En la vorágine de estos últimos días del año pasó sin la repercusión que hubiese provocado en otro momento la presentación de un informe sobre salud mental en adolescentes y jóvenes uruguayos que realizaron en forma conjunta INJU, del Ministerio de Desarrollo Social, Mides, y Unicef, en el que se aborda pormenorizadamente la situación en la materia y con preocupantes conclusiones, lamentablemente. El informe en cuestión se titula “Panorama de la salud mental y bienestar psicosocial en adolescentes y jóvenes de 16 a 19 años desde el Panel de Juventudes de la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud (ENAJ)”.
El extracto que publica la página del Mides destaca que el informe “evidencia un deterioro progresivo de la salud mental de esta población y propone un abordaje integral del tema, no patologizante, pensado en clave comunitaria y de prevención”. Entre los participantes de la presentación estuvo el ministro Martín Lema, quien expresó su preocupación por los datos presentados, emanados de la encuesta realizada en 2022, de acuerdo con la cual “1 de cada 4 jóvenes se sintieron tristes o desesperados al punto de interrumpir por al menos dos semanas su rutina. Un 8% de ellos llegó a lastimarse, 12% pensó en quitarse la vida y 4% lo intentó” y estos datos muestran un crecimiento desde el 2018 (año de la encuesta anterior) a esta parte.
Adentrándonos en el informe, hay algunos elementos introductorios a considerar, como la descripción del concepto Salud mental de la Organización Mundial de la Salud, que refiere a “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, está en condiciones de afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Es decir, que no se limita únicamente a la mera ausencia de afecciones o enfermedades, sino que “abarca el bienestar emocional, psicológico y social”. Se explica que la encuesta “es un recurso fundamental para conocer a fondo dimensiones clave de la vida de adolescentes y jóvenes en Uruguay”. Una de las preguntas clave es: “Durante los últimos 12 meses, ¿alguna vez te sentiste tan triste o desesperado dos semanas seguidas, o más tiempo, que dejaste de hacer tus actividades habituales?”
Yendo al análisis de los resultados de la encuesta, se informa que “Casi uno de cada cuatro adolescentes de 16 a 19 años reportó haberse sentido tan triste o desesperado que dejó de hacer sus actividades habituales durante dos semanas o más en 2022. A su vez, el 8% se autoinfligió alguna lesión, es decir, se quemó, cortó o lastimó intencionalmente. Por su parte, el 12% consideró quitarse la vida y el 4% dijo haberlo intentado”.
Luego el informe va planteando algunas dimensiones para analizar si inciden en los resultados encontrados, por ejemplo tomando factores de género señala que “Las adolescentes mujeres, los y las adolescentes que no se sentían respetados por adultos y pares y las y los que experimentaron situaciones de violencia reportaron mayores niveles de malestar”. En cambio puntualiza que “Las sensaciones de tristeza y desesperación están presentes de manera similar en todas las edades entre 16 y 19 años, en Montevideo y el interior del país, y en las personas con ascendencia étnico-racial afro y no afro”. En cuanto al nivel socioeconómico “se observan algunas diferencias que, si bien son estadísticamente significativas, resultan de poca entidad”.
Abundando un poco más en el aspecto del género, señala que “la proporción de adolescentes que reportaron tristeza o desesperación es más del doble entre las mujeres que entre los varones” y plantea que “es posible que las fuertes diferencias entre mujeres y varones se expliquen, al menos en parte, por una socialización de género diferencial, que habilita que las mujeres puedan identificar mejor y expresar más sus sentimientos y emociones”, aunque de todos modos se identifica en el informe que “las mujeres adolescentes y jóvenes están más expuestas a algunos factores de riesgo en todos sus círculos sociales”, así como se manifestó que “Las adolescentes mujeres experimentaron más violencia psicológica y sexual” y que también reportaron “más dificultades para insertarse en el mercado laboral”. En este sentido, de acuerdo con los datos del reporte, “Un 48% de las mujeres que buscan trabajo no lo encuentran, proporción que desciende al 38% entre los varones”.
Otro factor que aparece destacado es el del entorno familiar y los adultos referentes. En este aspecto plantea que “prácticamente la mitad de los adolescentes que se sentían poco o nada respetados en su familia manifestaron haberse sentido tristes o desesperados. Esta proporción fue de 19% entre quienes se sentían bastante o muy respetados”. También se analizan en el informe –que está disponible en su versión completa en Internet– otros factores como la seguridad económica del hogar, el entorno del Centro educativo al que concurren y el vínculo con sus compañeros y docentes, así como la exposición al bullying y a situaciones de violencia.
Claramente que no es de ahora que la adolescencia es un período atravesado por muchas transformaciones personales y por impulsos varios asociados a las transiciones que se afrontan, sí, acaso, estos tiempos actuales han sumado una cantidad de elementos que han “ensanchado” las posibilidades de conflictos, por ejemplo la conexión con un grupo de pertenencia, pongamos por ejemplo a los compañeros de curso en el liceo, ya no se restringe a esas cuatro o cinco horas de clases, de pronto hay un grupo de WhatsApp al que están conectados las 24 horas y pueden ocurrir allí situaciones de violencia o de exposición. Y también hasta qué punto la promoción de la ideología de género no ha sido un motivo más de conflictos en adolescentes y hasta niños, que se encuentran abrumados entre la propaganda, sus reales intereses y el conservadurismo de la sociedad, creando fuertes tensiones que no son fáciles de asimilar. El mundo cambió.
Se cierra el informe con una serie de recomendaciones que está detalladas en el Manual para facilitadores de talleres con adolescentes y jóvenes, elaborado por el programa “Ni silencio ni tabú”, disponible en gub.uy/salud-mental-adolescente, que puede ser de utilidad tener a mano para quienes conviven con adolescentes, pero entre las cuales cabe destacar el diálogo franco, de calidad, y sin eludir asuntos complicados. Una vieja receta que sigue funcionando.
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