Opinión

Escribe Danilo Arbilla: Ya pasó y está pasando

Y si, no hay golpe más fuerte que el que provoca la caída de una ilusión. En materia de fútbol y mundiales ni que hablar. A mi me pone triste por mi bisnieto Felipe, tiene 7 años, los mismos que yo tenía cuando lo de Maracaná. No se me borra.
Eran los años aquellos de que “como el Uruguay no hay”.
Pero eso fue; ahora es otra cosa y hay que ocuparse de estas otras cosas; por sobre todo no dejar que los sueños se transformen en una forma de onanismo perverso, que nos hagan pasar por alto algunas señales, cada vez más repetidas y otra vez autoengañarnos con la esperanza de que en el 2030, en que se cumplen 100, será distinto, porque todo empezó aquí: en el Estadio Centenario y éramos los dueños de la pelota.

La realidad es una y es la que duele. Digan lo que te digan.
El presidente nos dice que no hay inflación, que la tenemos dominada, que es una buena noticia. Y lo es: pero la vida cotidiana dice otras cosas y la gente no entiende: se le hace difícil atar las dos moscas por el rabo: no hay inflación, la tenemos dominada pero es el país más caro del mundo. ¡Del mundo! Una lechuga que hace unas semanas valía 40 pesos ahora vale 59, y eso es difícil de explicar, y de entender. Los empresarios, que les duele, cierran, se achican o se van. Los inversores que están bien informados, y que rascan pa’dentro y con todo derecho, se cuidan.

Si alguien habla de “atraso cambiario” –que para muchos por ahí va la cosa, esto es, la explicación– desde el Ministerio de Economía y más desde el Banco Central te califican poco menos que de retardado. El presidente del BCU te dice que tener o ahorrar en dólares es mal negocio –que es de tontos, no te lo dice así, pero te lo da a entender– y va mas allá, te presiona, te induce y hasta como que te advierte que no es muy patriótico eso de salirse del peso para pasarse a dólares. Se dice que hay que explicarle al ciudadano común que depositar dólares –“dolaritos” digamos– no es negocio; no sé si también se le va a hablar de los eventuales riesgos de renunciar a su “seguro de cambio” y de si el BCU lo va a resarcir en el caso de que falle la recomendación.

Como si las dudas y miedos fueran pocos, la oposición va y te dice que el propio ministro de Economía tiene sus ahorros –la mayoría– en dólares y también el titular del BCU admite que, en parte, se maneja en dólares. ¿Pero cómo?
Si el dólar está barato, y en esto no hay confusión ni se necesita que vengan a decírtelo, viajar al exterior es más barato o comprar productos importados, por ejemplo. Y pasa lo que pasa. Si la cerveza importada esta más barata cambiás y las Fábricas Nacionales de Cervezas envían gente al seguro de paro, cierran plantas y consideran la eventualidad de no continuar en el país –en el que cada vez los costos son más altos– salvo como depósito, e importar cerveza de sus propias fabricas, elaborada en otras países de la región donde “los costos para operar” son menores. Uruguay lo único barato que ofrece son dólares.

La economía te ubica y se puede “guitarrear” poco. Por supuesto que si las Fábricas de Cerveza fueran del Estado –como la fábrica de portland–, ahí sí bajarían el precio de la bebida para competir y subirían en algo el de los combustibles, tomarían menos policías o le aumentarían el IASS a los jubilados. Pan para hoy y hambre para mañana.
Soñar a veces cuesta mucho.

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Sol, playa y competitividad

En el mes de mayo, la Cámara Uruguaya de Turismo (Camtur) se reunió con el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, a quien con posterioridad presentó una serie de propuestas orientadas a mejorar la competitividad, impulsar la inversión y consolidar al turismo como un sector estratégico para el crecimiento del país. Es una idea con la que la Cámara viene trabajando desde hace tiempo, a partir de datos sólidos que reflejan el impacto que tuvo el sector en los números de la economía nacional cuando alcanzó, en 2017, el récord en cantidad de visitantes. Pero el concepto no es exclusivo del sector privado, de los empresarios; el propio ministro Pablo Menoni, en su discurso de asunción, decía que el turismo tenía —tiene— el potencial de aportar los puntos de crecimiento en el PBI que el país necesita.

Este informe, presentado ante Economía y otros ámbitos del gobierno, fue elaborado como un insumo para el intercambio institucional y en él se abordan “los principales desafíos que enfrenta actualmente la actividad, entre ellos la pérdida de competitividad, la caída de la rentabilidad, las dificultades para atraer nuevas inversiones y la necesidad de fortalecer la promoción internacional de Uruguay como destino turístico”.

Se destaca allí que el turismo representa “entre el 6% y el 7% del Producto Bruto Interno, genera más de U$S 2.000 millones anuales y aporta más de 120.000 puestos de trabajo directos e indirectos”. Además, la cámara destaca que esta actividad tiene un impacto transversal sobre diferentes sectores, como la gastronomía, el transporte, el comercio y los servicios. El informe enfatiza la necesidad de consolidar al turismo “como una política estratégica de desarrollo, atendiendo su capacidad para generar empleo, atraer divisas, promover inversiones y dinamizar economías locales en todo el territorio nacional”, que es otra de las características del sector.

En una entrevista con Radio Uruguay, el presidente de Camtur, Fernando Tapia, repasó algunas de las medidas que sugieren como herramientas para conseguir estos objetivos y sentar las bases para un desarrollo a largo plazo del sector.
A modo de ejemplo de las medidas solicitadas y la respuesta desde el Ministerio de Economía, Tapia mencionó la devolución de IVA en gastronomía, “que es un tema muy relevante no solamente para la gastronomía, sino para la competitividad de todo el turismo uruguayo”. Se hizo un planteo para que el beneficio se extienda durante todo el año y que alcance al 100% del IVA, al igual que en alta temporada. “Nosotros estamos proponiendo que fuera durante todo el año y que no fuera un decreto como sale todos los años, sino que sea una ley, para que se quede establecido y eso se pueda promocionar en el exterior sin estar pendiente de que se haga el decreto cada año”, señaló.

El Ministerio, aunque estaba de acuerdo en sostener el beneficio durante todo el año, tiene la intención de que el descuento sea de nueve puntos de IVA —y no el 100% del impuesto— durante todo el año, incluyendo el verano. De todos modos, Tapia destacó la predisposición a escuchar al sector, intercambiar ideas “y tratar de llegar a consensos para que la competitividad, que es un tema tan relevante para el país y para el turismo en particular, sea algo que trabajemos en conjunto en el futuro”.

Ahora bien, este ejemplo de la diferencia entre lo que plantea el sector turístico y lo que está dispuesto a otorgar el gobierno —el Estado, a la postre— es un buen reflejo de la discusión de fondo que el país no termina de cerrar. Mientras el sector privado reclama que se afloje un poco más la cincha para poder trabajar y competir en mejores condiciones frente a empresas de países vecinos que han obtenido mejores condiciones de parte de sus gobiernos, en estados con menores presiones y reglas de juego más flexibles, en especial en las relaciones de trabajo, en Uruguay el Estado está en una fase de búsqueda de cada peso que pueda encontrar para tratar de acercarse —que no de cumplir— con los compromisos asumidos ante sectores de la población que desde el comienzo se sabían difíciles de concretar.

Es, al final del día, como el viejo dilema del huevo y la gallina. Porque quizás quitando presión sobre los privados y mejorando las condiciones de competitividad, el impacto que se obtendría en la recaudación podría llegar a ser el mismo por efecto de la mayor actividad y de la mayor ocupación, pero este es, por supuesto, un camino más largo. En cambio, la opción sigue siendo ir detrás del último peso que se pueda obtener de los que ya aportan, porque tampoco es que se esté haciendo un esfuerzo mayor por combatir la informalidad —que vive y lucha—. Lejos quedó aquel concepto del primer gobierno frenteamplista de que paguemos todos para que todos paguemos menos.

El turismo es uno de los sectores que más rápidamente transfiere su crecimiento al resto de la economía, por la diversidad de ramas de la actividad que involucra y por las características del trabajo que genera, con mucha presencia de jóvenes y de mujeres. La Cámara considera que el potencial del sur de Brasil es el de generar una cantidad de turistas similar a la que nos aporta Argentina, pero la mayoría de los millones de vecinos norteños ni siquiera considera hoy a Uruguay como una opción. He ahí una ventaja, porque una campaña para venir a conocernos podría dar un resultado interesante para sentar una base. Claro, ello implicaría hacer un determinado sacrificio al que hoy el gobierno no parece estar dispuesto: realizar una campaña con un impacto realmente relevante, porque esa es otra característica del turismo: necesita una inversión importante en difusión para esperar resultados.

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Solicitada: ¿Qué necesidad?

Una vez más tenemos que hacer mención al Vertedero Municipal y ahora a la licitación pública 25/2026 sobre la gestión integral de residuos sólidos urbanos del departamento de Paysandú, de reciente publicación en el portal de compras estatales. Lo primero que debo destacar, es que esta licitación tiene la intención de conceder a un privado la recolección de residuos de lo que denomina la Zona C, delimitada por las avenidas Salto, Soriano, Bulevar Artigas y el río, a un privado.

+Además de eso, pretende otorgar a los privados, otras acciones referidas a la recolección de residuos en otras zonas de Paysandú y también del interior departamental; el llamado incluye también la construcción de un nuevo relleno sanitario con una vida útil de 10 años, y un largo etcétera. Lo primero que debemos decir, es que este llamado se produce sin haber explicado Olivera y su equipo, qué fue lo que pasó con la experiencia Sandeco, y sin rendir cuentas a la población de la deuda que nos deja esta experiencia fallida de empresarios amigos.

