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La empresa forestal cumple con los estándares de seguridad e higiene

Marcelo Melogno es supervisor de tres frentes de cosecha en la empresa Ponsse que trabaja junto a la forestal Montes del Plata. “Mi tarea es la de elevar trabajo, supervisar e inspeccionar las condiciones de seguridad. A Montes del Plata le prestamos servicios porque compraron la maquinaria necesaria para la cosecha de árboles y nosotros tenemos talleres montados en el campo para mantener esas maquinarias trabajando los 365 días del año”.

Los turnos cubren el día de trabajo: “Durante el día tenemos tres personas que hacen el turno de 9 a 21 horas. En el campo están un mecánico y su ayudante y el otro turno hace lo mismo de 21 a 9. Las máquinas trabajan de 7 a 17, paran y vuelven de 19 a 7. Normalmente nuestro trabajo es cubrir con maquinarias, ocuparnos del engrasado mientras los operarios paran para comer. En ese tiempo desde las 17 hasta las 20, hacemos un mantenimiento preventivo”.

Con el fin de optimizar la tarea, la coordinación es necesaria. “Hay una coordinación de parte mía y la gente de Montes del Plata, con el trabajador para que se desempeñe siempre dentro de las reglas de seguridad. Además de mantener los repuestos en stock para solucionar un desperfecto lo más rápido posible”.

La forestal cuenta con harvesters y forwarders instaladas en los frentes ubicados en Algorta, Piedras Coloradas y Fray Bentos. “Mi día arranca a las 8 y sigue hasta las 18 y voy un día a cada frente, con reuniones mensuales con Montes del Plata para ver la marcha de los mantenimientos, los rendimientos, gastos y consumos. En la operativa del personal es un día bastante largo y para aprovechar los fines de semana, se hace un mantenimiento más exhaustivo”, asegura.

Melogno recibió capacitaciones en Uruguay y Argentina en el manejo de maquinaria. Con la empresa se desempeñan en los frentes mediante un contrato de trabajo por cinco año y a través de nuevos llamados a licitaciones, han renovado por un nuevo período de tiempo.

Protocolos en pandemia

Las camionetas trasladan diariamente a los operarios que viajan desde Paysandú. “Los trabajadores tienen los vehículos a su disposición y el frente que está en Fray Bentos, tiene una casa en Young para los operarios. Cada trabajador tiene un régimen de 5 días y descansan tres. Levantan la vianda y comen en el campo”.

En tiempos de pandemia, los trabajadores cumplen con los protocolos sanitarios. “Hay un control estricto, pero cada uno ha colaborado. Usan tapaboca todo el tiempo, mantienen las condiciones de higiene y están permanentemente comunicados ante la aparición de cualquier síntoma, con el trabajo en burbujas”.

Explica que “el resultado ha sido muy positivo porque no hubo grandes detenciones de las tareas. Incluso cambió la operativa de las reuniones, que antes eran presenciales. Ahora se hacen por streamming, pero se sigue trabajando”.

O como lo resalta el eslogan empresarial: “trabajo en equipo y responsabilidad operativa”, con el fin de lograr la eficiencia.

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“La tierra siempre responde y nos dará frutos de todas maneras”

Constanza Schneider nació en el sur de Chile y vivió en el archipiélago de Chiloé entre sus 3 y 13 años. Cuando volvió a Uruguay, continuó en el campo y asegura que “no podría vivir en la ciudad”.

“Cuando me fui joven de mi casa, fui a vivir a una chacra detrás del parque y hace 29 años que me establecí en el kilómetro 11,500 de la ruta 90, donde tengo la chacra. Crío vacas y gallinas, hago quesos y la quinta. Vivo con dos de mis cinco hijos y el menor, que tiene 20 años es mi colaborador. Estudia Agronomía, pero como este año las clases son virtuales, empezó el tambo”.

Sin embargo, define que su “pasión” es la elaboración de quesos. Tanto como para instalar “La casa de los quesos”, muy cerca de su casa en el kilómetro 8,800. “Fue una idea surgida en la pandemia para evitar venir a la feria y empecé a buscar un lugar para vender mis productos, además de la producción de otras mujeres del sur del país. Vendo distintos tipos de quesos y alimentos y ahora veo que era necesario porque no hay almacenes cerca”, señala a EL TELEGRAFO.

