Desde la Dirección de Desarrollo Rural de la Intendencia de Paysandú se impulsa un modelo de producción agroecológica, circular y con fuerte raíz local. A través de programas como Paysandú Sostenible, el departamento promueve prácticas responsables, educación ambiental y el fortalecimiento de los vínculos entre campo y ciudad.
Producción local con identidad y equilibrio
La Dirección de Desarrollo Rural trabaja con productores familiares, emprendimientos rurales y organizaciones de base para fomentar una producción más sostenible.
“Venimos impulsando un conjunto de acciones orientadas a fortalecer una producción local más sostenible, agroecológica y circular”, explicó la Ing. Agr. Natalia Teyza, directora de la unidad.
Entre las principales líneas de trabajo se destacan la capacitación técnica, el acompañamiento a productores y los proyectos demostrativos que integran producción responsable, compostaje y aprovechamiento de residuos orgánicos.
Según Teyza, el propósito es “generar un sistema productivo más equilibrado, que cuide el ambiente y potencie la identidad productiva sanducera”.
Educar para transformar los hábitos
La educación ambiental ocupa un rol central dentro del proyecto Paysandú Sostenible. Desde la unidad se promueven talleres y jornadas educativas en escuelas, ferias y espacios comunitarios donde se abordan temas como germinación, compostaje, uso eficiente del agua y consumo responsable.
“Para transformar los sistemas de producción y consumo, es imprescindible trabajar también sobre los hábitos, valores y conocimientos de la comunidad”, señaló.
Estas instancias buscan que la población reconozca el esfuerzo de los productores rurales, comprenda el origen de los alimentos y adopte prácticas cotidianas sostenibles.
“Este proceso educativo fortalece el vínculo entre campo y ciudad y consolida una cultura de sostenibilidad compartida”, afirmó.
Productores más abiertos y comunidad participativa
Tras varios años de trabajo sostenido, los resultados comienzan a verse en el territorio.
“El cambio más notorio ha sido la creciente apertura de los productores a incorporar prácticas agroecológicas y circulares en sus predios”, destacó Teyza.
Cada vez más familias rurales reutilizan residuos orgánicos, elaboran compost, captan agua de lluvia o diversifican cultivos, mientras que la comunidad urbana muestra un interés creciente por participar.
Las ferias de intercambio y los talleres prácticos se consolidaron como espacios de aprendizaje colectivo.
“La sostenibilidad no se impone, se construye colectivamente, a partir del acompañamiento, la educación y la demostración concreta de resultados”, reflexionó.
Circularidad aplicada al territorio
El concepto de circularidad, que en muchos ámbitos aparece como un ideal teórico, se traduce en Paysandú en acciones concretas.
La Unidad de Desarrollo Rural impulsa experiencias donde los residuos de una actividad se transforman en insumos de otra: restos vegetales convertidos en compost, agua reutilizada para riego o materiales reciclados empleados en estructuras productivas.
“Promovemos experiencias de circularidad predial donde los residuos de una actividad se convierten en insumos de otra”, explicó Teyza.
También se desarrollan proyectos que integran economía circular y bioeconomía, como la fabricación de bandejas biodegradables para almácigos o la producción hidropónica con sistemas cerrados de agua.
Ejemplos inspiradores en el territorio
Paysandú cuenta con múltiples experiencias que reflejan el potencial de la producción sostenible.
Teyza mencionó el proyecto Paysandú Sostenible, orientado a la producción agroecológica familiar y la revalorización de variedades locales; y el proyecto de hidroponía desarrollado por Mónica Maciel y Richard Silva, considerado un modelo de eficiencia y sustentabilidad.
También destacó los talleres de compostaje escolar impulsados por Ciclo Orgánico, a cargo de Rolando Calvo, y el programa Guardianes de Tomates, desarrollado junto al grupo El Mecenas.
“Estas iniciativas muestran cómo la sostenibilidad puede aplicarse en distintos contextos, desde pequeños espacios urbanos hasta emprendimientos productivos”, subrayó.
Desafíos hacia el futuro
Para Teyza, uno de los grandes desafíos es sostener los cambios culturales y productivos a largo plazo.
“Requiere acompañamiento técnico, inversión y una articulación constante entre instituciones, productores y ciudadanía”, advirtió.
Otro reto es fortalecer la infraestructura rural —acceso al agua, energía y caminos— para facilitar prácticas sostenibles sin elevar costos.
Finalmente, insistió en la importancia del vínculo entre producción y educación:
“Que cada acción de desarrollo rural esté acompañada por una acción de sensibilización”.
Convencida del potencial del departamento, Teyza concluyó:
“Paysandú tiene un enorme potencial para consolidarse como un territorio modelo en producción sostenible, y el camino está en seguir trabajando juntos, desde la escala local y con identidad sanducera”.