En segundo lugar, en este interregno previo al llamado y para justificar el porqué de que Teyma esté gestionando el Vertedero, la IDP ha dicho que se le adjudicó ese encargo a la empresa porque ella fue quien salió segunda en la licitación por la que se eligió a Sandeco, y que por eso se la elegía hoy. Pues si bien eso en parte es verdad, fue la segunda de ese llamado, ahora no se la eligió por esa razón. Si le lee el expediente N.° 50/0434/2025 iniciado el 8 de diciembre de 2025, de allí emerge que fue Teyma bajo la firma del Ingeniero Luis Horta, quien le hizo llegar a Carlos Batista, director de la IDP, una propuesta técnica y económica para hacerse cargo del Vertedero, y que de la lectura de todo ese expediente en ningún momento se hace mención a que Teyma hubiera salido segunda en ninguna licitación.

Es más, de la Resolución por la que se le da la licitación en forma directa, emerge del propio intendente, que fue Teyma la que acercó una propuesta técnica y económica para hacerse cargo del sitio. Entonces, las cosas como son, no es verdad la versión que da la IDP; Teyma aparece por voluntad propia, uno no sabe si porque se enteró del asunto o porque el intendente le avisó, en su viaje a Europa, los problemas que había con Sandeco. Creo que hacernos trampas al solitario a esta altura del campeonato no es de recibo. Dicho esto, la actual licitación, la N.° 25/2026, también surge, no como una iniciativa de la IDP, sino que se lleva a cabo como consecuencia de que Teyma presentó una iniciativa privada al amparo del artículo 20 de la ley N.° 17.555, donde se supone que hizo una propuesta sobre la gestión de los residuos sólidos de Paysandú, iniciativa cuyo contenido desconocemos, al igual que todos los sanduceros.

Pues bien, una vez presentada esa iniciativa privada, es que la IDP lleva adelante la licitación de la que hablamos, entonces, repetimos, no es que la IDP veía como imprescindible realizar el llamado, lo hace porque la propia Teyma le presenta la iniciativa.
Obviamente que la iniciativa, cuyo contenido se desconoce, fue aceptada por la IDP, no sabemos en base a qué estudios técnicos, lo que implica que Teyma concurre a esta licitación con un 5% a su favor a la hora de valorar su propuesta. Ahora bien, más allá de todo esto, lo que debemos preguntarnos, es cuál es la necesidad de privatizar este servicio esencial de la IDP, qué es lo que lleva a Olivera a querer pagar a una empresa privada una suma que imaginamos millonaria, por hacer algo que es connatural a la existencia de la Intendencia.

Por ahora, no tenemos respuesta, como no la tuvimos con la experiencia de Sandeco y mucho menos con el pago de los 70 mil dólares mensuales a Teyma durante este proceso. Pero además de eso, nos preguntamos, por qué esta licitación no pasó por la Junta Departamental, ya que según el inciso 8.° del art. 273 de la Constitución Nacional, toda concesión de un servicio público departamental, debe pasar por la autorización de la Junta, cosa que en este caso no ocurrió.

Asimismo, en este llamado se interviene en el interior departamental, en un tema que por la ley de descentralización N.° 19.272 art. 13 numeral 7.°, es de competencia de los Municipios; hasta donde sabemos, a ninguno de los involucrados se los ha consultado.

Y uno se pregunta además, ¿qué hará la empresa concesionaria con los funcionarios que hoy están destinados a la recolección de residuos entre las avenidas antes señaladas?; ¿los va a tomar, hará un llamado?, y si pasa esto, qué hará la IDP con estos funcionarios; y Adeyom ¿qué opina sobre este tema que los involucra directamente, balconeará una vez más cuando los derechos del funcionario están en juego? En fin, un conjunto de cuestiones que siguen en agenda porque Olivera no sabe qué hacer con el tema, como no lo supo hasta ahora, y vuelve a tropezar con la misma piedra, confiando en los amigos empresarios para que le saquen las castañas de fuego, y de paso hagan sus pingües negocios. Lo del título: ¿Qué necesidad?

Federico Álvarez Petraglia

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Una cachetada

La frase “Es la economía, estúpido” (en inglés original “The economy, stupid”) la usó en 1992 por primera vez James Carville, estratega de la campaña presidencial de Bill Clinton contra George Bush (padre). La empleó a modo de recordatorio interno para que el equipo de campaña no perdiese de vista lo que, a su juicio, verdaderamente valoraba el votante “de a pie”, don José, doña María, traído al Estadio Centenario. La frase no ha dejado de ser empleada en diferentes circunstancias porque la idea es que resume el que se considera el factor decisivo a la hora de evaluar a un gobierno: el bolsillo, el empleo, el costo de vida.
“El Uruguay Impulsa para mí es una cachetada de realidad”. Esta frase la dijo la subdirectora nacional de empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Mariana Chiquiar, por primera vez en su intervención previa al sorteo, realizado en la referida cartera, de los algo más de 5.500 puestos de trabajo en todo el país. Luego la repitió en una entrevista en Radio Sarandí, donde amplió algo más el concepto, aunque ya desde el comienzo quedaba claro a qué se refería. Es que para quien está en un puesto tan relevante en el área de empleo estas cifras han de ser conmovedoras, igual que para todos, aunque con el agregado de cierto margen de responsabilidad.
“A mí, siempre digo que me conmueve, porque uno está trabajando todo el día en estas cosas y es verdad que son desafíos que son permanentes, pero cuando hacés una convocatoria de este tipo y se presentan 136.822 personas, como se presentaron, la magnitud del desafío es bien importante”.
La cifra no es disparatada, considerando, por ejemplo, que un llamado del Banco de Previsión Social (BPS) para cubrir 86 puestos para auxiliares administrativos en los 19 departamentos del país, con la exigencia de tener aprobado bachillerato, con un sueldo básico mensual de $ 63.132, más otros $ 19.003 de prima por alimentación y una carga de 40 horas semanales, tuvo en setiembre del año pasado más de 129.000 inscriptos.
En el caso de Uruguay Impulsa, con 5.500 puestos para realizar una experiencia laboral de cuatro meses de duración por un salario de tres BPC (unidades básicas de prestaciones), que son algo más de 20.500 pesos, para esos cupos la inscripción fue de 136.000 personas, que después de pasar por el filtro de los requisitos del programa —no tener ninguna prestación salarial ni pública ni privada, no cobrar subsidio por desempleo, enfermedad, pensión ni jubilación— quedaron en 121.000.
Esos algo más de 5.500 cupos “son un enorme esfuerzo de recursos por parte del Estado, porque lo son, porque esto implica más de 500 millones de pesos de un programa que tiene también un trabajo interinstitucional muy rico, muy interesante, que tiene un aporte de Rentas Generales importante, también un aporte de los gobiernos departamentales que costean el 20% de la prestación económica del programa y también del Inefop, que aporta todo el componente de capacitación”.
Entonces, como también decía Chiquiar previo al sorteo, es en sí una alegría poder hacer este esfuerzo para que esta cantidad de uruguayos y sus familias tengan la posibilidad de acceder a este impulso temporal y, en la medida que lo aprovechen, también de acceder a una formación que les permita contar con más herramientas para afrontar los desafíos. Pero no deja de ser una cachetada porque no deja de ser un paliativo y no una solución de fondo, y los números dejan en evidencia que tampoco es numéricamente una respuesta que satisfaga las necesidades de la sociedad. Y estos números de esta edición son superiores a los de ediciones anteriores e incluyen estas prestaciones formativas, que originalmente no eran parte del programa.
Ahora bien, más allá de este programa de inserción, en el tablero laboral no dejan de aparecer más que luces amarillas, y ni hablar si hacemos foco en algunos departamentos que históricamente han sido bolsones de desempleo crónico y otros, como Paysandú, donde en varios momentos de la historia quien quisiera trabajar no tendría dificultades para encontrar dónde hacerlo. Una realidad muy diferente a la de hoy día.
El país tiene problemas de inseguridad, no es descubrimiento alguno decirlo, especialmente cuando hace varios días venimos presenciando un debate sobre el rol que podrían tener los militares —o en este caso específico sus vehículos— en el control de la seguridad interna. Tiene además en estos momentos el gobierno problemas de confianza que se evidencian en una seguidilla de encuestas en las que la disconformidad no deja de crecer, mientras el presidente no termina de resolver un lío armado por él mismo —el de sus vehículos—, cuando ya se está metiendo en otro —un ministro que le sale al cruce en el anuncio de su estrategia de seguridad ciudadana—.
Pero en el fondo estas cosas quedan detrás cuando la principal preocupación es la de llegar a fin de mes, la de no saber qué va a ocurrir con el puesto de trabajo, o qué pasará cuando se termine el seguro de desempleo, si tardará mucho en aparecer otra oportunidad. El gobierno envió al Parlamento un proyecto de ley de competitividad que pretende mejorar condiciones para el desempeño de las empresas. Son procesos que pueden demorar un tiempo en mostrar resultados; hay además discusiones acerca de si las medidas propuestas son las realmente necesarias y si tendrán el efecto esperado. En cualquier caso evidencia una preocupación extendida entre el gobierno, porque sí, como dijo Chiquiar, esto que evidenció el llamado de Uruguay Impulsa es una auténtica cachetada de realidad.

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Seguridad hídrica

El reciente anuncio de OSE sobre el llamado a licitación para la construcción de la represa de Casupá representa una importante novedad en materia de construcción de infraestructura pública en Uruguay, que además toca un recurso estratégico como el agua.