La reconversión en tiempos de dificultades fue necesaria y, a su vez, facilitó su trabajo diario. “Antes tenía que hacer todo: desde vender a ordeñar y eran 16 horas de trabajo. Siempre andaba a la carrera y ahora estoy más tranquila. Dejé de ordeñar a fines de 2018 y decidí comprar la leche para hacer los quesos. Estaba muy cansada”.

El diagnóstico que recibió poco después no le impidió disfrutar de lo que hace. “Sufro de fibromialgia, pero la voy llevando muy bien. Después que lo supe me quedé más tranquila y aprendí a convivir porque entendí muchas cosas de la enfermedad. Además tengo artrosis y me dificultaba andar en el barro. Nada de eso me impidió viajar y volver a Chile, donde me había criado. Un lugar precioso”.
La buena aceptación de sus productos permitió una expansión de su producción. “Ahora no me alcanza la leche y tengo que volver a producir. Me gusta la idea y este año me ayuda mi hijo. El año que viene contrataré y acá, con 7 hectáreas, el proyecto es hacer un ordeñe y el queso solo de mañana”.
Es que en la tarde retorna a su emprendimiento. “De mañana tengo una colaboradora en el almacén y de tarde voy yo. Tengo un enorme agradecimiento a mis clientes que viven en la zona y también llegan desde Paysandú. Siempre sentí el apoyo de la gente que me permite vender mi producción y de otras productoras, porque conozco el origen de lo que vendo”.

[caption id="attachment_125570" align="aligncenter" width="680"] Su producción de quesos.[/caption]

SU PROYECTO

Explica que “se demoró la aprobación de un proyecto para regar una hectárea de alfalfa. Tengo un pozo muy bueno, hecho por Prenader (el Programa de Manejo de Recursos Naturales y Desarrollo del Riego dependiente del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca) y me permitirá hacerlo. Pero desde el punto de vista del caudal necesito 3 hectáreas. Desde que estoy acá, es la primera vez que recibo ayuda institucional”.
Recuerda que “antes, siempre tenía que tener el capital primero para que devuelvan la inversión y es imposible hacerlo con capital de giro. Ahora dan los recursos para empezar, con la presentación de las boletas y se paga el 20 por ciento”.

Schneider relata que “siempre fui hincha de la alfalfa. De las pocas cosas que se pueden regar, son la alfalfa y el maíz. Ahora tengo el Plan Inteligente de UTE que me permite hacerlo a las horas que beneficia el plan. Esta tierra es muy buena para la alfalfa y buen alimento para las vacas”.

En su espacio, “prácticamente trabajo en forma orgánica. Uso solo algunos agroquímicos, pero desde hace 5 años que no utilizo ningún fungicida, ni insecticida, ni herbicida. Cuando hay que eliminar malezas, le paso segadora o rotativa sin dejar que semille”. Y muestra su convencimiento en que “me va a durar menos tiempo si no uso herbicidas, pero no me importa. La tierra siempre va a responder y nos dará frutos de todas maneras”. En forma paralela, destaca las virtudes de la producción sostenible: “me dedico a otra forma de pastoreo. Se llama pastoreo racional Voisin. No estamos siempre en el mismo potrero y vamos dejando centímetros de vegetación para que ocurra la fotosíntesis. Rotamos permanentemente y la tierra se va abonando al hacer potreros más chicos. Esto ayuda a mejorar la materia orgánica porque cuesta muchos años recuperar un suelo mal trabajado”.

Pasión por lo que hace

Asegura que “siempre tengo ganas de hacer cosas. Porque también me gusta la vida social y a eso lo hago en el almacén, al vender en forma directa mi producción. Me apasiona hacer quesos. Además, creo que cuando emprendemos algo siempre ayudamos a otros”.

Porque entiende que el gusto por hacerlo está antes que otras cosas. “No necesitamos tanta plata para vivir y todos formamos parte de una cadena que es muy importante”.

Su rutina empieza a las 5.45, “y avanzo hasta el mediodía. A las 15 ya estoy saliendo para el comercio y vuelvo a las 20. La vida en el campo no es romanticismo y hay que trabajar haga frío o llueva, pero estoy agradecida”.

El cuidado de los insumos es, también, su clave del éxito. “A las vacas las cuido como si fueran mi familia y en eso mi hijo es igual que yo. Creo que los animales tienen sentimientos y cada uno tiene su característica. Incluso puedo decir que cuando tuve que cerrar el tambo, sufrí mucho esa decisión, pero ahora lo tengo nuevamente. Y tengo que reconocer que extrañaba ese trabajo”.

