“Europa no sabe bien qué quiere; tenemos que empezar a mirar a otro lado, a Asia, el Acuerdo Transpacífico y otros mercados”, comentó en las últimas horas el excanciller, Ing. Omar Paganini, ante la nueva postergación del ultradilatado y ultradiscutido acuerdo Mercosur–Unión Europea, por falta de consenso entre los países del bloque europeo respecto de sus términos.
No era nada que no se viera venir, tal como han venido discurriendo los acontecimientos, porque el problema obedece a razones de política interna dentro del bloque europeo. Sin embargo, corresponde discrepar en alguna medida con el excanciller: posiblemente una parte importante de Europa sabe bien qué quiere y qué le conviene, pero lo que no ha logrado es satisfacer o conformar a los lobbies de productores subsidiados que reclaman lo mismo desde hace años, desde que se comenzó a hablar de este acuerdo. Estos sectores entienden que, ante las desventajas naturales para producir frente a sus similares del bloque sudamericano, no estarán en condiciones de competir sin compensaciones.
Hasta ahora lo han conseguido mediante aranceles y subsidios, que tenderían a desaparecer con un acuerdo entre bloques. Y cuando, de alguna manera, en los papeles se había logrado más o menos nivelar o compensar pérdidas y ventajas entre unos y otros, bastó con que productores de algunos países del Viejo Mundo sacaran sus tractores a las calles y amenazaran con desatar el caos, a pocas horas de la firma del acuerdo, para que primaran los intereses político-electorales en países como Francia, Italia y Polonia, los más destacados entre quienes frenaron la firma prevista para el 20 de diciembre.
Las reacciones han sido de similar tenor en los países integrantes del bloque regional. Los presidentes de los Estados que forman parte del Mercosur se reunieron el sábado en la ciudad brasileña de Foz do Iguaçu para celebrar una nueva Cumbre de Jefes de Estado del bloque. En la instancia participaron los presidentes de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, así como el canciller de Bolivia, país que se encuentra en proceso de adhesión.
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de nuestro país, los presidentes mantuvieron un “diálogo constructivo y cordial sobre la coyuntura actual del Mercosur y sus perspectivas futuras”. Además, destacaron los avances alcanzados durante el semestre, que —señalaron— consolidan “el papel de un Mercosur abierto como instrumento de desarrollo, prosperidad e inserción competitiva en la economía global”.
Durante la cumbre, los jefes de Estado reafirmaron la necesidad de continuar con la revisión y el ajuste del Arancel Externo Común, así como de profundizar la armonización normativa en sectores estratégicos como el automotor, la energía y el comercio.
Pero, claro, la frutilla de la torta era la expectativa de que finalmente se concretara el histórico acuerdo entre los bloques. Los mandatarios no pudieron evitar reflejar la frustración en sus rostros cuando, de manera tangencial o directa, se abordó el tema, e incluso el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, no ocultó su “decepción” por la nueva postergación, cuando semanas atrás se afirmaba que estaba todo prácticamente cerrado.
Por otro lado, en el comunicado de la Cancillería uruguaya se destacó que se retomaron las “negociaciones para profundizar el Acuerdo de Comercio Preferencial entre el Mercosur y la India, con miras a ampliar la cobertura arancelaria y los flujos de comercio bilateral”.
Asimismo, se mencionó “el avance de las negociaciones con Japón, con miras a definir los términos de una asociación estratégica destinada a profundizar las relaciones comerciales entre el Mercosur y ese país”.
Omar Paganini, canciller durante el gobierno de Luis Lacalle Pou, sostuvo que la decisión del Consejo Europeo de postergar su aprobación supone “un golpe fuerte a la confianza”.
El exjerarca dijo a El Observador que “no te puede pasar que en los últimos días” surjan dudas cuando “tuvieron tiempo en pila” para discutirlo. “Europa no sabe bien qué quiere; tenemos que empezar a mirar a otro lado, a Asia, el Acuerdo Transpacífico y otros mercados”, defendió Paganini, quien abundó en la “decepción” que le provocó la “falta de voluntad” de los jefes de Estado europeos para cerrar el asunto.
“Ojalá no sea así, pero el entusiasmo a uno se le va”, reconoció. Paganini cuestionó que, en lugar de fortalecer sus alianzas mediante el comercio basado en reglas y su rol en el mundo, en Europa “priman las cuestiones defensivas internas por un sector agrícola que en realidad no está amenazado”. Citó como ejemplo el cupo de 90 mil toneladas anuales de carne vacuna que debió aceptar el Mercosur, lo que equivale “a una hamburguesa por persona por año en los países de la Unión Europea”.
“Se ve que pesan mucho más los guiños internos a un sector que, además, tiene mucho para ganar con el acuerdo. Si uno mira lo que han hecho con Canadá, acá pasaría lo mismo. Verlo como una debilidad es un error estratégico enorme que muestra una debilidad europea en general”, analizó el excanciller. A la vez, ponderó las “ideas más claras” de los alemanes para empujar a favor del acuerdo, a pesar de las desavenencias dentro del propio bloque, y recordó que durante un viaje a Bruselas conoció a un eurodiputado del Partido Socialista Obrero Español (PSOE, partido del presidente Pedro Sánchez), quien le dijo que, más allá de ser “importante para el Mercosur”, este acuerdo era “imprescindible para Europa”, porque “precisan aliados”.
“Si al final terminan primando intereses locales más chicos, no veo cómo en un mes lo van a solucionar”, concluyó Paganini. Una muestra clara de ello fue el giro de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien consideró “prematuro” firmar el acuerdo el 20 de diciembre. Ante la oposición de países como Francia y Polonia, Italia tiene la capacidad de conformar una minoría de bloqueo si se pliega a ellos.
Meloni mantuvo conversaciones con el presidente brasileño Lula da Silva en el correr del jueves, y el líder del PT informó que la italiana “no se opone” al acuerdo, pero que tiene “problemas políticos con los agricultores”, que está convencida de ser “capaz” de resolver en los próximos días.
Paralelamente, la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU) manifestó su profunda preocupación y malestar ante la reciente decisión de postergar, una vez más, la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Tras meses de optimismo y gestiones diplomáticas intensas, la dilación del pacto cayó como un balde de agua fría en el sector privado nacional.
La presidenta de la UEU, Carmen Porteiro, fue tajante respecto de las consecuencias de este nuevo freno. En recientes intervenciones subrayó que el país no puede seguir esperando por tiempos políticos externos que asfixian la competitividad local.
“Estos acuerdos nos obligan a subir el estándar, a incorporar tecnología y a ser más eficientes. Si no logramos concretarlos, corremos el riesgo de quedar fuera del mapa comercial”. Para la dirigente, la postergación no es solo un trámite administrativo, sino una señal de alerta sobre la inserción internacional de Uruguay: “El acuerdo es una oportunidad histórica, pero exige visión de largo plazo. Cada día que pasa sin firma es un día en que nuestros competidores nos sacan ventaja”.
El punto es que ese “cada día” ya lleva años, y con ellos la pérdida de competitividad que nos desaloja de los mercados. Seguiremos esperando, porque ¿qué es un mes, tras 26 años de postergaciones?