La decisión, más allá de los diferentes posicionamientos políticos que ha habido sobre el tema, debe interpretarse fundamentalmente como el reconocimiento de una debilidad estructural que el país arrastra desde la crisis hídrica de 2023, que dejó claros los límites de lo admisible en el suministro de agua potable en Montevideo.

La vuelta a la alternativa de Casupá, demuestra que en materia de recursos estratégicos los tiempos de la gestión técnico-ambiental y los ciclos de la política electoral van generalmente por carriles peligrosamente desalineados.

El agua dulce, históricamente visualizada por los uruguayos como un recurso garantizado –y hasta infinito–, podría interpretarse hoy como una frontera crítica para nuestra soberanía nacional.

Los montevideanos en primer lugar, pero también los uruguayos todos, mantenemos clara la imagen de las canillas vertiendo un líquido intomable, salobre y también oscuro. La crisis del año 2023 no fue solo una consecuencia de una anomalía climática –la gran sequía– sino más bien el colapso de un modelo de abastecimiento que confió ciegamente en la generosidad natural de una sola cuenca hídrica para abastecer a la mitad del país residente en la capital. Y así, cuando el río Santa Lucía se redujo casi a un hilo de agua con mucho barro, Montevideo sufrió el impacto menos esperado.

Es necesario en este sentido, repasar la crónica de un debate que dividió las aguas del sistema político y académico nacional. La presa de Casupá, proyectada sobre el Santa Lucía Chico en el departamento de Florida contaba con estudios de viabilidad avanzados y una línea de financiamiento aprobada por la Corporación Andina de Fomento. Sin embargo, el cambio de administración en 2020 supuso un viraje hacia el proyecto Neptuno en la localidad de Arazatí, apostando a tomar agua directamente del Río de la Plata.

Este cambio no fue solo técnico, sino que generó una tensión profunda sobre el modelo de gestión y la asignación de los recursos públicos. El argumento central a favor de Neptuno se basó en la necesidad de contar con una fuente de abastecimiento geográficamente independiente de la cuenca del río Santa Lucía. No obstante, la comunidad científica de la Universidad de la República respaldada por el sindicato de OSE, señaló los riesgos de salinidad y la presencia recurrente de floraciones algales de cianobacterias en la zona de Arazatí.

Se sostenía que potabilizar el agua del Río de la Plata en esas condiciones requeriría un proceso químico y energético demasiado costoso sin ofrecer una garantía absoluta de pureza. La postergación de la obra fue sin lugar a dudas una pérdida de tiempo que el avance del cambio climático no perdona. Ahora, cual péndulo las decisiones políticas nos llevan de nuevo al punto de partida.

La “politización” de la discusión sobre el agua no es patrimonio exclusivo de los uruguayos ni un fenómeno aislado en el continente. América Latina, que tiene importantes reservas de agua dulce, ha sido también escenario de agudas disputas contemporáneas en torno a la gobernanza del agua, incluyendo episodios que van desde la resistencia civil a reformas constitucionales.

Uruguay fue pionero a nivel global al consagrar por plebiscito constitucional en 2004 el acceso al agua y al saneamiento como derechos humanos fundamentales, dictaminando que el servicio público debe estar exclusivamente en manos del Estado. Sin embargo, la experiencia regional muestra que el blindaje jurídico contra la privatización es el primer escalón de la soberanía. El caso de Bolivia es emblemático: tras la denominada “Guerra del agua” en Cochabamba en el año 2000, que expulsó a corporaciones multinacionales que pretendían mercantilizar incluso el agua de lluvia, la Constitución de ese país prohibió la concesión comercial y otorgó derechos jurídicos a la naturaleza. Sin embargo, la realidad boliviana presenta una gran contradicción ya que la falta de infraestructura de distribución y la contaminación derivada de la minería evidencian la incapacidad del Estado para el control de su territorio. Podría decirse que en este caso en alguna medida es peor la enmienda que el soneto.

Por su parte, Ecuador integró en la Constitución de 2008 el principio de “Buen Vivir” estableciendo un orden de prelación rígido donde el consumo humano encabeza la lista de los usos del agua, seguido del riego para la soberanía alimentaria, el caudal ecológico y, finalmente, las actividades productivas. En tanto, Chile, que bajo la dictadura militar implementó el modelo más privatizador de la región al separar los derechos del agua de la propiedad de la tierra, inició en 2022 un complejo proceso de desmontaje legislativo para devolverle al Estado su rol fiscalizador.

Atender estas experiencias ofrece un marco comparativo a tener en cuenta para evaluar la robustez de nuestras propias decisiones institucionales en torno al agua y, por otra parte, demuestra que la soberanía del agua se dirime también en la gestión del conflictos cotidianos.

Casupá añadirá una reserva de agua adicional al sistema uruguayo pero es necesario enfocarse también en el rol del Estado respecto a los usos del suelo de la cuenca del Santa Lucía, que se encuentra en un estado de estrés crónico y forma parte de una disputa entre el consumo humano de los más de 2 millones de personas del área metropolitana y las demandas de la actividad agropecuaria intensiva, los sistemas de riego lechero y la ganadería a gran escala, que son también el sustento económico de miles de uruguayos directa e indirectamente.

En este sentido, es necesario tener presente que no se trata solo de la cantidad de agua sino también de su calidad. Por eso, almacenar millones de litros de agua en Casupá exige también un control estricto de los escurrimientos de fertilizantes y agroquímicos que provocan el agregado de fósforo que produce la eutrofización y la proliferación de algas. Eso es parte del ordenamiento territorial que debe acompañar la previsión de sequías al tener en cuenta que el agua que fluye hacia las plantas potabilizadoras no nace en los laboratorios de OSE sino en los campos de Florida, San José y Canelones.

Por otra parte, diseñar y licitar nuevas represas para acumular agua dulce es parte de la respuesta necesaria ante la resiliencia climática pero es necesario también contar con recursos –seguramente millonarios– para reacondicionar la red de agua potable metropolitana y aumentar la eficacia del sistema.

La licitación de Casupá y todo lo que la antecede es también un buen ejemplo de la necesidad de marcar el final de los debates cortoplacistas sobre un recurso tan vital como el agua, el cual no puede seguir siendo gestionado bajo la lógica sectorial de los gobiernos de turno porque la seguridad hídrica no se construye solo con presas y embalses –que también provocan severos impactos– sino también con una política ambiental blindada de los vaivenes electorales quinquenales.

La protección de las cuencas, así como la inversión en redes eficientes y el respeto al consumidor humano por encima de la rentabilidad privada deben ser pilares de la gestión del agua, un activo fundamental de nuestra seguridad y soberanía nacional.

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Nuestros 116 años, en un Paysandú con nuevos desafíos