Explica que “siempre estoy encima de todos los detalles y si volviera a nacer, elegiría lo mismo porque valió la pena el esfuerzo. Antes no tenía nada, ordeñaba a mano y hacía el queso en la cocina. Hoy tengo todo y elaboro bajo las condiciones bromatológicas. La tecnología es maravillosa”.

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Culturales

Una vida de trabajo entre la remolacha y el tambo

Antonio de Souza es productor lechero y fue colono durante varios años. Su apego a la tierra lo lleva a rememorar en forma inmediata sus orígenes, en Salto, donde junto a su padre construían ladrillos.

“La parte económica era horrible. Éramos varios hermanos para trabajar en el horno y nos daba para ir comiendo. Allí nos agarró la creciente de 1959. Fueron dos meses de lluvia sin parar y nosotros estábamos al costado del arroyo El Sauce”.

La histórica creciente cubrió el terreno: “No nos dejó nada”, dice contundente. “Pero mi padre era un buen quintero y hacía huerta. Ahí no había mucho porvenir y yo, había dicho que cuando cumpliera la mayoría de edad tenía pensado en irme a trabajar de empleado porque no había otra cosa”.

Pero su historia cambió en forma repentina. “Una noche, serían como las 10, estábamos con mis hermanos comiendo y cuando terminé resolví ahí mismo salir a la carretera rumbo a Paysandú. Seguí a pie hasta la comisaría en Daymán, donde hay un control de policía. Ahí me conocían por mi padre, el horno de ladrillos y porque andábamos en la zona con mi hermano, juntando bosta de caballo”.

Ese paisaje cambió con el paso de las décadas: “donde ahora son las termas, antes había solo campo. Llegué caminando al Control y los policías me dijeron que iban a conseguirme a alguien que me arrimara”.

Un camionero lo trajo a la ciudad. “El camión paró en la avenida Salto y nunca me voy a olvidar que lo primero que vi era la Paylana. Me bajé ahí y caminé hasta el kiosco policial. Le pedí al policía que estaba de guardia, que me dejara pasar la noche”.

Al día siguiente empezó su búsqueda. “Salí a buscar trabajo y empecé en la remolacha, en changas. Después me fui para Constancia, donde precisaban gente en un establecimiento. En ese lugar estuve 10 años trabajando y allí conocí a mi señora. Era un tambo muy grande y también trabajaba con la remolacha”.

Un cambio

De Souza recibió una propuesta que iba a cambiar su perspectiva. “Por aquellos años me propusieron que plantara remolacha, pero yo no tenía nada. Además, era empleado. Y bueno, en ese momento estaba apuntado en Colonización porque quería hacer algo más. Así comencé a plantar remolacha y empecé un tambo con tres vacas”, recuerda.

Explica que se inició, luego de trabajar “en el campo de mi suegro, don Carlos Aguilera”. Sin embargo, mantenía “la visión de tener una fracción, porque era la alternativa de agrandarme. Al poco tiempo apareció un campo en la colonia ‘Ingeniero Acquistapace’. Pasé de tener nada a arrendar 97 hectáreas de tierra”. Su familia cumplió un rol fundamental: “Me ayudaron mucho mi señora y los hijos, que ya estaban grandes. La remolacha anduvo muy bien por algún tiempo pero depende del clima. Además, teníamos el tambo y eso nos daba una garantía, porque todos los días teníamos la comida”.

Con la entrega de la tierra de Colonización, “dejé todo lo que hacía en campo ajeno y me dediqué a eso. Trabajábamos con el BROU, donde tenía un crédito para pagar unas vacas y un tractor. El primer año de producción en esa fracción, sacamos como 500 litros a mano y seguimos trabajando”.

Como tantos productores, valora el cuidado de los recursos para evitar los sobresaltos. “Nunca sacamos un crédito desproporcionado y que no pudiéramos cumplir. Si comprábamos 4 vacas, era porque teníamos 25 o 30 y para las herramientas, se compraba para ir cumpliendo con el trabajo”.

