Las idas y venidas en aranceles dificultan previsiones en economía

De acuerdo a cifras del Banco Mundial, las previsiones de crecimiento de la economía mundial y de América Latina para 2025 son idénticas –del orden del 2,3 por ciento– pero estos guarismos se sustentan sobre varias incógnitas en variables que pueden cambiar de un momento a otro, ante la inestabilidad generada fundamentalmente por las políticas arancelarias del presidente de Estados Unidos Donald Trump.
Para empezar, el organismo internacional considera que el aumento de los aranceles estadounidenses pasa factura al crecimiento de la economía mundial y la de América Latina, que progresarán ambas el mencionado 2,3% este año, menos de lo previsto en enero último.
Más precisamente, a nivel global es 0,4 puntos porcentuales (pp) menos que lo anticipado en enero y en América Latina y el Caribe 0,2 pp menos, añade la organización financiera en su informe sobre las perspectivas económicas mundiales, en tanto en lo que refiere a Uruguay nuestro país se ubica en la media de las previsiones, dado que prevé un incremento del 2,3 por ciento en la economía en 2025.

“Hace sólo seis meses, parecía vislumbrarse un aterrizaje suave” para la economía mundial, pero “ahora parece encaminarse hacia nuevas turbulencias”, advirtió el economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, citado en un comunicado.
“Si no se corrige la trayectoria, las consecuencias para los niveles de vida podrían ser profundas”, añadió, a la vez que el organismo especula con que en el 2026 el crecimiento en América Latina se estabilizará en 2,5%. El punto sobre el que no hay dos opiniones es que los efectos del aumento de los aranceles del presidente estadounidense Donald Trump y la guerra comercial entre Washington y Pekín puede provocar una desaceleración del comercio mundial.
Aunque el Banco Mundial descarta el riesgo de recesión este año, entiende que “si se materializan las previsiones para los próximos dos años”, la economía mundial experimentará en la década de 2020 su crecimiento medio más débil desde los años 1960. En este contexto, en América Latina la demanda interna resiste, pero las exportaciones se debilitarán “en medio del creciente proteccionismo comercial y la incertidumbre política”, sostiene el informe.

Pero además, debe tenerse en cuenta cual ha sido la evolución de los acontecimientos: tras un primer momento en el que Trump se paró firme bandiendo la espada de la amenaza arancelaria hacia todos lados, haciendo hincapié en trancar a China mediante aranceles de más del 100 por ciento, con el paso de los meses ha ido moderando estos porcentajes y negociando de a uno con sus socios comerciales, obteniendo algunas ventajas respecto a la situación anterior y moderando o reevaluando porcentajes de acuerdo a su talante, por lo que sigue reinando la incertidumbre respecto a cuál será el punto de equilibrio, y consecuentemente, de la afectación real sobre el comercio mundial en un plazo prudencial.

Pero hasta ahora es una realidad que el aumento de las barreras comerciales impacta indirectamente a toda la región, sumado a la caída prevista de los precios de las materias primas, porque pese a que la región en general ha sufrido los menores aumentos de aranceles de la Administración Trump, tenemos que en América Latina el país más afectado es México, la segunda economía regional, que crecerá sólo 0,2% este año (-1,3 pp) y 1,5% en 2026.

Washington impuso a México un 25% de aranceles sobre las importaciones no incluidas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (T-MEC), del que también forman parte Estados Unidos y Canadá. “Esto ha debilitado las exportaciones de México” y ha generado incertidumbre en un país que envió a Estados Unidos el 80% de sus mercancías exportadas en 2024, de las cuales aproximadamente la mitad no cumplían con el T-MEC”, afirma el Banco Mundial.
Además, la institución prevé que las tasas de interés altas hagan caer la demanda interna en México, y en lo que refiere a Brasil, la previsión para el país sube 0,2 pp hasta 2,4% en 2025, pero es muy inferior al 3,4% de 2024. En este caso se debe a un consumo más bajo y un crecimiento mucho más débil de la inversión.

El caso argentino presenta contradicciones, porque el gobierno de Milei por un lado ha puesto como prioridad contener la inflación, y el Banco Mundial destaca después de dos años de recesión el crecimiento económico previsto en Argentina, de 5,5% este año (+0,5 pp) y 4,5% el que viene.
El organismo internacional señala que la recuperación en Argentina se deberá sobre todo a la agricultura, los sectores de energía y la minería y se apoyará en “la estabilización macroeconómica, la eliminación de controles cambiarios y nuevas reformas favorables a los negocios, que deberían mejorar la confianza de los consumidores e inversores”.
Para otros países los datos son los siguientes: estima que este año Colombia crezca 2,5%, Chile 2,1%, Perú 2,9%, Bolivia 1,2%, Costa Rica 3,5%, República Dominicana 4%, Ecuador 1,9%, El Salvador 2,2%, Guatemala 3,5%, Honduras 2,8%, Nicaragua 3,4%, Panamá 3,5%, Paraguay 3,7% y Uruguay 2,3%.
Pero previsiones son solo eso, previsiones, y éstas están expuestas a varios riesgos, como una caída del crecimiento en Estados Unidos, con un posible efecto dominó en otras economías, o en China, socio comercial clave de muchos países sudamericanos.
Es que el escenario nunca puede darse por definitivo con Trump: por ejemplo, la semana anterior, el presidente de Estados Unidos firmó una orden ejecutiva que duplica los aranceles a las importaciones de acero y aluminio del 25% al 50%.

La medida, que entra en vigor esta semana, aumenta los impuestos a la importación de estos metales –insumos clave para todo tipo de productos, desde automóviles hasta alimentos enlatados– por segunda vez desde marzo, pero el mandatario argumenta que la medida busca asegurar el futuro de la industria siderúrgica estadounidense.
Sin embargo, los críticos afirman que estos aranceles podrían causar estragos en los productores de acero fuera de Estados Unidos, provocar represalias de los socios comerciales de Washington y tener un costo muy alto para los usuarios de estos metales. Además, siempre está de por medio cuáles son las reales intenciones de Trump, y la sostenibilidad de las medidas que aplique: “La cuestión siempre con Trump es: ¿es una táctica o un plan a largo plazo?”, se preguntó al respecto Rick Huether, director ejecutivo de Independent Can Co., una empresa con sede en Maryland que importa acero de Europa y lo transforma en latas decorativas para galletas, cajas de palomitas y otros productos.

En un mitin el viernes en una fábrica de acero, Trump afirmó que quería elevar los aranceles tanto que las empresas estadounidenses no tuvieran otra alternativa que comprar a proveedores estadounidenses.
Pero la cosa no es tan fácil: la decisión de Trump de imponer, y luego retirar, aranceles de tres dígitos a los productos chinos durante el mes pasado demostró el poder y el alcance global de la política comercial estadounidense, aunque también dejó en evidencia las limitaciones del enfoque agresivo de Trump, que provienen precisamente de las propias condiciones en que se desenvuelve su economía interna, altamente dependiente de insumos importados para su desenvolvimiento.

Es que en un mundo globalizado no es gratis patear los tarros mediante la aplicación indiscriminada de aranceles, porque lo que se hace se asemeja a sacar una lata de arvejas de abajo de una pirámide en un supermercado, amenazando con un derrumbe total.
Ocurre que al final, los aranceles afectaron demasiado a las empresas estadounidenses como para que Trump pudiera mantenerlos, y hay muchas definiciones que todavía están por verse. Tantas, que las previsiones del Banco Mundial podrían ser desmentidas en un abrir y cerrar de ojos ante este escenario impredecible.