Más que celebrar un nuevo aniversario de un medio de comunicación, recordar los 116 años de trayectoria de EL TELEGRAFO lleva a reflexionar sobre el verdadero papel que cumple el periodismo en la construcción de una comunidad. La historia demuestra que un diario no es únicamente un registro de los acontecimientos cotidianos, sino también un espacio donde se expresan las aspiraciones, los debates y las preocupaciones de una sociedad que busca crecer sin perder su identidad.
A partir del 1º de julio de 1910, nuestro diario ha acompañado el desarrollo de Paysandú, siendo testigo de épocas de prosperidad, de crisis económicas, de conflictos y de profundas transformaciones sociales. A través de nuestras páginas han quedado documentados momentos que marcaron a generaciones enteras y que hoy forman parte de la memoria colectiva de los sanduceros. Esa función de preservar la historia y ofrecer un espacio para el intercambio de ideas sigue siendo uno de los mayores aportes del periodismo.
Sin embargo, el paso del tiempo también ha cambiado la manera en que la sociedad consume información. La inmediatez de las redes sociales y las plataformas digitales ha multiplicado las fuentes informativas, pero también ha dado lugar a la circulación de contenidos sin verificar y a una creciente desconfianza. En ese contexto, el desafío para los medios tradicionales ya no pasa únicamente por adaptarse a las nuevas tecnologías, sino por reafirmar aquello que siempre les dio legitimidad: el compromiso con la verdad, el rigor en la información y la responsabilidad frente a la comunidad.
Por contrapartida, mirar hacia el pasado con orgullo no debe convertirse en un ejercicio de nostalgia permanente, sino que cada generación enfrenta desafíos diferentes y tiene la responsabilidad de construir su propio futuro. Así como hace más de un siglo nuestros fundadores apostaron por crear un periódico para acompañar el crecimiento de Paysandú, hoy el reto consiste en seguir innovando sin renunciar a los principios que sostienen al buen periodismo.
La permanencia de un medio durante más de un siglo no puede entenderse únicamente como un logro empresarial, sino como el reflejo del vínculo que ha sabido construir con sus lectores. Esa confianza, cultivada a lo largo del tiempo, constituye el mayor patrimonio y, al mismo tiempo, la mayor responsabilidad. En una época donde la información circula con enorme velocidad y las opiniones muchas veces prevalecen sobre los hechos, el periodismo serio continúa siendo una herramienta indispensable para comprender la realidad y fortalecer la vida democrática de la comunidad.
Pecando de inmodestos, no podemos obviar que a la vez que celebramos nuestros 116 años de vida, también ostentamos el honor de ser el decano de la prensa nacional. Es un motivo de orgullo para quienes integramos esta casa periodística, para los sanduceros y para el periodismo uruguayo. Difícilmente sus fundadores, Miguel Baccaro y Ángel Carotini, imaginaron aquel 1º de julio de 1910, cuando salió a la calle el primer ejemplar, que aquel emprendimiento nacido del entusiasmo y la convicción de una generación de soñadores alcanzaría semejante trayectoria. Con la pluma como principal herramienta y el firme propósito de contribuir al desarrollo del terruño, comenzaron a escribir una historia que continúa hasta nuestros días.
A lo largo de más de un siglo hemos procurado mantener vivo el rumbo que ellos marcaron: ser la voz de las inquietudes, las esperanzas y las necesidades de nuestra comunidad, reflejando el sentir de los habitantes de Paysandú. Aquella ciudad que encontraba en el río Uruguay su principal vía de comunicación y sustento económico ha cambiado profundamente. Hoy el escenario regional y global condiciona buena parte de nuestra realidad y, paradójicamente, vivimos casi de espaldas al río que vio nacer a nuestra ciudad.
Lo que sí permanece inalterable son los principios que inspiraron aquellos primeros años. Aunque la sociedad ha experimentado profundas transformaciones, no siempre positivas, y el avance tecnológico ha modificado radicalmente la forma de producir y consumir información, EL TELEGRAFO ha sabido adaptarse a cada cambio, incorporando nuevas herramientas sin renunciar a los valores que han guiado su labor desde el comienzo.
El tiempo confirmó el acierto de quienes apostaron por un medio comprometido con el desarrollo de Paysandú. Desde estas páginas se impulsaron iniciativas, se acompañaron emprendimientos capaces de generar empleo y se promovió una visión de ciudad abierta a la región y al país, aprovechando una ubicación estratégica que siempre representó una oportunidad para crecer.
Más allá de los cambios tecnológicos, la verdadera diferencia ha estado siempre en el compromiso con la calidad informativa, la veracidad y la responsabilidad. Sobre esos pilares se construyó una trayectoria respaldada durante generaciones por lectores que encontraron en EL TELEGRAFO un medio cercano, confiable y representativo de la realidad sanducera.
Como protagonistas directos de la historia de Paysandú, también hemos acompañado la integración de sucesivas corrientes migratorias que enriquecieron la identidad local. Mujeres y hombres llegados desde distintos lugares encontraron en esta tierra un espacio para trabajar, desarrollarse y contribuir, junto a los sanduceros, a la construcción de una comunidad plural y solidaria.
Junto a ellos fuimos testigos y partícipes del florecimiento del Paysandú industrial que alcanzó su mayor impulso desde la década de 1940 y proyectó su fortaleza durante buena parte del siglo XX. Aquellos años dejaron una huella imborrable y consolidaron un perfil productivo que todavía permanece en la memoria colectiva. Sin embargo, el cierre de muchas grandes industrias obligó a afrontar una compleja reconversión, cuyos efectos aún forman parte de nuestra realidad.
Ese proceso de transformación continúa. Paysandú sigue adaptándose a nuevos escenarios, consciente de que no alcanza con mirar con nostalgia el pasado, por más valioso que haya sido. El verdadero desafío consiste en construir el presente con una mirada puesta en el futuro, aprovechando las oportunidades que ofrecen los nuevos tiempos sin perder la identidad que nos caracteriza.
Hoy los emprendimientos que sostienen la actividad económica son diferentes de aquellos que marcaron la época dorada de la industrialización. Tal vez no tengan la misma escala, pero contribuyen diariamente al desarrollo local y permiten que miles de sanduceros continúen aportando su esfuerzo para fortalecer el entramado social y productivo de una comunidad que felizmente mantiene intactos muchos de los valores heredados de generaciones anteriores.
Y celebrar estos 116 años significa reafirmar nuestro compromiso de siempre, apostando al futuro de Paysandú y de la región, respaldados por la confianza de nuestros lectores, que generación tras generación han acompañado este proyecto periodístico. Son ellos quienes hacen posible este esfuerzo cotidiano y quienes nos impulsan a seguir adelante.

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Una decisión lógica, ante subsidios al auto eléctrico de alta gama

La decisión del gobierno de revisar el régimen de beneficios tributarios para los vehículos eléctricos de alta gama constituye una medida razonable, tanto desde el punto de vista de la equidad fiscal como de una necesaria dosis de sentido común en el manejo de los recursos públicos. De acuerdo con lo expresado por las autoridades del Poder Ejecutivo, el objetivo es reducir el denominado “costo fiscal” que implican estas exoneraciones y destinar esos recursos al financiamiento del incremento del gasto previsto en la Rendición de Cuentas.
La medida supone que los automóviles eléctricos de mayor valor dejarán de beneficiarse con tasa de Imesi del 0%, estableciéndose nuevas franjas impositivas. En cambio, los vehículos eléctricos de menor precio conservarán intactos los beneficios fiscales, manteniéndose así el estímulo para aquellos segmentos donde el incentivo sigue siendo necesario para consolidar la transición hacia la movilidad eléctrica.
Se trata de una decisión que probablemente cuente con un amplio respaldo ciudadano. Durante años, quienes utilizan vehículos impulsados por combustibles tradicionales han soportado una elevada carga tributaria que financia buena parte del funcionamiento del Estado, mientras observaban cómo compradores de automóviles de lujo eléctricos accedían a importantes exoneraciones fiscales. Esa situación generó una evidente sensación de injusticia, ya que la mayoría de la población terminaba subsidiando la adquisición de bienes de consumo destinados a sectores de alto poder adquisitivo.
El subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas, Martín Vallcorba, explicó que esta modificación responde a un criterio estrictamente fiscal. El gobierno procura disminuir la resignación fiscal en aquellos sectores donde considera que el mercado ya alcanzó un nivel de desarrollo suficiente y que los incentivos dejaron de ser imprescindibles. Según adelantó, aproximadamente la mitad del incremento del gasto público previsto —unos 15,5 millones de dólares— será financiada mediante la mayor recaudación proveniente de estas nuevas franjas impositivas.
No obstante, la iniciativa no genera unanimidad dentro del propio gobierno. Mientras el Ministerio de Economía y centros de estudios como Ceres respaldan la eliminación gradual de estos beneficios, el Ministerio de Industria, Energía y Minería entiende que reducir los incentivos podría desacelerar el proceso de electrificación del parque automotor y afectar la estrategia nacional de reducción de emisiones contaminantes. Ambas posiciones no son necesariamente incompatibles. Es perfectamente posible continuar promoviendo la movilidad eléctrica sin mantener subsidios destinados a vehículos cuyo precio los convierte en bienes de lujo. El verdadero desafío consiste en orientar los recursos públicos hacia donde produzcan un mayor beneficio social y ambiental.
Precisamente ese parece ser el camino que procura recorrer el gobierno. Paralelamente a la revisión del Imesi para los automóviles eléctricos de mayor valor, también se analiza una futura reducción de las bonificaciones en los cargadores públicos, buscando un equilibrio entre la promoción de las energías limpias y la sostenibilidad de las cuentas públicas.
Los argumentos a favor de esta modificación no se limitan únicamente al plano fiscal. Diversos economistas sostienen que la resignación tributaria debería concentrarse en atender necesidades mucho más urgentes, como las políticas para la primera infancia, la atención de personas en situación de calle, el fortalecimiento de la seguridad pública o la mejora de los servicios esenciales. En un contexto de restricciones presupuestales, resulta difícil justificar que importantes recursos del Estado continúen destinándose a facilitar la compra de vehículos cuyo valor solo está al alcance de una minoría.
Debe recordarse que el crecimiento de los vehículos eléctricos en Uruguay fue posible gracias a una política deliberada de incentivos. Durante años, las exoneraciones tributarias cumplieron el objetivo de introducir una nueva tecnología en un mercado dominado por los motores de combustión, que son más baratos. Ese impulso inicial fue necesario y produjo resultados visibles. Hoy el parque automotor eléctrico crece sostenidamente y las ventas de modelos eléctricos e híbridos incluso han superado a las de vehículos tradicionales en determinados períodos. El propio ministro de Economía, Gabriel Oddone, señaló recientemente que ese éxito demuestra precisamente que los estímulos funcionaron y que, cuando un producto logra consolidarse en el mercado, corresponde revisar la magnitud de los beneficios fiscales que recibe. Mantener subsidios permanentes para un sector que ya alcanzó competitividad termina desnaturalizando el objetivo original de la política pública.
En este sentido, desde hace tiempo los estacioneros –principalmente propietarios de estaciones ubicadas en barrios habitados por una población de alto poder adquisitivo de Montevideo y Canelones– vienen observando una disminución del consumo de combustibles. Según la Unión de Vendedores de Nafta (Unvenu), una de las principales motivaciones para adquirir vehículos eléctricos ha sido precisamente la exoneración del Imesi y otros beneficios asociados, como la tasa arancelaria preferencial, menores costos de patente y tarifas subsidiadas para la recarga.
Su presidente, Daniel Sanguinetti, reconoció que el régimen cumplió su función durante la etapa inicial de desarrollo del mercado, pero entiende que ese objetivo ya fue alcanzado. De mantenerse las actuales exoneraciones durante todo el quinquenio, la resignación fiscal podría superar los 1.600 millones de dólares, una cifra que inevitablemente repercute sobre las finanzas públicas y genera distorsiones competitivas dentro del propio mercado automotor.
La transición energética continúa siendo un objetivo estratégico para Uruguay y nadie discute la necesidad de avanzar hacia tecnologías menos contaminantes. Sin embargo, esa transición debe realizarse con criterios de eficiencia y justicia distributiva. Resulta mucho más razonable concentrar los incentivos en el transporte público eléctrico, en las flotas utilitarias y en aquellos vehículos accesibles para amplios sectores de la población, donde el beneficio ambiental tiene un impacto colectivo mucho mayor.
Subvencionar la compra de automóviles eléctricos de alta gama difícilmente pueda justificarse cuando existen demandas sociales apremiantes. La política pública debe priorizar el interés general antes que favorecer consumos individuales de lujo. En ese sentido, la decisión del gobierno no implica abandonar la movilidad eléctrica —en tanto la promoción de tecnologías limpias seguirá siendo necesaria—, pero ello no significa que el Estado deba continuar financiando beneficios para quienes cuentan con capacidad económica suficiente para adquirir vehículos de elevado valor sin necesidad de subsidios.
Es decir, de lo que se trata es de administrar con responsabilidad los recursos públicos y evitar que el ciudadano común continúe financiando privilegios sin ninguna justificación económica ni social.