Se hizo chico

Las manos se fueron sumando para el trabajo y mientras se dedicaban al cultivo de la remolacha, también crecía el tambo. “Los hijos empezaron a crecer y se hizo chica la fracción. Un día salí con la idea de conseguir otro pedazo de campo para arrendar y me encontré con un amigo que me dijo que había uno para comprar. Me llevó a la colonia 19 de Abril y me mostró una chacra. En aquel tiempo se podían comprar unas 20 o 30 hectáreas. Pero esa chacra es de 45 hectáreas, se lo comenté a mi esposa y fuimos allá. A veces, las decisiones no son fáciles, pero se compró y se llevaron los animales para allá”.

Su afincamiento en la zona permitió conocer a las personas y estrechar su relacionamiento. “En medio de esta compra y de empezar a trabajar, salieron unos campos en arrendamiento por allí cerca. Nos arreglamos con el dueño y empezamos a incorporar campos en la Colonia 19 porque mis hijos trabajaban mucho”.
En una época fermental, “un vecino me dijo que quería vender. Eran muy buena gente y lo compramos con mis hijos. Al poco tiempo aparece otro pedazo de campo que fue sumando. Seguí arrendando otro campo por la zona y todavía teníamos el tambo en Constancia”.

El de la colonia, “estaba bastante mejorado por las pasturas. Pero ya no se plantaba más remolacha, porque era un cultivo que estaba cerrando su ciclo. Así empezamos a dedicarnos al tambo”.

Sin embargo, este relato resumido llevó varias décadas de intensa labor. “Hacer todo esto nos llevó 40 años. Mis hijos Gerardo y Daniel son los que dirigen el tambo. Manuel se dedicó a la arquitectura y Virginia cumplió un trabajo fundamental cuando nos tocaba ordeñar a mano”, dice sobre sus cuatro hijos.
A sus 78 años, “voy todos los días al tambo porque de este trabajo uno no se retira nunca. Y siempre que pueda voy a seguir andando”. Es que durante toda su vida se levantó a las 3 de la mañana, por lo tanto ahora, no puede quedarse en la cama más allá de las 4.

En la actualidad, la familia –entre los campos de propiedad y los arrendados–, trabaja sobre unas 800 hectáreas, en tambos que “siempre se cuidaron muchísimo y ahora más que nunca”.

Producen para Claldy entre 6.000 y 7.000 litros, pero recuerda que integró “la gran familia que remitíamos a Pili. Fue una de las etapas más difíciles que pasamos con el cierre”. Hoy, “con más de 1.000 animales, la idea que tienen los hijos es seguir agrandando”.

Al concluir su relato, De Souza tiene un claro recuerdo que siempre viene a su memoria y así lo destaca: “una bombilla para tomar mate fue lo que compré con mi primera changa en la remolacha. He tenido suerte de que todo ande bien, pero conseguimos muchas cosas con grandes dificultades. Nada se ha logrado de arriba”.

Y solo por un instante se detiene a mirar atrás: “A veces me paro un poquito y si me preguntan qué me gustaría cambiar del pasado, me voy a mis 18 años cuando estaba en el horno de ladrillo, con la lluvia sacando el barro en una carretilla que se atascaba y en medio de la oscuridad, donde no había nada”.

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“Una pasión” por el trabajo en el campo

Manuel Soca es un joven capataz en la estancia “Cerro del Bombero”, cercano a Capilla del Carmen, por la ruta 25 y su vida siempre estuvo relacionada a las tareas agropecuarias. “Mi abuelo tenía campo, luego vendió pero siempre estuve relacionado al medio rural. Soy técnico agropecuario y estoy acá desde hace 12 años”.

Explica que el establecimiento “maneja tecnología de punta para lana fina y súper fina. Es un gran establecimiento y se hace un buen manejo de la majada para lograr una mejor calidad. Tratamos de hacer un manejo extensivo y de tener la mayor cantidad de corderos posibles de cara al invierno, con la próxima parición”.

Asegura que “tener la majada sana para que produzca bien, lleva mucho trabajo”. Porque la tarea se lleva adelante “con procesos biológicos y sin horarios. Tanto sea cuando llueve, o si hay una parición en la noche”. La mejora continua exige un cuidado extra de los animales, posterior a la esquila. “Trabajo que desarrollamos normalmente con el ingeniero agrónomo Juan Bazzano, administrador del establecimiento”, agrega.

