Los resultados del documento presentado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) que estudió el consumo de sustancias psicoacticas en adolescentes al menos una vez durante el año 2022, confirmó la tendencia que se observa desde hace años.
Este informe señala que lo hizo el 84% de los liceales de tercer año, en tanto el 69% consumió bebidas energizantes en el último año.
Los datos se confirman con seguimientos anteriores y efectuados sobre la franja etaria de 12 a 17 años. En el año 2014, la droga más consumida entre los estudiantes de Secundaria era el alcohol y tenía una prevalencia de casi el 70%. La Junta Nacional de Drogas (JND) aseguraba hace una década que el principal problema era el consumo abusivo –por encima de los niveles de intoxicación– y, en muchos casos, ayudado por el uso de bebidas energizantes.
Los primeros consumos se registraban a los 12 años y casi la mitad era consumidor antes de los 15 años. El Observatorio de la JND alertaba que el 67% de aquellos consumidores habituales lo hacían por encima de los niveles de intoxicación. Le seguían las bebidas energizantes, que son aquellas que demoran las señales de embriaguez y permiten a la persona que continúe con su consumo.
Hace diez años, era baja la percepción del riesgo de los padres. La encuesta aseguraba que cuando los padres se molestaban, el abuso de sustancias era del 48% y, en el caso que ninguno de los dos padres se molestara, trepaba al 70%.
En 2017, una nueva encuesta nacional realizada por la JND confirmó que con la regulación del mercado de cannabis, su producción y comercialización, los adolescentes consumían aquel año más marihuana que tabaco. Entonces, el gobierno aseguró que no guardaba relación con la aprobación de la ley, sino que marcaba una tendencia.
Por primera vez, el consumo de marihuana entre menores de 13 y 17 años se ubicaba en torno al 17% y el tabaco al 15,5%. Porque la encuesta anterior, de 2011, establecía que más del 20% había fumado tabaco y el 12%, marihuana. Y en este caso, el gobierno anterior lo atribuía a la política antitabaco iniciada en el año 2005 por el expresidente Tabaré Vázquez.
El sondeo resumía que al menos dos de cada tres estudiantes había consumido alguna sustancia en los 12 meses anteriores.
Y así podemos continuar con un similar estudio efectuado a mediados del año 2018 y presentado en febrero de 2020. La encuesta anual precisaba que el alcohol y las bebidas energizantes se consolidaban como las únicas sustancias que registraban un aumento entre adolescentes. Lo hacían ocho de cada 10 estudiantes y la edad promedio para el consumo era, y aún es, 12,8 años.
Lo mismo ocurre con el consumo de tranquilizantes sin prescripción médica, no visibilizado y en crecimiento. La novena encuesta presentada en 2022 por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y la JND, mostraba que uno de cada cuatro liceales utilizaba estos medicamentos sin supervisión profesional.
Por lo tanto, cuando el jueves de la semana pasada, el Ineed presentaba un nuevo estudio sobre este aspecto, simplemente confirmaba la estadística que crece desde hace más de una década. La mayor parte de los estudiantes de educación media consumió alguna sustancia y el entorno familiar es señalado como el principal canal de acceso al consumo.
Porque si los padres o referentes familiares admitieran un mayor involucramiento, la estadística probablemente se hubiese reducido en varios puntos porcentuales. Por ejemplo, el alcohol. Sus hábitos de consumo se adquieren en la casa y sus referentes consumidores pueden transfomarse en un patrón a seguir porque son familiares o cercanos.
Con el aumento de la edad, crece el consumo de tabaco, alcohol y marihuana. Los estudiantes mayores de 16 años son quienes consumen medicamentos y otras drogas.
La particularidad del estudio es que incorporó el clima en el aula junto a la aceptación de la diversidad e igualdad de género y su incidencia positiva en el rendimiento de los estudiantes. A estos aspectos, se suman otros factores ya utilizados y conocidos, como el contexto socioeconómico y cultural del centro educativo y de la persona.
Desde 2022 se observa un incremento en la “percepción de la violencia en los entornos de enseñanza”, particularmente en la educación media en todo el país. Incluso aumentó la percepción de inseguridad en los estudiantes de enseñanza media –tanto en secundaria y técnica–, “principalmente en las áreas de uso común al interior de las instituciones”.
El Ineed destacó al final del documento la importancia de construir evidencia “acerca del consumo de drogas de los estudiantes, dados sus efectos negativos sobre el clima del aula (e indirectamente sobre la percepción de seguridad) y sobre los desempeños”.
La evidencia existe desde hace varios años y se confirmó con los sucesivos estudios. El consumo de sustancias en general y particularmente de algunas drogas, aumenta ante la baja percepción de los mayores a cargo de los menores. Pero allí prima la idea de preferir el consumo en el hogar antes de la salida de los jóvenes, es decir la “previa”. Así como también, una nula percepción o, al menos, falta de información sobre los riesgos que implica el uso de energizantes.
Estamos hablando de adolescentes de 13 y 17 años que consumen alcohol tanto dentro como fuera de sus casas. Eso también significa que “alguien” les vende alcohol y otro “alguien” mira para el costado.
Pero todo está en nuestra legislación. La Ley 19.855 creó el marco regulatorio para el consumo problemático de bebidas alcohólicas y desde hace veinte años, la Ley 17.823 prohibe la venta, ofecimiento o suministro a menores.
Si aumenta la permisividad, entonces se incrementa el consumo. Y mucho más si comienza por casa.