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Opinión

El desafío de gobernar el Mercosur

La presidencia pro tempore que Uruguay asume en el Mercosur comienza con una prueba decisiva: resolver la distribución de las cuotas de exportación previstas en el acuerdo con la Unión Europea. Tras 26 años de negociaciones, el mayor desafío ya no consiste en la firma del tratado, sino en su aplicación efectiva. La falta de consenso entre los socios del bloque para asignar los cupos de productos como miel, arroz y carne amenaza con empañar uno de los avances comerciales más importantes de las últimas décadas.
La discusión trasciende el reparto de toneladas. Lo que está en juego es la capacidad del Mercosur para actuar como un bloque integrado y ofrecer reglas previsibles a un acuerdo que involucra a más de 750 millones de personas y cerca del 20 % del producto bruto interno mundial. Antes de setiembre, los países deberán comunicar a la Unión Europea cómo distribuirán esas cuotas, un plazo que ha acelerado las negociaciones y dejado al descubierto las diferencias entre los socios.
No por casualidad comenzó a instalarse la expresión “ley de la selva” para describir la competencia entre los miembros del Mercosur por acceder a los beneficios del acuerdo. Mientras algunos sectores ya comenzaron a aprovechar la rebaja de aranceles —como la pesca—, el verdadero examen de la presidencia uruguaya será conducir una negociación capaz de transformar intereses contrapuestos en un consenso duradero.
A ese desafío se suman otros asuntos relevantes, como el futuro del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem) y el impulso de nuevos acuerdos comerciales. Sin embargo, ninguno pondrá tan rápidamente a prueba la capacidad de liderazgo y negociación de Uruguay como la resolución de las cuotas de exportación.
Los primeros antecedentes no resultan alentadores. La distribución de la cuota de miel, que se asigna trimestralmente, derivó en una fuerte controversia: las 1.250 toneladas disponibles quedaron íntegramente en manos de Argentina. Los países esperan que, a partir del 1.º de julio, se habilite un nuevo trimestre, aunque los productores uruguayos accederán a menos de la mitad del volumen disponible para lo que resta del año.
En el caso del arroz, ya se habilitó la cuota correspondiente a 2026, superior a las 6.600 toneladas, de las cuales Uruguay obtuvo el 63 %. Desde junio también rige la cuota para la carne vacuna. Sin embargo, será la Unión Europea la que licitará las licencias de exportación. El acuerdo prevé una cuota anual de 99.000 toneladas con aranceles reducidos de hasta un 20 %, distribuidas en colocaciones trimestrales.
Precisamente la carne concentra las mayores expectativas y también las principales diferencias entre los socios del Mercosur. El volumen habilitado para el período inicial resultó insuficiente y las posiciones nacionales continúan alejadas, pese a tratarse de un sector en el que todos podrían obtener beneficios.
Si este diferendo logra destrabarse, es probable que el resto de los productos encuentre un camino de consenso. Hasta ahora, sin embargo, el Mercosur vuelve a exhibir una dificultad que arrastra desde hace más de tres décadas: transformar intereses nacionales en decisiones comunes.
Los negociadores saben que la discusión es mucho más política que técnica. Cada país procura maximizar sus beneficios, mientras Uruguay intentará aprovechar su presidencia para consolidar el buen desempeño exportador y conducir una negociación especialmente compleja.
El otro frente de debate se centra en el Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem). Brasil cuestiona mantener su actual nivel de aportes y propone sustituir parte de ese financiamiento por proyectos de infraestructura fronteriza.
En ese contexto, Uruguay ocupa una posición poco frecuente. Además de ejercer la presidencia pro tempore del Mercosur, encabeza la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y el G77+China. Esa acumulación de responsabilidades representa una oportunidad para proyectar liderazgo diplomático, pero también una exigencia adicional en un escenario internacional cada vez más fragmentado.
Las asimetrías económicas vuelven a quedar de manifiesto en la discusión sobre las cuotas. Uruguay y Argentina proponen distribuirlas de acuerdo con el promedio de las exportaciones de cada socio hacia la Unión Europea. Paraguay reclama un reparto igualitario del 25 % para cada país, mientras que Brasil sostiene que el criterio debe basarse en la participación de cada economía en el comercio mundial.
Hasta ahora, Uruguay, Brasil y Argentina alcanzaron un principio de acuerdo para distribuir la cuota de carne vacuna correspondiente a las 99.000 toneladas previstas en el tratado, aunque todavía carece de un instrumento jurídico vinculante. La ausencia de Paraguay en ese entendimiento anticipa que este será uno de los principales focos de tensión durante la cumbre.
Uruguay propone avanzar en dos etapas: una solución transitoria para distribuir las cuotas hasta diciembre y, posteriormente, un acuerdo definitivo de largo plazo. Esa fórmula permitiría corregir un proceso que comenzó con evidentes desprolijidades y otorgaría previsibilidad mientras se negocia una solución permanente.
La posición de Uruguay, al frente de más de un organismo regional, le brinda una oportunidad singular para ejercer influencia diplomática más allá de su tamaño económico. Sin embargo, ese liderazgo dependerá menos de los cargos que ocupa que de su capacidad para construir consensos.
Montevideo vuelve a convertirse en un punto de encuentro para la política regional. La visita del presidente chileno José Antonio Kast, en el marco de su primera gira internacional, refuerza el protagonismo que Uruguay buscará ejercer durante este semestre.
La gestión uruguaya será evaluada, sobre todo, por su capacidad para encauzar la implementación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. La resolución de las cuotas constituirá el primer indicador concreto de ese desempeño. Pero detrás de esa discusión comercial también subyacen diferencias culturales y estratégicas entre quienes negocian desde Bruselas y quienes lo hacen desde el Cono Sur.
La lógica, muchas veces cortoplacista, que predomina en América del Sur contrasta con la visión de largo plazo que demandan inversores, industriales y productores europeos. La consolidación de cadenas productivas competitivas requiere previsibilidad y reglas estables. Solo así el acuerdo podrá desplegar todo su potencial. De lo contrario, Europa buscará otros mercados y otras alianzas. En un escenario internacional cada vez más competitivo, las oportunidades rara vez esperan a quienes demoran en alcanzar consensos.

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Opinión

Solicitada. La coherencia: esa extraña especie en extinción

Leyendo un diario local, sorprendió gratamente la postura de un edil oficialista que defendió a dos ediles de Montevideo enviados al Tribunal de Ética de su partido por votar favorablemente un préstamo –o, con mayor elegancia financiera, un fideicomiso– de 200 millones de dólares solicitado por el intendente capitalino del Frente Amplio.Y hay que decirlo: defender la autonomía de criterio y la libertad de conciencia es saludable. Porque si cada voto distinto termina en un tribunal, los partidos corren el riesgo de convertirse en academias de obediencia y no en espacios de debate.Hasta ahí, aplausos.Pero con el mismo respeto corresponde recordar que apoyar sin reservas toda acción del Ejecutivo departamental también tiene riesgos. Porque una cosa es acompañar una gestión y otra muy distinta es aplaudirlo todo, incluso aquello cuyos resultados están a la vista.Tomemos como ejemplo los “Senderos del Río Uruguay”, en el tramo Obelisco–Juan Carlos Henderson. Una obra presentada con bombos, platillos y renders de ensueño, incluso con la participación de una paisajista sanducera radicada en Europa. Todo muy internacional y sofisticado.

El problema es que la naturaleza tiene la mala costumbre de no leer los folletos publicitarios.Y así, donde muchos esperaban un paseo que realzara el río, aparecieron especies vegetales que, para el ciudadano común, se parecen más a yuyales de campo que a un diseño paisajístico de vanguardia. Tal vez el concepto artístico aún no haya sido comprendido por el resto de los mortales.Pero la vegetación es apenas parte de la historia. La carpeta asfáltica ya requirió reparaciones y algunos cordones presentan fisuras cuando todavía deberían lucir como recién inaugurados. Y aquí no hablamos de estética, sino del dinero de todos.

Porque las obras públicas no se pagan con aplausos ni discursos; se pagan con impuestos. Y cuando una obra necesita arreglos prematuros, surge una pregunta inevitable: ¿hubo problemas de ejecución, control o dirección técnica? El segundo ejemplo son las dársenas de 18 de Julio. La intervención eliminó más de treinta lugares de estacionamiento en pleno centro y, como compensación, se plantaron árboles que –según las mejores proyecciones– brindarán sombra dentro de cinco años.

Es decir: hoy se pierden espacios y, con paciencia, quizá el beneficio llegue en un lustro. Una inversión tan a largo plazo que algunos automovilistas tal vez la disfruten ya jubilados.Y si hablamos de normas, merece capítulo aparte la ocupación de veredas por parte de las automotoras. Mientras al ciudadano común se le exige cumplir ordenanzas y pagar tasas, algunas automotoras parecen habitar una dimensión paralela del derecho administrativo. Los últimos tres directores de Tránsito han observado el incumplimiento con una serenidad digna de monjes tibetanos. Veredas ocupadas, vehículos en exhibición y una ordenanza que existe, aunque pareciera haberse convertido más en literatura de consulta que en norma de aplicación.Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿las ordenanzas son para todos o existen ciudadanos de primera y de segunda?La coherencia política es una virtud admirable, pero exige medir con la misma vara los errores propios y ajenos. Porque en democracia la lealtad más importante no es con un gobierno ni con un partido.