La tecnología ha ayudado a mejorar la genética, la comunicación y el transporte. No obstante, el estado de la caminería se vuelve fundamental para sacar la producción y realizar buenos embarques. “Desde Guichón a Piñera hay bitumen y desde ahí a la estancia es camino de tierra. De aquí a la ruta hay unos diez kilómetros y si tenemos que embarcar cuando llueve, hay que esperar. Todo depende del clima”.

En su generación, “todos los técnicos agropecuarios que salieron conmigo de la escuela agraria están en escritorios rurales. Pero yo seguí vinculado al campo desde el territorio porque estudié para esto. Para el manejo de animales y de la tecnología. Siempre he sido vocacional porque para mí, el trabajo en el campo es una pasión. Lo hago con gusto y volvería a elegirlo”.

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Culturales

“Covidiota”; la pandemia afecta hasta el idioma

Pocos pueden dudar a esta altura que la pandemia de COVID-19 marcará un parteaguas en la historia de la humanidad. La presencia global del virus ha ocasionado, además de los millones de muertes y problemas sanitarios, cambios de hábitos en la especie humana y entre ellos, cómo no, están los cambios en el idioma, y en este caso específico, en nuestro idioma español.
La Real Academia Española (RAE) incorporó un total de 2.557 nuevos términos en su última versión online de su diccionario, la actualización 23.4, muchos de ellos relacionadas directamente con la pandemia por COVID-19 generada a raíz del nuevo coronavirus surgido a fines de 2019 en China.
Y quizás la terminología más llamativa, entre varias curiosidades relacionadas con el virus SARS-CoV-2, sea la palabra “covidiota”, definida como “la persona que se niega a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la covid (COVID-19)”. Se trata, explica, de un término acuñado en inglés, en los Estados Unidos, para referirse a “los que no respetan las reglas del confinamiento y ponen a otros en riesgo”, explica.
“Covidiota” tiene su etimología en el “calco estructural del inglés covidiot, voz atestiguada en esta lengua desde 2020 en la prensa, y consignada ya en el Oxford Advanced Learner’s Dictionary (2020); y esta, a su vez, de covid e idiot”, señala la RAE en su portal.
Para este término en especial se describieron tres usos, el primero de ellos como sustantivo, de género masculino y femenino. En su resumen cita tres ejemplos de su uso, entre ellos la traducción de una noticia publicada por BBC Mundo en 2020, una traducción de la original en inglés. “Mucha gente se quitaba las mascarillas y deambulaba por los pasillos para hablar con otros”, relató. “Tan pronto aterrizó el vuelo, muchas de personas se quitaron las mascarillas inmediatamente. El vuelo estaba lleno de ‘covidiotas’ egoístas y una tripulación inepta a la que no le importaba lo que sucedía”, añadió.
Luego se define además su uso como adjetivo, atribuido a una persona que se niega a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la COVID-19. Se citan también tres ejemplos, uno de ellos del suplemento Levante, de El Mercantil Valenciano, de Valencia: “Por si faltaban chivos expiatorios este año, los medios, las redes y parte de este grupo de edad han contribuido a construir el estereotipo del joven hedonista y ‘covidiota’ que no está dispuesto a renunciar a nada porque –cree que– el virus no afecta a su salud”.
El tercer uso de esta palabra es también en forma de adjetivo, pero como algo “Típico o característico de un covidiota”. Y el ejemplo citado es una publicación de el diario El Universal de Ciudad de México, de diciembre del año pasado, titulado “Covidiotas fifí”, donde se expresa “hemos escuchado todos los días frases covidiotas, algunas con tufos religiosos, como si esta voraz pandemia se resolviera con la fe (‘Todos nos vamos a morir’; ‘Me muero cuando Dios quiera’; ‘Ya estará de Dios’; ‘La manda es la manda’; ‘Es más grande la devoción que la enfermedad’; ‘De algo nos tenemos que morir’; ‘Yo no creo en COVID, creo en la Virgen’), y entonces, ante esas imágenes y frases, a muchos les dio en las redes sociales por afirmar que la gente más modesta es la más covidiota, pero no es así: los covidiotas también son fifís”.
Entre la familia de palabras derivada, describieron “covidiotez”, a la que definieron como la “actitud o cualidad de una persona que se niega a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la covid”. Como sinónimo puede utilizarse también el vocablo “covidiotismo”.
Pero la cosa no queda allí, ya que entre los nuevos términos figuran muchos que aluden a la pandemia, entre ellos nuevas joyas lingüísticas como “coronabebé”, “coronadivorcio” o “coronaboda”, que siguen la corriente muy porteña de unir dos sustantivos para dar a luz un nuevo término (“motochorro”=moto+chorro, “choripán”=chorizo+pan, “metrodelegado”=metro+delegado), algunas incluso ya incorporadas por la misma RAE.
Pero que no se piense que esto es algo nuevo. La Real Academia está permanentemente incorporando nueva terminología a su diccionario, y esto se debe a que su cometido, lejos de lo que la mayoría piensa, no es ser una especie de policía del idioma, sino reflejar y explicar cómo se está usando el idioma español alrededor del mundo. Sin ir más lejos, y a modo de ejemplo, a fines del año pasado se anunció la incorporación del sustantivo “trol” (con una sola “l”) y el verbo “trolear”. La definición del primero dice: “En foros de Internet y redes sociales, usuario que publica mensajes provocativos, ofensivos o fuera de lugar con el fin de molestar, llamar la atención o boicotear la conversación”, mientras que para el verbo explica: “En foros de internet y redes sociales, publicar mensajes provocativos, ofensivos o fuera de lugar con el fin de boicotear algo o a alguien, o entorpecer la conversación”.
Asumiendo que así funcionan las cosas, en la medida que su uso se extienda, y a pesar de que no nos guste, no nos sorprenda que la RAE –tan ágil de reflejos– en un futuro termine abriendo sus puertas al uso del denominado “lenguaje inclusivo”.

