Estuvo en nuestra ciudad María Estela Vieras, la Serenísima Gran Maestra de la Gran Logia de la Masonería Femenina en Uruguay (así su denominación dentro de la institución), y brindó una charla informativa en La Posta del Libro. Explicó que el objetivo del encuentro era informar al público en general los valores y principios que guían a la masonería a la que desde siempre la ha rodeado una especie de misterio o silencio a gritos.
Explicó que “se trata de una institución filosófica, humanista, filantrópica, progresista e iniciática”; fue fundada como Gran Logia en el año 2007 y hoy en día congrega a 1.100 mujeres de todo el país. En cuanto a las características descriptas, detalló: “es filosófica porque se basa en principios y valores que se transforman en una verdadera filosofía de vida para las mujeres que la integran; humanista, porque el centro es el ser humano y en especial en el caso de la gran logia femenina, es la mujer; filantrópica, realizando acciones para beneficio de la sociedad, de formas ciento por ciento anónimas y sin esperar nada a cambio; progresista, porque progresa con la sociedad en la que vivimos, enfrentando los mismos problemas o dificultades; iniciática, (como tantas otras instituciones) porque se practica un rito de iniciación que despierta facultades que están latentes, facultades que conducen a estados de conciencia superior. Hay muchas escuelas iniciáticas y la masonería es una de las que comienza con el ritual de inciación”, del que no da detalles pues debe ser “vivencial”.
En cuanto a los rituales, los consideran una herramienta de trabajo que como adelantáramos no se cuentan, pero no existiría la masonería sin esos rituales que son un conjunto de silencios, gestos, palabras, símbolos, alegorías que les permiten conectarse con una energía superior, con algo que trasciende y que llaman “gran arquitecto del universo”. “En la Gran Logia Femenina de Uruguay nos perfeccionamos como seres humanos, tanto intelectual, ético, como moral y sobre todo espiritualmente”.
Vieras agregó que “los valores en los que se trabaja son: tolerancia, solidaridad y amor al prójimo. Somos una fraternidad y entre nosotras nos llamamos ‘hermanas’ y nos encontramos una vez a la semana en ese espacio ritualístico que es una bendición y nos permite ir hacia dentro de nosotras mismas, y que nos transforma casi sin darnos cuenta”.
¿Quiénes pueden ingresar a la logia femenina?
Esa fue una de las preguntas que muchas de las presentes estaban esperando, en especial la respuesta. Según María Estela, “no existen impedimentos de ningún tipo que sean excluyentes, todas las mujeres son bienvenidas; si hablamos de requisitos deben ser mujeres que estén en búsqueda dentro de sí mismas, verse interiormente y querer transformar lo que consideran que no está bien. No se trata de mujeres perfectas, sino simplemente mujeres en la búsqueda de ser mejores personas. La masonería no es una religión, no tiene dogma, tenemos igualdad en la desigualdad, todas las religiones conviven, no se diferencias los niveles socioeconómicos, ocupación u orientación sexual”.
Consultada sobre el preconcepto existente de que es para quienes pertenecen a una clase social alta, lo negó, adelantando que se financian con una cuota mensual de cada una de las integrantes que equivale a lo que se paga en un club para hacer deporte. Para ingresar, se debe ser mayor de 21 años y existen dos formas: ser presentadas por una de las integrantes o ingresando a enviando un mail a glfpaysandu@gmail.com manifestando su interés. En cualquiera de los dos casos, lo que sigue es una entrevista para conocerse.
Efecto multiplicador
Vieras contó que a la fecha existen 24 logias femeninas en nuestro país, de las cuales 12 están en Montevideo, “en Paysandú tenemos el taller llamado ‘Constructoras’”. No todas tienen su templo para reunirse, pero en algunos lugares la logia masculina les comparte el suyo, y en otras ciudades alquilan el lugar para su reunión semanal. “La importancia de darnos a conocer es porque la principal tarea que tenemos es llevar los principios y valores masónicos a más mujeres logrando que cada vez más comiencen a construirse en los valores de la orden, lo trasladen a su familia o a su entorno de trabajo.
Decimos que si la persona cambia, se transforma todo a su alrededor. Así es como funciona la masonería. Valores como la solidaridad y la tolerancia, son necesarios en este mundo que vivimos. Se trabaja el amor incondicional, el amor al prójimo y el perdón, que son valores y virtudes de la masonería”. El fin último “es mejorar la sociedad en la que vivimos y transformarla en una sociedad más justa, más equitativa, más igualitaria, amorosa y fraterna. Creemos que cambiando nosotros, es la única forma en que se puede transformar la sociedad. El cambio comienza dentro de uno mismo”.

