Cuando comienza el año, ¿acaso el 1º de enero?, ¿o el 25 de diciembre, el 1º de marzo, el 25 de marzo?, ¿o acaso en la fiesta móvil de Pascua? Cada una de esas fechas desnuda una razón de fondo, esencialmente ideológica. Pero al mismo tiempo, se le hacían ajustes a ese orden racional a algo tan caprichoso como la naturaleza.
El 1º de marzo daba inicio el año del calendario gregoriano y se le relacionaba con la asunción del primer rey de Roma, Rómulo, en 752 a.C.. Pero el 25 de marzo fue durante siglos, la fecha que dio inicio del nuevo ciclo anual. El 25 de diciembre, desde el 1 a.C: marca el nacimiento de Jesús de Nazaret, mesías e Hijo de Dios para el cristianismo.
Sin que sea una definición precisa, el calendario es un sistema de representación del correr de los días, ordenados y agrupados en unidades como semanas, meses e incluso años. Nació con un propósito ordenador. El origen del término está en el latín, calendarium, que se relaciona con la contabilidad ya que su utilidad primera fue utilizarla para registrar el vencimiento de deudas. Su denominación aparece en el año 1175.
En sentido práctico, los calendarios sirvieron para definir un concepto, que fue el de establecer un “consens” para el cálculo del tiempo, especialmente para la administración, pero también para festividades, obligaciones y eventos cuya importancia estaba dada, también, por la demanda de la novedad. Todo ello reflejaba un conjunto más o menos ordenado de ideas dominantes, que se imponían.
Lunar, solar y mixto
Hay calendarios elaborados tomando como eje meses lunares. Los hay desarrollados en base a los ciclos solares. Y también los hay mixtos.
En el calendario lunar, se reflejarán las 4 fases de la Luna: i. nueva, ii. cuarto creciente, iii. llena y finalmente iv. cuarto menguante. En este caso, ese año está compuesto de 13 meses y cada mes por 28 a 29 días. Así, el calendario chino es un ejemplo.
Hay un segundo conjunto de calendarios que se desarrollaron en base a los ciclos del sol o la posición del planeta que habitamos, la Tierra, en torno al sol. Luego de algunos ajustes, el actual calendario occidental es el Gregoriano, que a su vez es el Juliano corregido, que había estado operativo desde el 46 a.C.
El Juliano era el calendario egipcio, siendo el calendario solar que estableció la duración del año en 365,25 días. El calendario gregoriano fue encargado en 1515 por el papa Gregorio. Hubo un segundo estudio en 1578, del cual surgió el actual calendario mundial, aunque el mérito se atribuyó a otros. La “Comisión del Calendario” dejó pronta la reforma que se instrumentó a partir de octubre de 1582.
Dos imperios, el español y el portugués, fueron los primeros en adoptar la reforma. Luego se extendería por toda Europa. El Reino de Gran Bretaña y sus colonias adoptarían el gregoriano en 1752.
La comisión del calendario
El calendario gregoriano ajusta cambiando la regla general del bisiesto cada cuatro años, y hace que se exceptúen los años múltiplos de 100, salvedad que a su vez tenía otra excepción, la de los años múltiplos de 400, que sí eran bisiestos. La nueva norma de los años bisiestos se presentó de este modo: “la duración básica del año es de 365 días; pero serán bisiestos (es decir tendrán 366 días) aquellos años divisibles por 4, exceptuando los múltiplos de 100 (1700, 1800, 1900…, que no serán bisiestos), de los que se exceptúan a su vez aquellos que también sean divisibles por 400 (1600, 2000, 2400…, que serán bisiestos). El calendario gregoriano ajusta a 365,2425 días la duración del año, lo que deja una diferencia de 0,0003 días al año de error, es decir, adelanta cerca de 1/2 minuto cada año (aprox. 26 s/año), lo que significa que se requiere el ajuste de un día cada 3323 años. Esta diferencia procede del hecho de que la traslación de la Tierra alrededor del Sol no coincide con una cantidad exacta de días de rotación de la Tierra alrededor de su eje. Cuando el centro de la Tierra ha recorrido una vuelta completa en torno al Sol y ha regresado a la misma ‘posición relativa’ en que se encontraba el año anterior, se han completado 365 días y un poco menos de un cuarto de día (0,2422 para ser más exactos). Para hacer coincidir el año con un número entero de días se requieren ajustes periódicos cada cierta cantidad de años”.
De sencillo, poco…
Complicado, porque quedaba pendiente “dar una solución o una regla para corregir este error de un día cada 3323 años es complejo. La cuestión es que en tal plazo la Tierra se desacelera en su velocidad de rotación y también en el movimiento de traslación, generándose una nueva diferencia” que los expertos, dicen, “es necesario ir corrigiendo”. En línea con esa mayor complejidad, la Luna ejerce un efecto de retraso sobre esta velocidad de giro por la excentricidad creada por las mareas. La disminución de la velocidad de giro creada por esa excentricidad es similar a la que se produce cuando hacemos girar un frisbee poniéndole un poco de arena mojada en un lado del borde inferior: cuando el platillo se hace girar, su velocidad de giro es mucho menor a la que tiene cuando no existe tal excentricidad”. Sin embargo, aún espera resolución.
¿Cuándo empieza el año?
El día de celebración del Año Nuevo ocurre el 1º de enero, es decir, en ocasión del primer día del calendario gregoriano moderno. Acá empiezan nuevos enredos: la afirmación precedente también vale para el calendario Juliano, pero no es el mismo día que el Gregoriano. En efecto, para algunos de los calendarios solares, entre ellos el Gregoriano y el Juliano, iniciaban el año con el solsticio de diciembre o próximos al mismo. Las culturas que observan un calendario lunisolar o lunar celebran el día de año nuevo (como el año nuevo chino y el año nuevo islámico) en puntos menos fijos en relación con el año solar.
Consideremos que en tiempos del calendario juliano de la Antigua Roma precristiana el día estaba dedicado a Jano, dios de las puertas y los comienzos… también se nombra enero (en latín, ianuarius). La cuestión es que desde la época romana hasta mitad del siglo XVIII, el año nuevo se celebró en otras fechas. En diversas partes de la Europa cristiana se iniciaba el 25 de diciembre, el 1º de marzo, el 25 de marzo y en la fiesta móvil de Pascua.
Los cambios en los calendarios eran y son cambios esencialmente políticos. En la época romana, el 1º de enero fue fijado como el inicio del año civil, dándole un nuevo significado: coincidir con la instalación de los nuevos cónsules en Roma. No obstante, convivían con otros días referentes; el 25 de marzo, el Día de la Anunciación en el cristianismo, permaneció como fecha significativa que daba inicio al año en muchas regiones de Europa, incluso hasta siglos después de la caída del Imperio Romano.
Como se ve, aunque en esta época se discuta poco, el calendario también es un “campo” de batalla de los significados profundos, de la ideología. Quien se adueña de fechas prioriza contenidos, los destacados, coloniza debates. Porque calendarizar es establecer un orden de manera recurrente. Y si repasamos esos días calendarizados, reconoceremos hitos de la historia, tanto las cuestiones locales como globales, los avances y los retrocesos de los procesos sociales.
Es un buen ejercicio para el verano, y una excusa para repasar buenos textos de historia. Hay que bucear en los contenidos porque todo significa.
