La compleja situación del tránsito de ruta 90

Uno de los temas más complejos del tránsito vial es la convivencia entre los distintos vehículos que hacen uso de las calles, avenidas y rutas nacionales y particularmente de nuestro departamento. Con una frecuencia realmente preocupante se suceden accidentes en los cuales al menos uno de los protagonistas conduce una bicicleta y como resulta previsible, es siempre el que lleva la peor parte tanto por su fallecimiento como por las secuelas de las lesiones sufridas en esos eventos. A modo de ejemplo, en nuestro departamento es casi imposible ver ciclistas que usen casco protector de seguridad, a pesar de que la normativa vigente dispone que el mismo es obligatorio y que debe cumplir con determinadas normas técnicas debidamente reconocidas. El tema adquiere particular riesgo en el caso de los ciclistas que utilizan rutas con fines de entrenamiento deportivo ya que suelen formar pelotones que ocupan un mayor espacio en la vía de tránsito por la cual circulan automóviles, ómnibus o camiones a velocidad mucho mayores. La ruta 90 y el alto uso de la misma por distinto tipo de vehículos la ha transformado en un escenario de potenciales accidentes a lo largo de todo el año y no solamente en las épocas de temperaturas más benignas.
Todo ello debe ser considerado en el marco de un sostenido incremento en el uso de las bicicletas y del ciclismo amateur y profesional, especialmente como consecuencia de la pandemia causada por el COVID-19. En efecto, Unasev publicó en el año 2017 una “Guía para ciclistas” en la cual se expresa, entre otros conceptos, que “La bicicleta se ha convertido en uno de los pilares funcionales en la promoción de la salud en tiempos contemporáneos. Su uso favorece el ejercicio físico; su versatilidad evita los contratiempos y preocupaciones que generan los embotellamientos, al permitir un desplazamiento ágil; mientras que su impronta favorece el cuidado medioambiental. No obstante ello, el ciclista sigue siendo uno de los protagonistas más vulnerables en las vías de tránsito, según sean las dimensiones y complejidades del entorno en que se mueva. A este menester es fundamental asumir una conducta responsable al conducir una bicicleta; y así reivindicar los espacios como un vehículo más, de tal modo que este hecho sea leído por los demás actores del sistema de tránsito y así respetado”.
En mayo del año pasado, en una entrevista publicada en nuestro diario la edila nacionalista Martha Lamas se refería a la situación de ruta antes mencionada en los siguientes términos: “… quienes habitualmente transitamos por Ruta 90 en el tramo desde y hacia Esperanza, podemos ver dos situaciones potencialmente peligrosas para el tránsito. Por un lado, ese tramo es utilizado para la práctica de ciclismo. En solitario, de a 2 o 3 o en grupos de hasta 20, los ciclistas van y vienen por la ruta. Los grupos pequeños en general transitan sobre la derecha e incluso por la banquina; pero cuando se trata de ciclistas en entrenamiento de competencia ocupan más espacio, dado que en general no respetan el circular de a dos, que es lo permitido por la normativa de tránsito”, considera. Acota que la norma expresa claramente que “pueden circular por rutas nacionales, de a 2, e incluso señala que no deben ir por la banquina. Más allá de eso, en una ruta angosta como es la 90, se entiende que sí lo hagan. A ese riesgo que implica el movimiento en masa, se suma el hecho de que la mayoría no utiliza ropa reflectiva ni luces, con lo que con el sol de frente y también en la tardecita se hace difícil para los automovilistas poder verlos con la necesaria antelación para evitar sorpresas”.
Los riesgos que encierra la ruta 90 quedaron de manifiesto hace varios años cuando Milton Wynants, ganador de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 chocó con un camión que circulaba por la ruta 90. Este tipo de accidente no resulta inusual en una ruta que por su disposición geográfica (de este a oeste) enceguece a quienes circulan por la misma a primera hora del día o en las últimas horas de la tarde. No debemos olvidarnos que se trata de una ruta por la cual circulan unidades de transporte público colectivo, camiones varios, vehículos que se trasladan desde o hacia diversas poblaciones del interior departamental, a los que debe sumarse la existencia y funcionamiento de un establecimiento hotelero, del Golf Club Paysandú y de la Exposición Feria. Todo este movimiento se ha visto paulatina pero sostenidamente agravado por la radicación de diversas viviendas junto a la ruta, así como un sinnúmero de barrios privados. Así las cosas, las perspectivas son tan claras como preocupantes: en el futuro cercano el tránsito por la ruta 90 se verá incrementado de manera notoria y con ello aumentarán la cantidad y seguramente la gravedad de los accidentes. La ciclovía, inaugurada durante la administración del intendente Guillermo Caraballo fue un importante aporte para canalizar un gran porcentaje de la actividad deportiva en la zona, pero muchas de las bicicletas (especialmente las que circulan en pelotones) utilizan la ruta para sus desplazamientos. Esto se debe a que este tipo de senderos no son adecuados para entrenamiento, sino más bien son espacios de recreación.
A pesar de un panorama tan complicado, la solución para esta problemática no parece ser muy diferente a la que se aplica en otros países del mundo: mejora de la infraestructura vial, controles de velocidad y campañas de educación vial para lograr la concientización de todos los conductores involucrados con un solo objetivo: lograr una convivencia armónica entre quienes tienen los mismos derechos al uso de la ruta, pero que también son y deben sentirse responsables por su propia seguridad y por la de los demás. No se trata de una jungla en la cual se imponga “la ley del más fuerte” sino de un espacio común que tiene que ser concebido, adoptado y disfrutado a través de un concepto de comunidad en la cual todos tienen su lugar si cumplen con las normas en la materia pero también con normas mínimas de comportamiento y amabilidad vial. De todas formas, no es fácil hacer de esa ruta un lugar seguro para el ciclismo. Si se pretende reducir la velocidad de circulación del tránsito, debe tenerse presente que la calle no es un pista de entrenamiento para pelotones de ciclistas, sino una ruta nacional donde confluye el tránsito que llega de toda una región a la ciudad, y por lo tanto no parece razonable obligar a circular 15 kilómetros o más a paso de peatón.
Por lo tanto sería un buen comienzo ir por el lado de la concientización de los usuarios, que deberían ser conscientes que lo que está en juego es su propia seguridad.
Y a futuro quizás habría que pensar en gastos mayores, como una posible doble vía o una calle específica para el ciclismo de ruta, que requiere largas distancias para entrenar, del orden de las decenas de kilómetros.
Lo que si queda claro es que no existe soluciones mágicas para el tránsito de la ruta 90 y que cualquier mejora o solución deberán ser fruto de acciones coordinadas entre las autoridades nacionales y departamentales, así como de empresas de transporte de productos y de pasajeros, empresas radicadas en la zona, residentes y por supuesto, los clubes o grupos de ciclistas que la utilizan. Un esfuerzo colectivo necesario para mejorar la convivencia y la seguridad vial de una ruta de gran importancia en nuestro departamento.