La verdadera lealtad es con el contribuyente, que financia las obras, soporta las decisiones y espera –quizás ingenuamente– que cada peso público sea administrado con el mismo cuidado con que administra el dinero de su hogar.

David Doti

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Opinión

Paysandú ya no puede seguir esperando

La visita del presidente Yamandú Orsi a Paysandú, con motivo de la inauguración de la zafra citrícola, dejó una expectativa que ahora deberá traducirse en hechos. El mandatario afirmó que volverá al departamento después de las vacaciones de invierno con anuncios vinculados a inversiones de importancia. La promesa genera expectativas porque llega en un momento particularmente delicado para la economía sanducera, marcada por la pérdida sostenida de puestos de trabajo, el debilitamiento de la actividad industrial y la incertidumbre sobre el futuro de empresas que todavía sobreviven en un contexto cada vez más adverso. Paysandú atraviesa una coyuntura signada por el desempleo, la falta de nuevas inversiones y la dificultad para sostener el tejido productivo, lo que conforma un escenario que exige respuestas concretas y decisiones de fondo. No alcanza con diagnósticos reiterados ni con reconocer que el problema afecta también a otros departamentos del norte del país. Precisamente porque se trata de una situación estructural, las soluciones también deben ser estructurales.
Durante décadas, el interior profundo ha padecido las consecuencias del centralismo capitalino. La concentración de infraestructura, servicios, oportunidades y decisiones en Montevideo ha generado una brecha que no ha dejado de ampliarse. Para cualquier inversor, instalarse a cientos de kilómetros del principal puerto, del mayor mercado consumidor y de los centros logísticos implica asumir costos adicionales que muchas veces terminan inclinando la balanza hacia otras regiones o incluso hacia países vecinos. El denominado “costo país” afecta a toda la economía nacional, pero en el norte del río Negro ese peso resulta aún mayor. La distancia incrementa los costos logísticos, dificulta la competitividad y reduce el atractivo para captar capitales. A ello se suma una infraestructura que todavía presenta carencias y una ausencia histórica de incentivos realmente diferenciales para compensar esas desventajas.
Por eso, cada gobierno ha terminado heredando un problema que ninguno ha logrado resolver plenamente. Las políticas de promoción de inversiones —muy limitadas— no han contemplado las asimetrías territoriales. Resulta imprescindible avanzar hacia un régimen específico que otorgue ventajas concretas a quienes decidan instalar proyectos productivos en el interior del país, especialmente en aquellos departamentos que enfrentan mayores dificultades para generar empleo.
En este contexto, el proyecto de HIF Global representa mucho más que una inversión privada. Constituye probablemente la oportunidad de transformación económica más importante de la historia reciente de Paysandú y del país. Una inversión cercana a los 5.000 millones de dólares no solo tendría un impacto directo en la construcción y posterior operación de la planta de hidrógeno verde y e-combustibles, sino que generaría una cadena de actividades complementarias, demanda de servicios, desarrollo tecnológico y formación de recursos humanos altamente calificados.
No se trata únicamente de crear empleos directos. Un emprendimiento de semejante magnitud dinamiza el comercio, fortalece a pequeñas y medianas empresas proveedoras, impulsa inversiones inmobiliarias, mejora la infraestructura y posiciona al departamento como un polo industrial con proyección internacional. Son oportunidades que difícilmente se presentan dos veces.
Sin embargo, también es cierto que el proyecto enfrenta desafíos importantes. Uno de ellos es el costo de la energía eléctrica, un insumo esencial para la producción de hidrógeno verde mediante electrólisis. Uruguay posee una de las matrices eléctricas más limpias del mundo, con una generación renovable cercana al 99%, pero esa fortaleza ambiental no siempre se refleja en tarifas competitivas para proyectos industriales de gran escala.
Las negociaciones entre el gobierno, UTE y los inversores adquieren entonces un carácter decisivo. La diferencia entre concretar o perder esta inversión puede depender de lograr un esquema tarifario que haga viable la producción frente a otros países que ofrecen electricidad más económica y condiciones similares para el desarrollo del hidrógeno verde.
El presidente Orsi tiene, en este sentido, una oportunidad inmejorable para demostrar que el discurso sobre la descentralización puede transformarse en acciones concretas. Si en su próxima visita llega con definiciones claras sobre este proyecto, estará enviando una señal muy positiva tanto a los inversores internacionales como a toda una región que necesita recuperar la confianza.
Naturalmente, tampoco debemos caer en un optimismo ingenuo. El mercado internacional del hidrógeno verde ha evolucionado de manera distinta a la prevista hace apenas algunos años. Muchos proyectos anunciados con entusiasmo entre 2021 y 2024 se han retrasado debido al aumento de los costos financieros, la inflación global y las dudas respecto a la demanda efectiva del producto.
Sin embargo, lejos de significar un retroceso definitivo, el escenario parece estar ingresando en una etapa de mayor madurez. Europa continúa considerando al hidrógeno verde como un componente estratégico de su seguridad energética y de su política industrial. La necesidad de reducir la dependencia de combustibles fósiles, especialmente tras las consecuencias de la guerra en Ucrania y las crecientes tensiones en Medio Oriente, mantiene vigente el interés por desarrollar cadenas de suministro confiables provenientes de países políticamente estables.
Uruguay reúne varias condiciones que pocos competidores poseen simultáneamente. Además de su matriz energética renovable, cuenta con excelentes recursos eólicos y solares, estabilidad institucional, seguridad jurídica, disponibilidad de agua y una importante producción forestal que facilita el acceso al dióxido de carbono biogénico necesario para elaborar combustibles sintéticos de alto valor agregado. La propia Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde proyecta inversiones superiores a los 13.000 millones de dólares y la generación de más de 30.000 puestos de trabajo hacia 2040. Son cifras ambiciosas que solo podrán materializarse si proyectos emblemáticos como el de Paysandú logran superar la etapa de negociación y transformarse en realidades productivas.
Durante demasiado tiempo, el norte del país ha visto pasar oportunidades mientras la inversión y el desarrollo continuaban concentrándose en el área metropolitana. Cada cierre industrial, cada empresa que reduce personal y cada joven que debe emigrar en busca de oportunidades representan un costo social difícil de cuantificar.
Paysandú necesita recuperar la esperanza, pero esa esperanza debe apoyarse en decisiones concretas y no únicamente en anuncios. Nuestros gobernantes deben asumir y demostrar con hechos que apostar por el interior no constituye un gasto ni una concesión política, sino una verdadera estrategia nacional de desarrollo integral, que hasta ahora no se ha dado ni por asomo.

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Opinión

Solicitada. Reforma del proceso penal: el acceso y la igualdad de armas, tareas pendientes (iii)

La reforma del proceso penal en discusión sigue levantando posturas de varios operadores, los que, en nuestra opinión, esquivan el bulto a algunos temas urticantes. El primero es el tema del acceso a la justicia penal. Es real que cualquier ciudadano afectado por una conducta ilícita tiene abierto el camino a la denuncia en la seccional más próxima a su domicilio, pero también es real que, salvo en el caso de ciertos hechos, por notoriedad o por otras razones, la persecución penal dependerá de lo que decida una oficina denominada DPA (Depuración, Priorización y Asignación), que es la que asigna a cada fiscal las denuncias que llegan al sistema penal. Ni que hablar, si lo que se quiere es presentar una denuncia en Fiscalía, primero hay que agendarse y luego concurrir en día y hora fijada, cuando en el régimen anterior bastaba con concurrir en horario hábil al juzgado para presentarla.

¿Qué es lo que pasa con este paso previo de la DPA? pues que se puede estar esperando días, meses y un año para que dicha oficina asigne a un fiscal para entender en su denuncia. Aclaro, no se está en contra de que alguien controle la admisibilidad de las denuncias, es claro que el sistema penal no puede tramitar cualquier cosa, pero creemos que eso lo debería decidir el fiscal al que la denuncia le caiga por la fecha del delito, u otro criterio fijado por ley. Fiscal de carne y hueso con el que se puede conversar, discutir, e incluso, conociendo cómo piensa por adelantado, saber si con ese magistrado se puede tener o no buen fin con su denuncia.

Todo eso que relato, era lo que pasaba en el sistema anterior, tan criticado, donde una vez que se radicaba una denuncia uno concurría al juzgado y consultaba en qué estaba su asunto, y allí se enteraba de si se había archivado o estaba en trámite, a quién se citaba, etc. Esta posibilidad de que desde el interior uno pueda entrevistarse con un ser de carne y hueso para saber de su denuncia, no se da, tiene que llamar por teléfono para hablar con un funcionario, el que incluso le notifica a su correo electrónico si se dio archivo. Eso, si tiene suerte.

A esto se suma un tema nada menor, que es la investigación desformalizada que lleva delante el Ministerio Público.
En concreto no existe expediente, y eso es señalado por muchos operadores como un éxito de la reforma, yo diría que es uno de sus principales problemas. Me explico; hoy día para conocer la investigación preliminar que lleva adelante la Fiscalía, es necesario pedir la información, para luego ser agendado para retirarla llevando un pendrive, no pudiendo pedir el expediente para consultar, porque ese documento como tal, ya no existe. Aclaro, esto no es una crítica a los funcionarios de la Fiscalía, muy por el contrario, los funcionarios son un lujo, hacen perfectamente su trabajo, el tema es de aquellos que organizan la tarea (léase Fiscalía de Corte) y de los legisladores, que no prevén estas dificultades de acceso que debemos sufrir los operadores todos los días de nuestra vida cada vez que sancionan las leyes.

