Caminería a tono con el desafío de apuntalar el Uruguay productivo

A partir de la situación planteada por recurrentes y copiosas lluvias en la región, que en el caso de varias zonas de nuestro país ha llegado incluso a que lloviera en uno o dos meses la mitad de lo que indican las estadísticas para todo el año, ha quedado de manifiesto una vez más la vulnerabilidad de las vías de transporte desde el interior profundo hacia las rutas nacionales y vías de salida de la producción agrícola fundamentalmente, que impacta sobre todo en tiempos de cosecha, pero que también tiene serias consecuencias en la producción a lo largo del año.
Esta vulnerabilidad obedece a las características de estas vías de conexión, que son utilizadas tanto para la producción como para la comunicación de los vecinos, e implica una seria limitación para los involucrados, tanto productores, como empresas, vecinos, intendencias y municipios, además del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, socios pero también con conflictos de intereses y distintas responsabilidades en la problemática.
No es un problema nuevo en el Uruguay, sino que por el contrario, se viene arrastrando desde el principio de los tiempos y este es precisamente el nudo de la cuestión, por cuanto pasan los años y los sucesivos gobiernos y no hay quien le ponga el cascabel al gato, que en este caso sería dotar a la caminería de un tratamiento adecuado a las necesidades, con un pavimento firme que se adapte a las condiciones de lluvias recurrentes y con puentes y alcantarillas a salvo de anegamientos.
Con el advenimiento del fenómeno de El Niño y sus intensas y frecuentes lluvias, esta vulnerabilidad ha puesto al desnudo y potenciado estas deficiencias de la manera más cruda, y en el caso de Paysandú el detonante reciente fue el uso de la caminería por camiones que transportaban troncos hacia UPM, con la consecuente afectación en el camino ante intensas lluvias, lo que motivó una airada reacción del intendente Nicolás Olivera, quien trajo a colación que hay una normativa departamental que regula que estos caminos no pueden ser transitados por camiones u otros vehículos pesados hasta determinado tiempo con posterioridad a lluvias de intensidad.
Se ha generado así un desencuentro con transportistas y la empresa, así como reacciones de las últimas horas de gremiales de transportistas, en un reflejo de la complejidad de la problemática, que expone que el nudo gordiano es la limitación de recursos materiales para realmente encarar tratamientos duraderos en la caminería interna, sobre todo en áreas cruciales para la producción.
El hecho de que estemos en medio de la cosecha de soja es un factor distorsionante agregado, porque la oleaginosa no espera y cuando llega el momento de sacar la producción hay que hacerlo sí o sí, porque es el momento de transportarla a los silos, porque se pudre y generas pérdidas millonarias para el productor.
De ahí la justificada reacción de productores y camioneros cuando se realizaron inspecciones y aplicaron multas en caminos vecinales cuando se trataba de trasladar la cosecha, lo que dio lugar a la vez a conflictos que motivaron la convocatoria por el intendente Olivera a productores y empresas a efectos de aunar criterios para el uso de estas vías internas.
“Estamos en una situación de agobio, de crisis, porque el principal enemigo que podemos tener en la caminería, que es la lluvia, nos ha golpeado duro en los últimos meses: cayeron 1.740 milímetros entre octubre y abril. No hay forma de resolver eso cuando el clima se pone así; esta realidad no es exclusiva de Paysandú, sino que es de todo el país” dijo el intendente Olivera en una sala colmada por directores, todos los alcaldes (a excepción del de Porvenir) y representantes de las empresas afectadas por la situación.
Señaló que “hay que dejar claro que hay ‘situaciones y situaciones’; está todo lo vinculado a la realidad productiva de las materias primas perecederas o a procesos de extracción de esa producción que no pueden esperar, pues son perentorios los plazos para sacar granos y si no llegamos a tiempo termina siendo una zafra mala. Ahí está la lechería y la agricultura, por ejemplo, no así otros sectores que sí manejan producciones copiosas con volúmenes grandes de materia prima que no necesariamente están sujetos a estos ciclos más perecederos”.
“Hay sectores de la producción departamental, fundamentalmente el forestal, que no tiene por qué salir un día cargado si hay lluvia. Pueden esperar perfectamente en sus acopios, en sus campos; tienen una enorme red de caminería interna por la cual transitar y los días de lluvia hay una norma que indica que no pueden circular”, mencionó señalando que hay un grado de responsabilidad en el sector forestal por esta situación.
“En segundo orden, hemos acordado no usar la caminería en los días de lluvia, salvo que por cualquier situación excepcional, en tiempo donde no llueve se esté cosechando y que esa cosecha tenga que salir y que empiece a llover, esa producción podrá salir, pero siempre apelando al sentido común. Definiremos qué caminos serán los que se van a utilizar a tales fines; a algunos quizá los deberemos atender con más celo y a otros con menos”, remarcó Olivera.
Luego de la instancia se generó una mesa para acordar qué caminos serán prioritarios para transitar, a la vez que el jefe comunal destacó que “los recursos que pueda brindarnos el Poder Ejecutivo son bienvenidos; además, la situación de emergencia nos habilita a recurrir a procesos de contratación más rápidos. Trataremos entre todos de superar esta difícil situación”, aspectos estos que en esencia son compartidos por la dirigencia de Catgadu (Cámara de Autotransporte Terrestre de Granos y Afines del Uruguay), aunque con discrepancias por la ITCP (Intergremial de Transporte Internacional de Carga Terrestre del Uruguay.
El punto es que es delirante que se deban esperar días para sacar una cosecha, para poder entrar con el camión y sacar los granos, con el riego de perder un año entero de trabajo, de la riqueza vital del país, y lo que se necesita es buscarle la vuelta para contar con caminos que resulten transitables todo el año, porque no podemos seguir en la misma situación de hace décadas, cuando un camión pasaba ocasionalmente por la zona con la producción.
Hace ya varios años durante anteriores gobiernos nacionales se hizo un exhaustivo relevamiento de todas las rutas y caminos secundarios del país, su estado y el tránsito que soportan y se sugirió que muchos de ellos necesitan ser pavimentados con bitumen y en algún caso con materiales incluso de mayor calidad. Hacia eso se debe apuntar, avanzando en este sentido año a año para ir dándoles solución definitiva a los problemas, sin dejar de hacer el mantenimiento correspondiente al resto de la caminería. Un año sin hacer nada es demasiado tiempo perdido, y ya llevamos décadas.
Por ahora el gobierno nacional dio una señal con la reciente declaratoria de emergencia nacional para la caminería y la consecuente afectación de recursos para atender la situación coyuntural, pero lo que se requiere son respuestas de fondo, enmarcadas en políticas de Estado, con participación multisectorial en lo que refiere a los aportes para generar la masa de recursos que se requiere para atender de manera efectiva la logística de la producción, con vías de acceso que no sean una rémora para los productores, para la conectividad de los vecinos y los sectores reales de la economía vinculados a la problemática del agro, espina dorsal de nuestra economía.