Mes a mes, en EL TELEGRAFO, nuestro suplemento Pasividades nos permite, de alguna manera, tomar el pulso de la realidad social que viven los pasivos en nuestro departamento, a través, sobre todo, de las inquietudes y vivencias que recogen las entrevistas a personas de la tercera edad de nuestro medio. Pero también —y no menos importante— a partir de las actividades que desarrollan durante todo el año los respectivos centros que los nuclean, en un sinfín de áreas.
En la edición del miércoles 28, además, nuestros lectores tuvieron la oportunidad de conocer las conclusiones y visiones que se pusieron de manifiesto en el Congreso Interamericano de Psicogerontología, realizado en Chile, donde especialistas en la materia expusieron y debatieron realidades que, si bien pueden parecer diferentes entre los distintos países, comparten un denominador común: la carencia de recursos para atender la demanda en las respectivas áreas de un grupo etario que representa un porcentaje cada vez mayor de la población, como consecuencia de una mayor expectativa de vida y la caída de los nacimientos. Pero también porque una mejor calidad de vida implica que, en la tercera edad, se extiendan los períodos en los que es posible —y necesario— encarar actividades que contribuyen a la inserción y el protagonismo en las distintas etapas de la ancianidad.
Así, la psicogerontóloga Andrea González, quien participó en este congreso, reflexionó en entrevista con Pasividades acerca de los desafíos de una sociedad que envejece, la necesidad de romper prejuicios y el valor de construir vejeces diversas, activas y con autonomía.
En la parte técnica de este encuentro internacional participaron profesionales como psicólogos, médicos, abogados, fisioterapeutas y sexólogos, quienes abordaron esta problemática desde el foco de sus respectivas especialidades, sin poder —naturalmente— sustraer cada área del enfoque integral. Porque el punto de partida es, fundamentalmente, la salud física y mental, base de todas las demás posibilidades, a lo que se suma, en muchos casos casi de forma excluyente, la realidad socioeconómica de cada persona o pareja, un factor omnipresente ante las demandas adicionales que conlleva la vejez.
Señala en este sentido la profesional sanducera que uno de los ejes centrales fue la psicogerontología crítica, una perspectiva que aborda los procesos de envejecimiento desde los derechos humanos y cuestiona los estereotipos tradicionales asociados a la vejez, destacando que se trabaja desde un lugar que garantice los derechos de las personas mayores, entendiendo que, a la vez, se trata de una construcción social en permanente cambio.
Trajo a colación, además, la importante participación de los Centros de Día en la atención a la tercera edad, en el marco de un trabajo interdisciplinario y en red, que incluye disciplinas como educación física, psicología y educación social, y que articula asimismo con instituciones del territorio como la Intendencia, Ajupe, el Mides y los servicios de salud.
Señaló también que, pese a los avances logrados en todos estos años, lo que se hace —aun siendo de gran importancia— resulta insuficiente para el presente, y que la perspectiva a futuro es todavía más problemática, dado que la tendencia al envejecimiento poblacional es irreversible, no solo en Uruguay sino en todo el mundo, aunque con diferente velocidad según los países.
Tiene razón la profesional cuando advierte que uno de los grandes desafíos no es solo institucional, sino también cultural, y que está relacionado con la inserción del pasivo en la sociedad, a quien a menudo se subestima en sus posibilidades y capacidades. Explica que “el prejuicio es pensar que dejan de ser parte del sistema productivo y pierden autonomía”, cuando en realidad “hoy vemos personas de 65 años con una vida muy activa”, algo prácticamente impensable pocas décadas atrás.
A la vez, destaca que “la vejez no es una sola; hay tantas vejeces como personas. No podemos pensar propuestas homogéneas, porque no a todos nos gusta lo mismo ni queremos vivir esta etapa de la misma manera”, y subraya que la clave está en respetar la autonomía y el derecho a decidir, incluso en aspectos sensibles como los cuidados y el final de la vida.
Desde Pasividades observamos también cómo las asociaciones de pasivos son una pieza clave de la participación individual desde una forma asociativa en estas distintas “vejeces”. Porque, a pesar de la diversidad, se asumen responsabilidades comunes y se generan ámbitos para desarrollar actividades sociales y de diversa índole, que constituyen la savia que potencia una vejez activa, lo que redunda positivamente en el estado general de las personas mayores y contribuye a mantenerlas, por más tiempo, al margen de los consultorios de salud.
Las reflexiones que surgen de este compendio —necesariamente parcial y limitado— de la problemática de nuestros abuelos indican que el abordaje debe hacerse desde una visión integral de la persona, desterrando prejuicios y asumiendo, a la vez, que todo ciudadano, sin importar la edad, más temprano que tarde será parte de este envejecimiento poblacional que plantea tantos desafíos, sobre todo en el plano previsional, pero también en el de la integración social.
Recordamos datos proporcionados por la presidenta del Observatorio de Vejez, Envejecimiento y Seguridad Social, Jimena Pardo, que indican que en nuestro país son 892 las personas mayores de 100 años con pasividades del organismo, de las cuales el 83,3 % son mujeres y el 16,7 % varones. La mirada de la jerarca pone el énfasis en el aspecto previsional y señala que las expectativas de vida promedio a partir de los 65 años se han incrementado significativamente: de 15 a 20 años en el caso de las mujeres y de 12 a 16 años en los hombres.
Pero, como señalábamos, está de por medio la realidad social asociada a la ecuación económica, y es mucho lo que se puede hacer desde la comunidad —cada uno desde el lugar que le toque, y con apoyo institucional cuando lo haya— para que crezcan las “vejeces” con mejor calidad de vida. Ese es, en definitiva, el verdadero desafío que se nos plantea en esta etapa de nuestra historia.