En lo que va del año, se han registrado 12 casos de dengue en Uruguay. De ellos, dos son autóctonos —uno en Montevideo y otro en Paysandú— y el resto, importados, principalmente desde Brasil, según datos de la Unidad de Zoonosis y Vectores del Ministerio de Salud Pública, actualizados hasta el pasado lunes 21.
Según la misma fuente, la actividad del Aedes aegypti comenzó a incrementarse, como ocurre habitualmente en esta época, en todas las regiones del país que están siendo estudiadas (norte, centro y sur). Es en la región norte donde la actividad comienza antes o no se interrumpe completamente durante el invierno, siendo además de mayor magnitud. “En general, el comportamiento del vector se mantiene dentro de los parámetros esperados para la época, según los datos históricos disponibles, excepto en el departamento de Flores. En este departamento se evidencia una densidad significativamente mayor que la temporada pasada”, señala el informe más reciente de la mencionada unidad del MSP.
A su vez, se informó que, a nivel nacional, los indicadores entomológicos se están aproximando a su período de mayor magnitud, por lo que se sugiere reforzar especialmente la vigilancia de los casos de arbovirosis importados que puedan generar un brote autóctono.
En lo que respecta a Paysandú, el caso autóctono se confirmó durante la Semana de Turismo. Por ello, conforme a lo establecido, las autoridades sanitarias activaron los protocolos correspondientes, intervinieron en la zona y trabajaron en la detección de posibles criaderos de mosquitos.
La aparición de casos de dengue autóctono se produce en un contexto en el que el Ministerio de Salud Pública ha venido advirtiendo y reportando regularmente sobre la situación de la enfermedad. Además, la prolongación del clima cálido durante este otoño genera condiciones propicias para la reproducción del Aedes aegypti, lo que incrementa el riesgo de transmisión del virus entre la población uruguaya.
El dengue es una enfermedad que puede volverse grave y ante la cual no hay mucho margen de acción más allá de monitorear la evolución del paciente. Por eso, la aparición de casos locales genera preocupación entre las autoridades sanitarias, que buscan evitar la multiplicación de casos y preservar en la medida de lo posible el buen estado de la salud pública.
Sin embargo, el mosquito transmisor de la enfermedad está muy presente y su control requiere mucho más que la fumigación en los barrios —tarea que debe realizarse de manera continua por parte de la Intendencia— o los controles larvarios a cargo del MSP. Se necesita, fundamentalmente, el compromiso de la población para cortar el ciclo reproductivo del vector mediante la eliminación de objetos que puedan acumular agua en los hogares.
La situación de Uruguay no es aislada. Por el contrario, estamos inmersos en un contexto regional altamente preocupante en lo que respecta a enfermedades transmitidas por mosquitos, que representan un problema grave para el Cono Sur. En este sentido, cabe señalar que esta es la región del continente americano más afectada por el dengue.
De acuerdo con las estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) al 31 de marzo, América del Norte reportaba 232 casos de dengue; Centroamérica y México, 60.171; la región andina, 111.168; el Caribe latino, 1.777; el Caribe no latino, 9.979 casos; y finalmente, el Cono Sur (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile) encabezaba la lista con un total cercano a los 2 millones de personas afectadas (1.890.980 casos) en lo que va de 2025.
Por otra parte, la OPS ha emitido una nueva alerta epidemiológica ante el aumento de casos de fiebre amarilla en las Américas durante los primeros meses de este año. Se trata de una enfermedad viral grave, transmitida por mosquitos, que puede ser mortal. A diferencia del dengue, es prevenible mediante vacunación. La mayoría de los casos detectados corresponden a personas no vacunadas.
El número de casos humanos confirmados hasta el 22 de marzo duplicaba el total registrado durante todo 2024, lo que genera preocupación por una posible expansión de la enfermedad. En una alerta emitida a fines de marzo, la OPS instó a intensificar la vacunación en zonas de riesgo, buscando coberturas homogéneas superiores al 95%.
Recientemente, el Ministerio de Salud Pública también emitió una alerta epidemiológica ante el brote de fiebre amarilla en la región, subrayando el carácter potencialmente mortal de esta enfermedad, transmitida por mosquitos del género Aedes.
En particular, se recomienda la vacunación a los viajeros con destino a países con zonas de alto riesgo —como nuestros vecinos Argentina y Brasil—. La vacuna, que se administra en una sola dosis y ofrece protección de por vida, no está incluida en el esquema nacional de vacunación y debe solicitarse con agenda previa en puestos habilitados. Tiene un costo de algo más de media Unidad Reajustable.
Teniendo en cuenta que el agente transmisor del dengue, la fiebre amarilla, chikungunya y zika ya está instalado en Uruguay, el riesgo de importación de casos de fiebre amarilla u otras de estas enfermedades es inminente, debido al alto tránsito de personas entre países de la región. En este sentido, luego de la Semana de Turismo, miles de uruguayos viajaron a Argentina, Brasil u otros destinos con circulación de dengue, y deberían —según recomendaciones sanitarias— utilizar repelente durante al menos 10 días tras su regreso al país.
Ahora bien, en el plano del “deber ser”, todos deberíamos colaborar activamente en la eliminación de objetos en nuestros hogares que puedan acumular agua. Además, es necesario que las autoridades públicas desarrollen campañas más activas para fomentar estos hábitos y facilitar su implementación.
La información sobre cómo prevenir ya la conocemos todos, pero el cambio de conducta cuesta más. Incluso, parece que hemos perdido el temor a enfermarnos por picaduras de mosquitos (¿o será algo que también se llevó la pandemia?). Basta recordar que, años atrás, la aparición de los primeros casos de dengue autóctono en el país provocó el desabastecimiento de repelentes en comercios y farmacias.
En resumen, las medidas de prevención siguen siendo fundamentales para frenar el avance del dengue y otras enfermedades. Las principales formas de prevención dependen, sobre todo, de nuestra voluntad de llevarlas a cabo. Escuchemos una vez más la sabiduría del dicho popular: más vale prevenir que lamentar.