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EMPRESAS Y DERECHO: Otra mirada sobre el futuro del trabajo
En la presente entrega vamos a compartir con nuestros lectores un artículo de la economista Uta Dirksen publicado en el año 2019 y en el cual se mencionan realidades y desafíos que, como veremos, se mantienen vigentes.
1. Interrogantes
Desde el inicio de su artículo, la autora se plantea algunas preguntas, las cuales –trascurridos siete años desde su publicación– aún permanecen vigentes: “¿Cómo será el trabajo del futuro en América Latina? ¿Será el fin del trabajo tal como lo conocemos? ¿Exportará el subcontinente aún menos productos industriales y más materias primas? ¿Aumentarán los niveles de informalidad? ¿Crecerá el número de personas afectadas por modalidades de empleo precarias? ¿O, por el contrario, se establecerán nuevos sectores que generen empleo de calidad para un número importante de trabajadores y trabajadoras que todavía no saben si podrán beneficiarse de los dividendos tecnológicos?”.
2. No es el fin del trabajo
Según este artículo, “estamos atravesando un momento de cambios tecnológicos, de modos de producción y de trabajo. Sin duda este proceso implica la destrucción, la creación y la mutación de puestos de trabajo. Las imágenes y los relatos utilizados para hablar de un futuro de robots, drones e inteligencia artificial invitan a imaginar un mundo de ciencia ficción. Se trata de utopías o distopías –según los puntos de vista– en las que el trabajo ya no es un dominio humano (…) Sin embargo, no parece tan cierto que el saldo de estas mutaciones en el mundo del trabajo vaya a ser tan inapelablemente negativo.
La autora señala que “por el momento, disponemos de datos muy limitados sobre el impacto del cambio tecnológico en América Latina, de manera que en los debates regionales se suelen usar los referidos a las tendencias globales. Escasean los estudios sobre los efectos que tendrán las megatendencias definidas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las economías nacionales, los mercados laborales y las sociedades latinoamericanas. No obstante, es posible afirmar que América Latina se verá afectada por los cambios en curso. En todo el mundo cambian las cadenas de valor internacionales, los procesos de producción, los tipos de trabajo y, por consiguiente, también la relación entre quien emplea y quien vende su fuerza de trabajo. Aun así, la idea de que la mayoría de los seres humanos serán plenamente sustituidos por robots pertenece al mundo de la ciencia ficción. El Banco Mundial señala que 67% de los empleos de América Latina podrían ser automatizados; sin embargo, es importante notar que se habla de un potencial teórico de automatización. No todos los empleos que pueden ser automatizados lo serán efectivamente. En algunos casos, los bajos costos del trabajo operarán en contra de la automatización; en otros, el límite será la escasa capacidad de adaptación e innovación de las empresas, los déficits en materia de infraestructura, cuestiones de escala o de calidad o las preferencias de consumo dominantes”.

3. Plataformas
Para Dirksen, “la tecnología, los sensores, la interconexión y las mayores velocidades de procesamiento de datos permiten un inédito control sobre los procesos de trabajo y las personas que los ejecutan. Esto conlleva la posibilidad de una mayor exigencia de eficiencia y de un aumento de la intensidad del trabajo. La sustitución de tareas rutinarias por procesos automatizados puede disminuir el tedio de algunas ocupaciones, pero en otros casos puede disminuir o eliminar los momentos de descanso, lo que aumentaría la carga y el estrés asociado al trabajo.
Es importante tener en cuenta que el cambio tecnológico no afecta solo a la industria avanzada y la economía de plataformas; no es únicamente cuestión de drones y de robots. El impacto de la digitalización, la interconexión y los avances tecnológicos será transversal e irá más allá de la industria y de las plataformas. La digitalización atraviesa casi todos los sectores de la economía, los servicios, la agricultura y la industria y se manifiesta de muchas maneras, algunas evidentes, otras más sutiles. Según estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), “las mayores pérdidas se pronostican para la industria manufacturera, la administración y la minería. En cambio, el informe mencionado identifica un potencial para la creación de nuevos puestos de trabajo en el comercio mayorista y minorista y en el sector del transporte, es decir, en sectores con niveles generalmente bajos de productividad y salarios reducidos. De modo que la principal amenaza no sería la agudización del desempleo, sino la extensión de los ingresos bajos y una mayor precarización”.
4. América Latina: vulnerabilidad
La publicación señala, asimismo, que “la estructura de la economía y del trabajo de América Latina difiere de otras regiones del mundo debido a la dependencia de la región de las materias primas y los productos agropecuarios, una industrialización concentrada en pocos países y un sector informal que ocupa en promedio a 48% de la población económicamente activa. El modelo económico actual de la mayoría de los países latinoamericanos apuesta principalmente a la exportación de materias primas y productos agropecuarios, es decir, exportaciones con bajo contenido tecnológico. Los puestos de trabajo se concentran sobre todo en áreas con baja calificación profesional. Es un hecho que en América Latina existen fuertes déficits en materia de educación y formación profesional.
Para lograr un “buen trabajo” del futuro en América Latina, los países del continente deben adaptar sus modelos económicos a las nuevas realidades y apostar –sobre la base de políticas de innovación y educación– a la expansión de los sectores que sean capaces de generar un crecimiento económico sostenible y crear trabajo de calidad. Ese trabajo seguirá necesitando protección y regulación. Es central la lucha por el acceso a una formación y capacitación de buena calidad, y los sistemas de previsión social deben apoyar a quienes no encuentren un lugar en el mercado de trabajo”.
Dr. Rodrigo Deleón
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