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ADAP continúa con las actividades suspendidas

En Atención de Alzheimer Paysandú (ADAP) permanece cerrado el local de Washington 843, “mientras esperamos los resultados de la vacunación contra la COVID-19 que ha ido a buen ritmo entre nuestros asociados, según nos comunicaron sus familiares, y los voluntarios de la institución”, dijo a Pasividades su vicepresidenta, Marta Pasarello.

En tanto, continúan las actividades virtuales entre el equipo técnico y los usuarios. “Para ADAP es una alegría saber que podemos contar con ellos y que estarán protegidos. Mientras continúan las tareas que las sicólogas envían en forma virtual a los familiares y continuamos con la comunicación a través de las llamadas. Además, invitamos a las familias y los cuidadores a que planteen temas que les interesen para desarrollar en los distintos espacios que tenemos tanto en la radio como desde estas páginas. Incluso continuamos a través de nuestra página de Facebook Alzheimer Uruguay ADAP, por messenger, por WhatsApp o al 098848396 ”, agregó.

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Humanizar el trato hacia adultos mayores en los Elepem y hogares


La pandemia de COVID-19 visibilizó la situación de la población alojada en los establecimientos de larga estadía para personas mayores (Elepem) y a los residenciales propiamente dichos. En forma paralela, interpeló el relacionamiento de los adultos dentro de sus hogares y con familiares. La contingencia sanitaria permitió abrir las puertas para comprobar que existían situaciones de vulneración desde mucho antes, sólo que el coronavirus aceleró la mirada inquisitiva de la sociedad sobre cómo se trata a sus mayores.
El licenciado en sicología Diego Velázquez, reconoció a Pasividades que existe “un alto porcentaje de adultos mayores en casas de salud”. La soledad y el aislamiento necesario, por tratarse de una población de riesgo, “nos hace pensar que, en muchos casos, tiene que ver con el lugar que se le da a un adulto dentro del residencial”.
Explicó que son personas que atraviesan por “un cambio en su parte más identitaria y eso les genera una desidentificación y una desubjetivización. Es decir, no se toma la subjetividad e identidad de este adulto mayor y queda relegando a una visión puramente médica-clínica. Es la visión clásica de esa medicina paternalista que visualiza al adulto mayor como un reservorio de patologías y no como una persona con una identidad, una historia, un saber y un conocimiento”.
Velázquez aseguró que “en tanto no cambiemos esta perspectiva dentro de las casas de salud, los adultos mayores continuarán aburriéndose. Se da en muchos casos la alteración de orden anímico que le generan depresiones y consumos”.
Varias horas de ocio “los llevará al razonamiento de ‘ya me depositaron acá y paso a ser un cuerpo controlado, con la pérdida de autonomía’. Y no solo porque ya no puede hacer cosas, sino porque lo ven de otra forma”. Sin embargo, aclaró que “sin generalizar, es una postura que solemos tener, incluso desde el punto de vista profesional, cuando nos referimos a los residenciales con una perspectiva inquisidora. Vemos lo que hacen y lo que no pueden hacer por protocolos sanitarios que imposibilitan las actividades, más que antes”.
Los juegos y el relacionamiento social favorecen un tránsito por la vida más acorde y necesario, pero “se han dado estos cambios que relegan las cuestiones más subjetivas de las personas”.

