En más de una oportunidad hemos aportado reflexiones desde esta página editorial sobre el contrasentido y la violación de los principios básicos de la Justicia que entraña la denominada Ley Nº 19.580 de Violencia de Género, impulsada en su momento por sectores del feminismo radical –la mayoría nucleados dentro del Frente Amplio– y afines, aprobada precisamente en 2017 durante la gestión del anterior gobierno de izquierda, y que según ha señalado la senadora del Partido Nacional Graciela Bianchi, determina en esencia que todos los hombres estén en libertad condicional, hasta que alguna mujer, por el motivo que sea, lo denuncie por violencia de género y ponga así en marcha todo un proceso policial, judicial y consecuente linchamiento en las redes sociales, para que se genere una causa que se suele desvirtuar y tener poco y nada que ver con la Justicia.
Hay refranes que vienen como anillo al dedo para casos emblemáticos en el tema a desarrollar, como el de a confesión de parte relevo de pruebas, el de la máquina que mató al inventor y el de en casa de herrero cuchillo de palo, a elegir donde mejor cuadre a cada uno. Así, una de las víctimas en un proceso de esta naturaleza fue el fallecido diputado del Frente Amplio Gustavo “Tato” Olmos, quien fue en este caso objeto de “fuego amigo”, por así decirlo, porque tras la acusación de una mujer suplente de su cargo legislativo –que fue descartada por la justicia, finalmente– no pudo evitar que fuera incinerado en las redes, objeto de viles acusaciones y llevara esa mancha hasta su muerte, poco tiempo después de que la Justicia lo absolviera.
Una de las dirigentes históricas de la coalición de izquierdas, la senadora Liliam Kechichian, fustigó recientemente en el marco del congreso del sector politico al que perteneciera Tato Olmos, Fuerza Renovadora, –en el que fuea homenajeado– a las dirigentes políticas de la izquierda que impulsaron y potenciaron el proceso en procura de hacer renunciar al fallecido legislador –en setiembre de este año–, simplemente porque son abanderadas de la causa feminista y el exlegislador “tenía” que ser culpable.
Kechihian, apuntó directamente –aunque sin mencionar nombres– a las dirigentes políticas del Frente Amplio que participaron en la secuencia de episodios y decisiones que se tomaron durante el devenir de la denuncia.
Indica al respecto el diario El País, recogiendo las expresiones de la senadora, que “muchos nos acompañaron en ese período de calvario. El homenaje a Tato es de justicia. Tengo un eterno agradecimiento a su don de gente, a su bonhomía, a su trayectoria política y humana. A su inteligencia. Vimos a veces como las mejores reivindicaciones políticas –la lucha contra la violencia contra las mujeres, el acoso, la identidad de género– son una bandera que seguimos levantando, porque costó mucho. Pero cuando se ingresa en el terreno del fanatismo, no solo son factores de arbitrariedad, como sucedió en este caso, sino que deconstruyen. Vamos para atrás en equidad de género y perdemos un montón en lo que hemos avanzado”.
Incluso en el video homenaje presentado durante el congreso no faltó la mención a lo que para los dirigentes de la fuerza política que encabeza Mario Bergara, fue una “infame denuncia”, que le “destrozó la vida” a Olmos. Debe tenerse presente en este sentido que en noviembre de 2023, Olmos fue denunciado en la interna de la agrupación Marea Frenteamplista por su suplente, Martina Casás, por acoso sexual y laboral. La acusación inmediatamente disparó los protocolos y mecanismos formales que tiene previsto el Frente Amplio para acciones en estos casos, como la denuncia al Tribunal de Conducta Política, pero según se da cuenta en el video del sector, “Tato resistió los intentos de linchamiento político y la instancias jurisdiccionales internas del FA. También a las externas, como la Fiscalía; ninguno hizo lugar a las denuncias”, en alusión al fallo favorable del TCP y al archivo de la causa.
Pero claro, una cosa es quedar libre de los cargos y salir indemne –que ya de por si no es fácil, muchas veces depende del fiscal o juez que le toque en suerte–, como debería ser, y otra la realidad, porque todo este proceso, como suele ocurrir, resultó catastrófico para el legislador, tanto desde el punto de vista político como su vida privada. Y debemos tener en cuenta que si ello ocurre a un ciudadano común, lo menos que puede pasarle es que quede estigmatizado, con la firme posibilidad –suele ocurrir– de que pierda su trabajo y que su reinserción, en el mejor de los casos, resulte harto problemática.
En el caso que nos ocupa los dirigentes de Fuerza Renovadora cuestionan la gestión de quien en ese entonces era la presidente de la Comisión de Género del Frente Amplio, Patricia González, así como de las dirigentes que integran un grupo denominado “La Sindicata”, que según El País es conformado por la exdiputada Micaela Melgar, la diputada suplente Dayana Pérez, la actual presidente del MPP Margarita Libschitz y la propia Martina Casás.
Es que para este grupo “tenía” que ser un caso cantado encuadrado en violencia de género y que una de sus consecuencias inmediatas debería ser la renuncia de Olmos, al punto de que según Kechichian, se pidió la cabeza de Olmos por la presidente de la Comisión de Género, con la particularidad de que asumiría inmediatamente el cargo la denunciante Martina Casás, en una maniobra digna de El Padrino, versión feminista. Un hecho con algunas características similares había ocurrido no mucho antes, cuando por una denuncia y posteriores actuaciones había renunciado a su banca el exdiputado del Partido Comunista Gerardo Núñez.
Como bien reconociera la senadora Kechichian, cuando se ingresa “en el terreno del fanatismo, no solo son factores de arbitrariedad, sino que deconstruyen, vamos para atrás en materia de equidad de género y perdemos un montón en lo que hemos avanzado”.
Pero ocurre que lamentablemente, también los que ahora así razonan –que no son pocos–, han sido partícipes de incorporar estos mecanismos arbitrarios, en nombre de una causa en la que se “bandearon” para ganarse el voto las minorías “oprimidas”.
Es que estos colectivos ultra, no escuchan más razones que su verdad absoluta, con alto grado de desequilibrio y resentimiento muchas veces motivadas por vivencias personales, sin medias tintas, y consideran que todo lo que se diga y haga que no vaya alineado con su radicalismo es producto del patriarcado y del “machismo” opresor.
Ahora, cuando su propio escupitajo les ha caído en el ojo, se dan cuenta de lo que tantas veces les hemos dicho; que el feminismo radical de justicia no tiene nada, y que tarde o temprano todos terminan como Periplo de Atenas, quemados en el vientre del Toro de Falaris, la máquina de tortura que él mismo inventó.