Asimismo, aunque el lector no lo crea, tampoco la Fiscalía ha sido organizada con atención al público de manera abierta, o sea, no se puede concurrir a Fiscalía, salvo si está citado o está agendado, a realizar un trámite, a preguntar por un asunto, pues las puertas de la misma permanecen cerradas y para ingresar debe tocar el timbre para ser atendido. Todas estas cuestiones indudablemente no deberían ser parte tal vez de una ley de reforma del proceso penal, pero no tengo dudas de que cualquier sistema penal que se precie de respetar el acceso a la justicia, debería poner sus ojos en estos temas, que hacen a la vida diaria de la gente, que es en definitiva para la que todos trabajamos. Asimismo, es claro que no existe igualdad de armas entre la defensa del imputado y la Fiscalía; es posible que eso esté bien como política criminal, pero no es posible vender un proceso adversarial sin que esto sea una realidad efectiva. Lo decimos por aspectos tan elementales como que la defensa no puede citar los testigos a su estudio para ser interrogados como lo hace la Fiscalía y para el caso de no concurrir conducirlos por la fuerza pública, la Defensa no tiene a todo el cuerpo policial integrado por la policía ejecutiva, la de investigaciones, la técnica, y un largo etc., para investigar la prueba de descargo en un asunto, ¿cómo es posible sostener que existe igualdad de armas, de condiciones para reunir la prueba de cargo como la prueba de descargo?

Es claro que esa igualdad no es más que una ilusión óptica que se vende como inherente al proceso de partes que se instauró en nuestro país en 2017. En definitiva, para llevar adelante una investigación penal, además del tesón, del muchas veces titánico esfuerzo de justiciables y defensas, en muchos casos, además, es necesario un abultado presupuesto para hacerle frente (pericias que hay que pagar, estudios, traslados, etc.); al respecto, cabe señalar que si uno observa el poder adquisitivo, el origen social de los reclusos de nuestras cárceles, percibirá que menos del 2% puede hacer frente a erogaciones de este tamaño, entonces, con todo este panorama, ¿seguiremos a la hora de plantear reformas alisando el rulo o enfrentaremos los reales y concretos problemas del proceso penal?

Doctor Federico Álvarez Petraglia

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Opinión

Escribe Ernesto Kreimerman: Nadie estaba interesado en que funcionara

El ciclo de Marcelo Bielsa en la selección uruguaya arrancó en 2023 con un contrato histórico y un fuerte respaldo de la AUF, pero también con resistencias internas. Salvo al comienzo, tuvo pocos partidarios. El plan tuvo una presentación “pública”, pero no fue realmente un plan: fue un proyecto que avanzó sin respaldos, expuesto a fricciones internas y sin amortiguación política. Nadie, fuera de Bielsa, asoció su nombre al ciclo.
Ni el proyecto deportivo ni, mucho menos, los dos asuntos más opacos en el mundo AUF: poder y dinero. Ni uno ni otro se manejan respetando principios de transparencia pública, algo que las normas deberían corregir a la mayor brevedad.
Contrato y apoyos
El 15 de mayo de 2023, la AUF confirmó a Bielsa como nuevo entrenador de la Celeste. El presidente, Ignacio Alonso, anunciaba que “no contratamos solo a un técnico; contratamos una idea de fútbol que puede modernizar nuestras estructuras” (El Observador). El contrato, cercano a los cuatro millones de dólares anuales —el más alto de la historia del fútbol uruguayo— fue justificado con el argumento de que “Uruguay necesita competir con herramientas modernas, y Bielsa es una de ellas”.
Bandos en pugna
La decisión abrió un intenso debate en el ambiente político del fútbol. El bloque oficialista defendía la apuesta como un salto cultural. Un dirigente cercano a Alonso declaraba que “no se trata solo de ganar partidos; se trata de cambiar la manera en que Uruguay entiende el juego” (El Observador).
En cambio, sectores opositores cuestionaban el costo y la idiosincrasia del rosarino. El debate fue más profundo que lo económico: era una disputa sobre la identidad, entre quienes buscaban modernizar y quienes defendían la tradición.
El debut oficial ocurrió el 8 de setiembre de 2023, con un triunfo por 3-1 sobre Chile en el Estadio Centenario. Bielsa relativizó el marcador: “El resultado es un accidente; lo que importa es la intensidad con que se juega” (El Observador). Esa frase fue interpretada como una declaración de principios: la forma estaba por encima de la estadística.
La dirigencia celebró el triunfo como una validación de su apuesta. Alonso afirmaba que “este partido no es solo un inicio de Eliminatorias; es el inicio de una nueva era para la Celeste”. En las tribunas quedó la sensación de que Uruguay había recuperado frescura y ambición.
Victorias sobre
Brasil y Argentina
El ciclo tuvo momentos de gloria. Uruguay venció 2-0 a Brasil en octubre de 2023 y 2-0 a Argentina en noviembre del mismo año, con goles de Darwin Núñez, Nicolás De la Cruz y Ronald Araújo.
Los jugadores se alinearon con el discurso del entrenador. Tal fue el caso de Federico Valverde, quien afirmaba por entonces que “la intensidad que nos pide Bielsa nos obliga a dar un paso más en cada partido”. La idea dominante era que Uruguay podía competir de igual a igual con las potencias regionales.
Protagonismo y polémicas
En Estados Unidos, la Celeste goleó 5-0 a Bolivia y eliminó a Brasil por penales en cuartos de final, antes de caer en semifinales ante Colombia. Bielsa convocó a Luis Suárez, lo que generó expectativa y debate. El veterano celebró en redes sociales: “Muy feliz y orgulloso de ser parte de una nueva Copa América” (AS.com).
Sin embargo, la interna comenzó a resquebrajarse. Agustín Canobbio denunció públicamente que Bielsa lo responsabilizó de una derrota y lo relegó a entrenar con sparrings (RTVE). La prensa uruguaya habló de un “polvorín” en el vestuario, con jugadores como Valverde y Bentancur cuestionando los métodos de entrenamiento (En Segundos Panamá). Aun así, el tercer puesto fue celebrado como un logro competitivo.
El ciclo de Bielsa fue presentado como un proyecto ambicioso que, pese a momentos de esplendor, terminó opacado por la eliminación y por la propia autocrítica del técnico: “Lo que yo le dejo al fútbol uruguayo es nada, porque sin resultados no hay legado”.
La declaración constituyó un acto de sinceridad poco común que, incluso, preservó su característica y a menudo incómoda parquedad. Cobra especial significación por el momento en que la formuló: apenas terminado el partido que selló la eliminación, todavía bajo la tensión del encuentro, no esquivó el tema. No apeló a la frase hecha —tan repetida que ha perdido valor— de que “el técnico es el responsable”.
Tampoco recurrió a la muletilla habitual con la que suelen cerrarse los fracasos de las dirigencias de la AUF:

  1. Se reconoce el problema y, con ello, se retira el asunto del foco.
  2. Se admite la consecuencia, sin analizar qué ocurrió ni por qué ocurrió.
  3. Se concluye con el ya clásico: “hay que mirar para adelante… y ya está”.
    En términos institucionales, el mensaje es otro: no habrá explicaciones, no habrá responsabilidades y no habrá información.
    Primero, opacidad: se convierte un problema estructural en un asunto privado, sin someterlo al escrutinio público.
    Segundo, impunidad: al no describirse el conflicto, desaparecen los responsables, las decisiones y las consecuencias.
    Y tercero, una operación de blindaje dirigencial: desplazar el foco hacia el cuerpo técnico y el plantel, mientras la dirigencia queda al margen de toda evaluación, pese a tratarse de un asunto central de gestión, de cumplimiento de objetivos, de gobernanza y de transparencia en el manejo de los recursos.
    Y entonces se impone, casi conspirativamente, una suerte de omertá: se “alinea a todos los patitos”, como se dice en el barrio, en el discurso público. Todo queda reducido a una cuestión interna, sin filtraciones relevantes, reemplazada por versiones difusas, caprichosas y, en general, falsas o fantasiosas; que no es lo mismo, pero es igual.
    No se trata, en absoluto, de un error de comunicación. Muy por el contrario, es un mecanismo de autoprotección institucional.
    Y fin…
    El proyecto Bielsa tenía una arquitectura clara, exigente y coherente. Su cumplimiento parcial o fallido no se explica por debilidades conceptuales del plan, sino por la incapacidad institucional para sostenerlo.
    La AUF aceptó un modelo de alta intensidad, autonomía técnica y renovación profunda, pero nunca generó las condiciones políticas, operativas ni comunicacionales para que ese modelo prosperara.
    La conducción dirigencial actuó bajo tres lógicas que terminaron erosionando el proyecto.
    La primera: la opacidad estructural. La AUF mantuvo su cultura histórica de reserva, silencios y manejo interno de los conflictos. Un proyecto que exige transparencia metodológica y trazabilidad de las decisiones no puede convivir con una dirigencia que opera bajo una lógica de blindaje y control del flujo informativo.
    La segunda: la impunidad operativa. La dirigencia no asumió costos políticos, no gestionó las tensiones internas, no protegió al cuerpo técnico y no intervino cuando el clima institucional se degradó. La autonomía técnica terminó convirtiéndose en aislamiento técnico.
    La tercera: la incapacidad de sostener un proyecto de ruptura. Bielsa proponía un cambio de paradigma: renovación acelerada, integración vertical, modelo de juego agresivo y una estructura técnica ampliada. La AUF aceptó el discurso, pero no la práctica. El resultado es el que hoy está a la vista.
    En síntesis, el proyecto Bielsa no fracasó por Bielsa; fracasó porque la AUF no estuvo a la altura del proyecto que contrató o, sencillamente, porque nadie estaba realmente interesado en que funcionara.