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Ajupe mantiene atención a la salud y exhorta a cumplir protocolo sanitario

Ajupe continúa con la atención de la salud de sus asociados y la biblioteca, al tiempo que exhorta a solicitar información o presentar inquietudes a través del 47233989, con el fin de evitar la presencialidad ante la contingencia sanitaria.

La comisión directiva señaló que “en esta época de pandemia ofrecemos nuestro esfuerzo, seguros de superar esta instancia. Recuperaremos las actividades cuando corresponda y mantenemos la atención de la salud”. Los martes y viernes, a las 15, solo se realiza repetición de medicamentos y el servicio de enfermería, con los controles de presión y glicemia.

La podóloga atiende los miércoles, de 15 a 17.30 y los interesados pueden agendarse por el número de Ajupe. La secretaría atiende a los asociados de lunes a viernes, de 15 a 18. La comisión encara el mantenimiento del edificio central y proyecta el arreglo de los galpones en el Parque Ennio Fuccaro, “para darle un destino útil en beneficio de los socios y vecinos de la calle 15”.

Ajupe informa que, luego de la resolución de la última asamblea, “se fijará oportunamente la fecha de las elecciones en un tiempo adecuado, pues debemos proteger la salud de nuestros mayores. Las listas se pueden ir presentando a la comisión electoral ya designada en dicha asamblea e integrada por Leonardo de Souza, Ana Gonet , Teresa de la Vega y sus respectivos suplentes”.

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“Preocupa informe de la comisión de expertos” para las nuevas generaciones de jubilados, dijo Amaro

A fines de marzo la Comisión de Expertos en Seguridad Social (CESS) presentó su Informe de Diagnóstico sobre el sistema previsional uruguayo a Presidencia y al Parlamento. El equipo de trabajo comenzó sus reuniones el 5 de noviembre de 2020 y este documento es la primera parte del mandato establecido en la Ley de Urgente Consideración (LUC). La comisión, conformada por 15 miembros, no llegó a un consenso en los resultados del informe, en tanto fue aprobado con los votos del oficialismo –Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Ministerio de Trabajo y Ministerio de Economía, partidos de la coalición en el gobierno y presidente de la comisión– y la representación empresarial. Los votos negativos provinieron del Pit Cnt, la Organización de Jubilados y Pensionistas del Uruguay (Onajpu) y los tres representantes del Frente Amplio.

El director en representación de los pasivos en el directorio del BPS, Sixto Amaro, dijo a Pasividades que “se ha llegado a una primera conclusión. Es un diagnóstico y nosotros no estuvimos de acuerdo con el planteo del Poder Ejecutivo. Fuimos muy claros en los temas en que no tenemos coincidencia porque es un diagnóstico que no analiza el sistema como está planteado con las cajas bancaria, profesional, notarial, policial y militar”.

Explicó que “hemos planteado, sobre todo, el déficit de la caja militar que es alrededor de 500 millones de dólares anuales. En esa caja cobran unos 55.000 pasivos, de los cuales unos 10.000 perciben cifras muy elevadas. Esto tiene que estar incluido en la reforma del sistema. Sin embargo, ha sido soslayado”.

En forma paralela, la reforma plantea cambios en la edad para acceder a los beneficios jubilatorios. “Está muy bien que se discuta el nuevo mundo del trabajo, pero no hay un análisis del sistema y se hace un enfoque negativo de la gestión del BPS, que ha sido un auténtico prestador de seguridad social. Y si no, que lo diga el papel que ha jugado el banco en todo este tiempo de pandemia”.

Reclamarán aumento adicional en julio

En enero las jubilaciones recibieron un incremento de 7,57% y el representante de los pasivos en el directorio del BPS, Sixto Amaro, señaló entonces la insuficiencia de la medida, en tanto repercute en el poder adquisitivo de este sector de la población. Desde hace una década, la representación plantea la necesidad de un aumento especial en julio para las jubilaciones y pensiones mínimas.

