Esto no es nuevo del todo; ya lo hemos comentado incluso en esta misma página, y no es para menos, porque la preocupación por la baja natalidad y las inquietantes proyecciones demográficas del Uruguay para el resto de este siglo deberían estar entre los primeros lugares de la agenda, pero no de ahora: podríamos decir incluso que venimos llegando tarde, a la vista está. De todos modos, es oportuno refrescar algunos datos para entender de qué estamos hablando. De acuerdo con los estudios del Instituto Nacional de Estadística (INE), a partir de la actualización de datos realizada a instancias del Censo 2023, Uruguay ya alcanzó su población máxima en 2020 con 3.510.305 personas, y desde ese año inició un proceso de gradual reducción. La estimación es que para 2045 habrá 3,4 millones de habitantes y que para 2070 volveremos a ser aquellos tres millones. Tal disminución obedece a un “crecimiento natural negativo sostenido, producto del descenso en la natalidad y el aumento de las defunciones”, y se calcula bajo el supuesto de un saldo migratorio exterior nulo, es decir, que tendremos tantos extranjeros radicados en Uruguay como orientales que abandonan el país en busca de nuevos rumbos, o una cifra similar. De la mano de esto, el informe advirtió un envejecimiento acelerado de la población. Para 2070, el 32,5% de los uruguayos tendrá 65 años o más, el doble que en la actualidad (15,8%) y, en contraste, los menores de 15 años serán solo el 11,5% de la población. El promedio de edad aumentará de 39 a casi 50 años, y los niveles de fecundidad continuarán siendo los más bajos de la historia del país. Eso a su vez se retroalimentará, porque en las futuras generaciones habrá menos vientres y por supuesto menos niños. Esta reducción demográfica ya está teniendo consecuencias. En los últimos meses venimos escuchando a las autoridades de la educación sobre este escenario y sus derivaciones. En los niveles de Inicial y Primaria ya se empieza a notar una matrícula en franco descenso, lo que, sin dejar de ser un problema país en el mediano y largo plazo, en lo inmediato es incluso una oportunidad para mejorar la calidad del acceso al conocimiento que se ofrece a esos menos alumnos orientales que llegan a las aulas. Referimos a la situación uruguaya, pero es un problema regional y hasta global, que tiene sus explicaciones y que no vendría al caso analizar ahora en detalle.
Martín Scasso, especialista en información educativa de la Unesco en Santiago de Chile, afirmó en un evento regional en octubre del año pasado que no existe otra región del mundo donde haya descendido de manera tan acelerada la natalidad como en América Latina y el Caribe, y que esta tendencia “está cambiando la fisonomía de los sistemas educativos de la región”. Entre las posibles situaciones derivadas de la carencia de planificación, mencionó la posibilidad de estructuras educativas sobredimensionadas, cierre de escuelas, construcción de nuevos centros educativos a contrapelo de una matrícula en descenso, distribución inequitativa de recursos, competencia entre centros para captar una demanda reducida y docentes sin oportunidades laborales, entre otras. Pero, en contrapartida, llamó a apreciar este contexto como una oportunidad para avanzar en innovaciones, “con un esfuerzo quizás menor del que podría requerirse en otros escenarios”.
El director de Planeamiento Educativo de la ANEP, Andrés Peri, expuso sobre la situación uruguaya. Afirmó que la proyección de la población en edad escolar constituye una dimensión clave del planeamiento educativo, ya que permite estimar con cierta precisión la población futura a escolarizar. Peri señaló que en Uruguay, en la década de los ochenta, se registraban alrededor de 55.000 nacimientos anuales, mientras que en 2024 fueron casi 30.000. La cantidad de estudiantes de tres a 17 años en 1996 era del orden de los 800.000, mientras que en la actualidad ronda los 673.000, cifra que se reduciría a la mitad para 2070.
Ahora hablemos de fútbol. El profesor Esteban Gesto es un conocido profesional en el ámbito del fútbol, preparador físico de selecciones celestes y de equipos uruguayos que han sabido levantar copas internacionales. Durante su participación en el reciente Summit AUF 2026, organizado por la institución rectora del fútbol uruguayo, ofreció una ponencia centrada en la modernización de la competencia y el desarrollo integral de las divisiones formativas. Abarcó ejes clave como la necesidad de modernizar los torneos, planteó estrategias para optimizar y elevar el nivel competitivo de los juveniles, enfatizó la necesidad de avanzar en una formación integral de los jugadores y remarcó que los aspectos técnicos siguen siendo decisivos, por más que el fútbol es cada vez un deporte más atletizado, es decir, en el que la base física no ha dejado de elevarse.
Pero lo que nos viene al caso de su exposición es lo que refirió respecto a esta reducción de población en el país, que ya está afectando, dijo, la base, la cantidad de jugadores entre los que se seleccionarán a los futuros defensores de las selecciones uruguayas. No se trata de que no lleguemos en el futuro a juntar once jugadores en condiciones de saltar a la cancha; sin embargo, cuanto menor es la cantidad “bruta” de jugadores, menor la chance de contar con talentos. El país ha tenido históricamente una buena red de captación de esos talentos y eso seguirá estando, pero los demás han venido perfeccionando las suyas también, y nuestra competencia es con auténticos gigantes como Brasil y Argentina, con quienes hemos compartido podio en general. Gesto considera que en lo que queda del siglo está en riesgo ese tercer puesto frente a selecciones que han crecido mucho en sus inferiores, como Ecuador y Colombia. Frente a eso, hay estrategias que ya han empezado a adoptarse, y no solo por Uruguay, como seguir trabajando en captar talentos tanto en el interior como, sobre todo, en el exterior del país: hijos de uruguayos a los que se pueda vestir de celeste. El tiempo dirá si es suficiente para compensar.
Ahora bien, lo que nos pasará en el fútbol es de suponer que en alguna medida también nos ocurra en otras disciplinas, aunque quizás los efectos no sean tan visibles: en las diferentes profesiones, en las artes, en la política, en las fuerzas de seguridad, y hasta en el carnaval, por qué no decirlo.