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Opinión

Escribe Danilo Arbilla: Orsi y Messi

El fútbol ( viernes 26 a la mañana) y las encuestas engendran el acertijo: ¿en qué se parecen y en que se diferencian el presidente Yamandú Orsi y Leonel Messi?
No son hábiles declarantes y se atribulan ante los micrófonos y en eso se parecen. Lla diferencia es que Messi hace goles. El presidente tiene que hacer goles, imponer y hacer valer la autoridad del cargo para el cual fue elegido, con hechos, con decisiones (goles son amores). Si no, su imagen continuará en caída libre: los datos de Cifra son descacharrantes. Hoy de cada 100 uruguayos 65 desaprueban la gestión del presidente y solo 20 la aprueban. En febrero eran 46 los que desaprobaban y aún la aprobaban 31.
Hasta la popularidad del presidente viene barranca abajo y era una de sus ventajas comparativas: su campechanía, la de un vecino mas, la de “canario bueno”. Hoy “la antipatía” escala al 52 %, más de la mitad de la población, mientras en febrero era de un tercio (36%). Aquel mes, en cambio lo veían con simpatía mas de la mitad (51%) y hoy los simpatizantes cayeron al 34%.
Y tal como va la cosa –y el “rumbo”–, puede empeorar. Podría mejorar, por supuesto, pero para ello Orsi, su gobierno, debe cambiar la pisada. ¡Debe hacer goles!; y debe evitar los goles en contra: sin arquero, con defensas que poco juegan para el equipo, ¿cómo evitar transformarse en un “colador”?. Con el ministro de Trabajo, Juan Castillo cuidando el arco, más Lustemberg y sus aprendizajes en la Cuba fidelista, y Lubetkin, tratando de tapar el cielo con el meñique con blancos fáciles (Bustillo, por ejemplo), es difícil salir.
Lo de Castillo sorprende: la pesca, la supervisión gubernamental previa de despidos, su desaprobación, ya antes de que lo designaran, del ministro de Economía Oddone, al que recurrió Mujica para no “asustar” a inversores y a empresarios; así no. Dicen los analistas que sin inversión, la que está quietita y expectante, la economía seguirá estancada: con baja de la demanda de trabajo y fuga o suspensión de tareas en más empresas; no es fácil. El tandem Castillo -Pit-Cnt, éste al mando de Abdala también del mismo partido (PCU) y con licencia gremial “ad infinitum” tiene los efectos destructores de un terremoto grado 8, por lo menos; decididamente se trata de la aplicación “salvaje” de la dialéctica marxista, leninista y stalinista: la de que “lo peor es lo mejor”. ¿Hasta dónde piensan llegar? ¿hasta cuándo Orsi lo va a permitir?
Castillo olímpicamente desautoriza o le falta el respeto al presidente: no le gusta lo del portaaviones, lo de los
vehículos militares y su PCU apoya dictaduras y a terroristas, complicando el equilibrio de la política externa. ¿Qué imagen se da con ello? Si Castillo discrepa con todo ¿por qué no renuncia? ¿por qué Orsi no lo saca? La gente se pregunta, los empresarios y sus asesores, los inversores y sus consejeros se lo preguntan: ¿cuál es el arreglo? ¿“quien manda”?: ¿el MPP, absoluta mayoría en el FA por decisión de sus votantes, o los “cuadros“ y la disciplina de esa pequeña “nomenklaturita” compuesta por una minoría fanática y bien regimentada? ¿El MPP le tiene miedo al PCU? ¿En el MPP quién lidera?, Orsi elegido en la internas y por mayoría popular, o esa multiplicidad de “anotados”, que se creen hábiles declarantes y sabelotodos.
Con tantas “pifias” es difícil evitar goles en contra y mucho más hacer alguno a favor. Hector Rodríguez tenía razón: ya se los contaré una semana de estas.

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Opinión

La década perdida

Por razones de organización de las redacciones, cuando este artículo llegue a sus manos —a sus ojos— ya tendremos claro qué suerte corrió la celeste, pero en momentos en que se está escribiendo no está disponible esa información: todavía faltan unas 24 horas para el comienzo del partido. Así que puede que esté sumido en un enorme entusiasmo, si es que hemos obtenido la clasificación a la segunda fase del Mundial, o que por el contrario esté inmerso en una marejada de reacciones como consecuencia de la prematura eliminación.

Pero el tema en el que deseamos poner foco hoy es muy otro que el fútbol: es un muy interesante artículo firmado por Indermit Gill, el economista jefe del Banco Mundial, quien por un lado plantea un escenario muy sombrío para la economía mundial —no debería sorprender a nadie este análisis a estas alturas— y una serie de tendencias que podrían habilitar un futuro alentador para las economías en desarrollo, a partir del informe Perspectivas Económicas Mundiales del Grupo Banco Mundial.

El título del artículo es “Tres tendencias que podrían abrir paso a una década dorada para las economías en desarrollo” y la frase inicial es de esas que merecen ganarse un lugar en la memoria. “Salvo que ocurra un milagro, la década de 2020 será exactamente lo que presagiaba su ominoso comienzo: una década perdida, no solo para un par de casos atípicos, sino para decenas de economías en desarrollo”. Y es que sí, desde ese año el mundo no ha parado de ir de mala noticia en mala noticia, entre enfermedades y guerras. Gill señala que es “uno de los períodos más intensos de crisis mundiales desde los años setenta”, en el que casi la mitad de las economías en desarrollo no ha logrado avanzar desde 2019 “en el cumplimiento de la promesa más básica del desarrollo: reducir la brecha de ingresos con las economías más prósperas del mundo”, y pronostica que “para ver la luz al final del túnel, habría que esperar a la década de 2030”.

Claro, para ello faltan todavía cuatro años, y de lo que ocurra en este lapso dependerá en buena medida la suerte de la economía mundial en la década que viene. Pero adentrémonos en el análisis de Gill, para quien ese nuevo decenio, que está a un paso, “ofrece una oportunidad histórica que el mundo no puede permitirse desperdiciar”.

Las pérdidas de la década de 2020 han sido devastadoras —y todavía quedan cuatro años—. Para este año la previsión es que el crecimiento mundial caiga a su ritmo más bajo en casi 20 años: un exiguo 2,5%. “Para fines de 2026, una cuarta parte de las economías en desarrollo, un tercio de las economías de ingreso bajo y la mitad de las economías frágiles y afectadas por conflictos serán más pobres de lo que eran en 2019 en vísperas de la pandemia de COVID-19. Entre las 24 economías más pobres, 19 aún dependen de la asistencia extranjera para abastecerse de alimentos”. Para colmo de males, “el mundo rara vez ha estado tan poco dispuesto a mostrar un espíritu altruista como hoy en día”. Agrega Gill que la deuda pública de las economías en desarrollo subió a máximos históricos, y en contrapartida el crecimiento de la inversión privada en la década se desplomó a menos de la mitad en comparación con la de 2010.

Pero en su análisis el experto refiere a tres faros de esperanza que, de aquí a 2030, podrían sentar las bases para empezar a revertir la situación y convertir a la década por venir en “una era dorada para la creación de empleo y el crecimiento”.

Abre esta lista “la rápida adopción de la inteligencia artificial (IA) que, incluso si no llega a estar a la altura de las expectativas, impulsaría las tasas de productividad mundial por encima del promedio muy bajo de la década de 2020, según la mayoría de los análisis”. Agrega que las previsiones de los expertos del grupo son que si esas herramientas “se gestionan con acierto y se maximiza su potencial transformador”, el crecimiento mundial podría superar el registrado en la década de 2000. “En pocas palabras, la IA abriría paso a la década más próspera del mundo desde los años setenta”.

El segundo de estos faros que identificó el informe de tendencias es la seguridad energética, un aspecto que ha tenido grandes avances en nuestro país y que es realmente una oportunidad para la economía uruguaya, pero que en el mundo ha sido la causa de los dos grandes conflictos bélicos del decenio: las guerras en Ucrania e Irán.

“En la actualidad, la energía limpia representa dos tercios de todas las inversiones mundiales en energía. En 2025, la inversión global en energía limpia alcanzó un récord histórico de U$S 2,2 billones, superando con creces a los combustibles fósiles. En los últimos cinco años, la mayor parte del aumento del gasto en energía limpia —hasta el 70%— puede atribuirse a los importadores netos de combustibles fósiles que buscan reforzar su seguridad energética”. De esta forma, la energía limpia es una prioridad para el desarrollo mundial y podría impulsar el crecimiento económico en las economías en desarrollo “mediante la creación de empleos, la ampliación del acceso a energía asequible y el aumento de la resiliencia ante futuras conmociones”.

El tercero de los faros es el comercio regional, en un escenario en el que la globalización ha “perdido su lustre en algunas partes del mundo”, y el comercio regional está en alza, con un número de acuerdos en aumento que pasó de poco más de 300 en 2020 a casi 400 en la actualidad, representando el 60% del comercio mundial frente al 40% que era en 1990. Aunque parezca sencillo de sintetizar, el analista del Banco Mundial advierte que “materializar estos focos de oportunidades no será tarea fácil”. Cada uno de ellos enfrenta una serie de desafíos que dependerán de que las economías en desarrollo dispongan de las herramientas y del conocimiento necesarios, justamente este último un bien escaso y con poca predisposición a ser compartido por quienes lo poseen.

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