hemipléjica ya que no incluye ni a todos los uruguayos ni tampoco a quienes no poseen tal nacionalidad; muy por el contrario, se trata de derechos humanos selectivos, que no son merecidos ni defendidos para todo el mundo sino únicamente para quienes son afines a la izquierda. A lo largo de la historia, el Frente Amplio ha dado muchos ejemplos sobre esa visión unilateral de algo tan esencial a la condición humana, incluyendo regímenes autoritarios del pasado como el de Unión Soviética, Cuba, Corea del Norte o China a los más cercanos en el tiempo como Venezuela, Bolivia o Nicaragua por nombrar tan solo algunos. Como para muestra basta un botón, es bueno recordar que el “Che” Guevara fue un homófobo que persiguió, condenó y encarceló a los homosexuales cubanos en los campos llamados “de rehabilitación”, como también lo eran los que existieron en la Alemania nazi o en la Unión Soviética. Incluso el escritor y político cubano José Martí (siempre invocado por la revolución cubana y el cual posee su propia plaza en la costanera sanducera, cerca del llamado parador “Zona B”), identificaba al “homosexual con un ser afeminado incapaz de construir una nación y lo definía como un inservible detritus del materialismo moderno”. Para Martí, Fidel Castro y Guevara el homosexualismo era un signo de “decadencia burguesa” y de debilidad. El propio Fidel Castro lo expresó con la misma claridad que Martí: “Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permita considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero comunista. Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista”.
Parafraseando al renunciante exvicepresidente Raúl Sendic, “si es de izquierda no viola los derechos humanos y si viola los derechos humanos, no es de izquierda”. En nuestro país, la visión del Frente Amplio sobre los derechos humanos es tan maniqueísta que asusta: tienen más derechos los delincuentes que las personas honestas, los jubilados tupamaros con jubilaciones hereditarias mucho más elevadas que las de cualquier jubilado “del montón”, el uso abusivo de la denominada “ideología de género”, y por supuesto los que violan las leyes más que los policías que se juegan la vida por un sueldo miserable. Sin embargo, el Frente Amplio dista mucho de ser una fuerza uniforme porque está conformado por distintos partidos e ideologías, –obviamente todos de izquierda –pero con gruesas rivalidades internas. Por otra parte, en su afán de seguir sumando votos en las últimas décadas la izquierda –tanto en Uruguay como en buena parte de los países occidentales–se ha embanderado con las causas feministas y de género, lo que a todas luces es absurdo si consideramos las referencias históricas enumeradas, pero que muy bien supieron disimular ante las nuevas generaciones que se identificaron en movimientos “woke”. A su vez, el propio movimiento LGBTQ+ es un rejunte de muchas minorías que muchas veces tienen más diferencias que puntos en común.
Así las cosas, no deberían resultar llamativas las increíbles expresiones de la titular de la Secretaría de Derechos Humanos, Colette Spinetti, contra el ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila y contra el subsecretario de esa cartela, Federico Graña. Spinetti, una destacada activista Lgbtiq+ dijo en audio grabado antes de asumiera el actual gobierno nacional lo siguiente: “Hablando de todo un poco, me pasan ahora del interior que al Mides iría Civila de ministro y otra vez el puto de Federico Graña, que iría de subsecretario. No puedo creer, otra vez los machirulitos gay ahí”. De acuerdo con Montevideo Portal, en setiembre del año pasado, la titular de la Secretaría de Derechos Humanos fue expulsada del sector PAIS (Participación, Acción e Integración Social), que le retiró su apoyo después de asumir su nuevo cargo en Presidencia. De acuerdo con la misiva publicada por el diario El País, el motivo de la expulsión responde a que tienen “amplias diferencias” con “algunas decisiones políticas tomadas” por Spinetti desde su asunción. Asimismo, manifiestan que PAIS “no propuso, ni expresó opinión respecto al cargo que le fuera adjudicado”. “Por lo expuesto, queremos dar cuenta que la profesora Collette Spinetti no nos representa y estamos retirándole nuestro apoyo y confianza política”.
Como si lo anterior fuera poco, un nuevo audio protagonizado por Nicolle Spinetti se difundió en la prensa. En el mismo, durante una reunión con sus funcionarios, la jerarca expresa que “yo acá soy la jerarca y ustedes son los trabajadores”, dando muestra de un autoritarismo que poco tiene que ver con el Frente Amplio que se “golpea la boca” diciendo a los cuatro vientos que defiende a los trabajadores y a sus intereses. Asimismo, les expresó a sus subordinados lo siguiente: “Acá venimos a trabajar. Acá nadie es mi amigo. ¿Estamos de acuerdo? Como me dicen en el piso 11, acá hay mucho cacique y poco indio”. En la conversación, Spinetti menciona a Tomás Bertón, activista Lgbtiq+ que fue pareja de dicha jerarca y además es su adjunto al decir: “por decisión en conjunto con piso 11, Tomas es mi adjunto. Si yo no puedo decidir algo porque estoy en una reunión, Tomás…” ordenó la jerarca mientras golpeaba la mesa. Yo no voy a arriesgar mi lugar por nadie. A mí nadie me regaló esto. A mí me lo dieron por una conversación que en agosto tuve con el ‘Pacha’ (en referencia al secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez). (…) Yo no voy a arriesgar este lugar”. En su perfil personal de la red social Instagram, Spinetti se define como “Trans, transfeminista, militante por los DDHH, profa d literatura, profa d danza, Secretaria de DDHH de Presidencia de la República”. Resulta increíblemente llamativo y cínico que alguien que, como Coletti, se define como “trans” trate de discriminar por motivos sexuales a Civila y Graña señalándolos como “gays” y “machirulos”. En casa de herrero, cuchillo de palo.
Por otra parte, también es grave la confesión sobre la asignación de su cargo, que deja claro que fue a dedo y solicitado por ella más que por su idoneidad.
A los efectos de evaluar la gravedad de las expresiones de Colette, es importante tener en cuenta que, de acuerdo con la página web de la Secretaria de Derechos Humanos que ella misma dirige, entre los cometidos de dicha repartición se encuentra “promover, como órgano rector del Poder Ejecutivo, la incorporación de una perspectiva de derechos humanos en las políticas públicas, cumpliendo las funciones de promoción, diseño y coordinación, así como su seguimiento y evaluación”. Asimismo, otro cometido de dicho organismo es “asumir una perspectiva de derechos humanos implica el compromiso con la construcción de una sociedad de iguales en la que todos nos comprometemos no solo a respetar a los otros sino además a ser solidarios, para que cada uno pueda alcanzar con plena autonomía su lugar en el colectivo”.
Los audios de Colette dejan en claro que no es la persona indicada para estar al frente de un organismo de tanta importancia como la Secretaría de Derechos Humanos y mucho menos tratándose de una repartición que forma parte de la Presidencia de la República. Así las cosas, queda claro que el mejor aporte que Coletti puede realizar a los derechos humanos de nuestro país sería presentar su renuncia indeclinable de forma inmediata.