Historia del mundo en 12 mapas

Editorial Debate (2014)
Jerry Brotton es un catedrático y cartógrafo inglés que desde principios de la década del 2000 ha venido publicando libros sobre la historia del mundo que han ido superándose en ventas sucesivamente.
Y que un historiador publique libros que sean leídos tanto como cualquier best seller puede no sonar a nada nuevo, pero que lo haga con la perspectiva de Brotton y tenga el éxito que tiene, sí es algo novedoso.
Porque si bien la mirada de Brotton se inmiscuye profundamente en la Historia, nunca deja su papel de cartógrafo de lado. Y es en “Historia del mundo en 12 mapas” donde con mayor claridad, o con mayor confusión si se quiere, se mezcla el historiador con el cartógrafo.
Lo que quiere hacer Brotton en este libro es repasar la historia humana desde la perspectiva de la cartografía o al revés, la cartografía desde la perspectiva de la Historia. Es que si un hallazgo fundamental tiene este libro es precisamente el de dar a entender que la historia del hombre sobre la Tierra está profundamente ligada a los mapas, o a la idea que tuvo y tiene de ellos.
Viendo hoy cualquier planisferio todos convenimos en que el mundo es así, que después de todos los descubrimientos hechos y confirmados ya hace siglos, no hay nada que nos diga que hay algo más que eso que vemos en cualquier atlas.
Pero quien piense así tal vez deba, y ya mismo, leer el libro de Brotton. Obviamente, si tiene una mente abierta capaz de ampliar los conocimientos adquiridos llevándolos más allá y dejando varias “seguridades” en el camino.
Ahora bien, lo de Brotton no es nada esotérico ni conspiranoico, su base es completamente histórica y científica, o, si se quiere más sencillez, apoyada en el puro sentido común. Porque la aclaración de que, al ver un mapa lo estamos viendo en una superficie plana, por lo que ya se está deformando la verdadera forma de la Tierra, parece obvia, casi infantil, y sin embargo, muy necesaria, ya que es muy fácil olvidarla en pos de la comodidad visual de observar un mapamundi como la cosa más real del mundo.
Claro que esa es solo la punta del iceberg para Brotton, que nos pasea desde los primeros mapas de la historia antigua con énfasis en el griego Ptolomeo y el árabe-español Al-Idrisi, que sentaron ciertas bases que aún hoy se mantienen en la confección de mapas, pasando por la “carta de Cassini”, que fue el mapa más detallado hecho hasta el momento, en ese caso, de Francia, hasta la “revolución” que supuso en la década de los ‘70 el de Arno Peters y hasta la actualidad, con Google Maps como el mapa definitivo y más “realista”.
Sin embargo, así como los primeros intentos de poner en una superficie plana la redondez del planeta, haciendo inevitables concesiones de forma y tamaño, Brotton no deja de observar que también en la aparente perfección tecnológica actual hay siempre detrás una mirada humana.
Y esa mirada humana inevitablemente distorsiona, pone énfasis, deja de lado, agranda o achica según sus intereses. Porque según Brotton no existe el mapa “virgen”. Todos han sido encargados por cierto rey, o para cumplir funciones con cierto imperio, o, en el caso de Google, hecho a medida de la mirada del hombre corriente, que tampoco está exenta de intereses.
De esta forma el autor nos lleva desde el asiocentrismo hasta el eurocentrismo para darnos de boca con la corriente revisionista, que tampoco tenía mucho de “realidad” y terminar con la tecnología ofreciendo al hombre de a pie el poder colaborar con la composición del mapa mundial.
En cada etapa Brotton nos lleva a la misma conclusión: el mapa ideal, el mapa perfecto, no existe, no es realizable. Es un ideal que se persigue, pero no se conseguirá jamás. La razón puede estar en que lo que pretende la cartografía es dar una imagen perfecta de lo imperfecto. O simplemente la incapacidad humana de ver algo en toda su pureza sin que interfieran los conocimientos y preceptos adquiridos.
La imagen del mundo como dilema irresoluble en un apasionante viaje por la historia del mundo y del hombre. Nada más inclusivo, si vamos al caso.
Fabio Penas Díaz