“Yo pregunto quién puede vivir con 14.000 pesos por mes y más si, en este caso, hablamos de un adulto mayor con su familia. Es insuficiente y por eso, reclamamos aumentos adicionales como se vienen haciendo desde hace diez años”.

(Nota completa para abonados y en edición impresa)

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Con Carlos María Jalma: “cuando el comercio funcionaba a pleno con todas las fábricas que compraban en Paysandú”

A menudo, las conversaciones con nuestros mayores nos llevan a conocer al “Paysandú industrial”. Aquel departamento que tenía en pleno funcionamiento a verdaderos íconos de la pujanza sanducera a partir de la década de 1940. En ese entonces, la ciudad se ubicaba en un lugar privilegiado con las fuentes laborales, las transformaciones en las formas de producir y porque era la tierra elegida por otros uruguayos que llegaban en la búsqueda de un sustento.

Enumeran –sin olvidar– que Azucarlito, Paylana, Norteña, Paycueros, Ancap, el puerto y posteriormente Pili derramaban sus economías en la ciudad. Y lo hacían por los empleos que creaban y sostenían durante décadas, así como las inversiones efectuadas en sus infraestructuras, que permitían el impulso del comercio local. Ese circuito comercial se extendía más allá del centro, enmarcado en una época donde la oferta y la demanda se ampliaba y modernizaba.

Es el recuerdo que lleva a Carlos María Jalma a describir el movimiento que nacía en los accesos a la ciudad, seguía por las avenidas, se centralizaba en 18 de Julio y continuaba por Leandro Gómez. Allí donde por varias décadas estuvo Eléctrica Jalma Ltda., en la esquina con Setembrino Pereda.
Incluso era su barrio de la infancia porque había nacido apenas a una cuadra de distancia. “Nací en la casa paterna que estaba en Setembrino Pereda y 18 de Julio. Después de la escuela Nº8 y el Liceo Departamental empecé a trabajar, con 18 años, en la parte de contaduría de Norteña por unos cincos años. A partir de allí, trabajé por mi cuenta”, relata a Pasividades.

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El Oscar más austero, que mira el futuro con esperanza y cierta desconfianza

Han pasado 93 años desde que en 1929 “Alas” ganara el primer Oscar a Mejor Película, en una cena realizada en un hotel de Los Angeles, California. Un comienzo muy humilde. En 2021, el Oscar -a las producciones 2020-fue entregado en lo que parecía un pub construido en Union Station, en Los Ángeles. En un set, ni más ni menos.
La pandemia de COVID-19 también impacta en la industria cinematográfica y las fastuosas ceremonias de entrega de los Oscar de los últimos años este año apenas si generaron suspiros de nostalgia. Porque en ese pub en que se entregaron los premios Oscar, solo estaban los nominados y un acompañante de cada uno. Se entregaban dos o tres premios, se cortaba la escena (entraba en comerciales), se cambiaba el elenco de nominados y acompañantes y de nuevo a escena, para entregar otros dos o tres premios.
Incluso, por primera vez, había nominados en Londres, París y Sídney en contacto vía satélite. Y en el set central, los nominados pudieron ingresar solo después de realizarse tres pruebas de antígenos, pues no podían usar mascarillas.

Muchos medios de prensa no dudaron en calificar a la ceremonia en una aburrida, falta de interés. Es que en vez de miles de personas entusiastas reunidos en el Dolby Theatre, de las grandes producciones musicales en su espacioso escenario, todo quedó reducido a un set que de alguna manera recordaba al Rick Cafe Americain de “Casablanca”, aunque en lugar del piano de Dooley Wilson, musicalizó el DJ Questlove.
En realidad si, tuvo momentos muy aburridos, los nominados no sabían cuando aplaudir porque no estaban los carteles de “Applause”, algunos retornos de comerciales fueron casi sin sonido y hubo pausas eternas para una transmisión de televisión.

Pero, al mismo tiempo, fue una presentación de los Oscar profundamente honesta, porque Hollywood -sin fanfarria- dejó en claro que hay que mirar por el futuro del cine y de la diversidad en la industria. Uno de los principales motores del entretenimiento ha querido decir por qué sigue siendo relevante, cuando las salas de cine en muchas ciudades del mundo son solo un recuerdo vago para millones de personas.

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