Editorial de El Telégrafo sobre los temas que más importan en el mundo, Uruguay y Paysandú en particular.
La designación de la embajadora Ache: los tuyos, los míos y los nuestros
En los últimos días la actividad legislativa de nuestro país ha sido escenario, una vez más, de una política en la cual las posiciones de los partidos cambian como si tratara del juego de la “mosqueta” y lo que ayer era malo hoy es bueno y viceversa. Nos referimos a votación, por parte del Senado, de la venia solicitada por el Poder Ejecutivo para designar a Carolina Ache como embajadora en Portugal. De acuerdo con el semanario Búsqueda, “la decisión solo contó con los 17 votos del Frente Amplio, aunque incluso en el oficialismo había dudas sobre la pertinencia de la decisión, y el rechazo cerrado de blancos y colorados”. La aprobación de la venia se logró “tras una discusión áspera y extensa”.
Le pedimos a nuestros lectores que hagan un poco de memoria sobre el episodio por el cual se le otorgó un pasaporte al narcotraficante uruguayo Sebastián Marset a fines del año 2021. Tal como lo consigna el portal del informativo televisivo Subrayado, “durante la sesión del cuerpo legislativo el senador colorado Andrés Ojeda (secretario general del Partido Colorado) leyó en sala varias declaraciones de dirigentes y legisladores del Frente Amplio críticas con Ache, en el período pasado, y dijo que seguramente ahora la nombran embajadora como una suerte de devolución de favores, ya que en el 2023 la exvicecanciller denunció ante la Justicia presiones del gobierno por el caso Marset, lo que derivó en la renuncia del entonces canciller Francisco Bustillo, el ministro del Interior Luis Alberto Heber y el subsecretario Guillermo Maciel”. El Frente Amplio, en cambio, señaló en sala que Ache decidió enfrentar las presiones del gobierno de entonces, y denunció ante la Justicia la intención de borrar los mensajes de WhatsApp en los que se advertía de lo peligroso que era Marset, y la decisión de destruir un documento público que sería investigado por la Justicia. En la denuncia, Ache presentó una grabación que hizo de una conversación telefónica con Bustillo, en la que el entonces canciller le sugería perder o destruir su celular.
Esa conversación grabada por Ache, sin el consentimiento de Bustillo, fue argumento para que los senadores blancos señalaran falta de ética y confianza política en la ahora designada embajadora”.
El portal de noticias El Explorador, por su parte, ha efectuado un ilustrativo resumen de las expresiones contrarias a la venia finalmente otorgada: “La senadora nacionalista Graciela Bianchi tomó la palabra con más cuestionamientos hacia la designación. Calificó la situación como ‘bochornosa’ y manifestó que le llamaba ‘profundamente la atención que el presidente Yamandú Orsi la consienta’. Para Bianchi, ‘los embajadores son la cara visible de un país y el servicio exterior es un servicio que es como toda organización, se conocen todos’. La legisladora expresó que el accionar de Ache la hacía sentir ‘vergüenza como uruguaya’. ‘Te graba sin que te avise.
Me parece repugnante’, dijo, en alusión a las grabaciones privadas que la exsubsecretaria realizó al entonces canciller Francisco Bustillo, hecho que derivó en la renuncia del ministro. Bianchi recordó que la exjerarca ‘aún tiene una causa abierta en la Justicia. ¿O todo el mundo se olvidó?’, preguntó en sala. Por su parte, Pedro Bordaberry del Partido Colorado, sostuvo que ‘es un error nombrarla en estos momentos embajadora’. Aclaró que Ache ‘no pidió nada a cambio de ser embajadora’ y que ‘pongo las manos en el fuego por ella’, aunque reconoció que la decisión ‘suena feo’ y ‘a movida política’. Agregó que la designación se dio ‘sin consultar ni siquiera a su partido político’ y que, en el contexto actual, ‘no solamente porque no es de carrera, sino porque estamos en la mitad de un lío y se generan suspicacias. Hay una investigación en curso, que falla de un lado, una de la Justicia’. Desde el Partido Nacional, el senador José Luis Falero también consideró la decisión ‘inconveniente’ e ‘innecesaria’. En tanto, Gustavo Zubía cuestionó al oficialismo por haber cambiado su postura respecto a Ache: ‘El problema central es: ¿cambiaron el criterio sobre la doctora Ache? Si no lo cambió surgen incoherencias morales’, planteó”.
A pesar de que los senadores frenteamplistas votaron en bloque la venia de Ache, no todos estaban convencidos de hacerlo debido al sorpresivo cambio del Frente Amplio sobre la conducta desarrollada por la ex subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores. El único que habló sobre el tema fue el senador socialista Gustavo González, quien aclaró que votó a favor de enviar a Ache a Portugal, una medida con la que no está de acuerdo, solo por disciplina partidaria. “He dado mi posición ante los compañeros. La mayoría de mis compañeros entendió que había que votar y por eso voté. Mi argumento fundamental es que para mí un embajador es una persona que debe ser de absoluta confianza política del Poder Ejecutivo. Y para mí no puede ser hoy el caso de Carolina Ache”, dijo González al momento de fundamentar su voto. El senador frenteamplista Óscar Andrade, por ejemplo, también manifestó sus reparos a la designación de Ache, y refiriéndose al caso Marset expresó: “me cuesta entender cuáles son los argumentos para personas que de alguna manera estuvieron involucradas en ese proceso tomarlos en cuenta para responsabilidades de representación”, expresó Andrade.
La designación de Ache como embajadora en Paraguay resulta llamativa no sólo porque antes fue objeto de críticas muy duras por parte del Frente Amplio y de sus referentes políticos (los mismos que ahora votaron su venia como embajadora) sino porque la ex subsecretaria envió varias señales de apoyo a la candidatura de Yamandú Orsi para el balotaje (por ejemplo su anuncio de que no votaría al candidato coalicionista Alvaro Delgado o el respaldo a Orsi por concurrir a la reunión de los países integrantes de los BRICS). Visto desde este punto de vista, puede resonar la famosa frase según la cual “favor con favor se paga”, pero eso es una costumbre tan habitual en la política que no debería llamar la atención a nadie. Así es como funcionan los políticos en Uruguay y en cualquier país del mundo, tal vez por eso mismo se trata de una actividad y de un grupo de personas con un índice de rechazo social cada vez más alto.
El episodio de la votación de Ache deja un sabor amargo para la democracia uruguaya en general y para la ciudadanía en particular porque demuestra, una vez más, que “como te digo una cosa te digo la otra” y que a la persona que ayer la apoyaba hoy la defenestro y viceversa. Solo importan los puestos y los sueldos que se puedan obtener, jamás las ideas y mucho menos las conductas personales. De esa forma, y como expresa el famoso tango Cambalache, quedamos “en un mismo lodo todos manoseados”: los míos, los tuyos y los nuestros.