Culturales

Por masivo ingreso a carreras de UdelaR en Paysandú el modo virtual seguiría aún después de la pandemia

Fueron 1.760 los estudiantes que se inscribieron para cursar carreras universitarias en la sede Paysandú del Cenur Litoral norte de la Universidad de la República, UdelaR. Los cursos ya han comenzado, y al menos por el resto de este semestre se desarrollan de forma virtual. El director de la sede sanducera, Líber Acosta, dijo que aunque la situación cambiase, no sería posible atender a la población estudiantil que tiene hoy la sede con clases presenciales.
“Hay ciertas cuestiones de la virtualidad que llegaron para quedarse, porque es imposible contener esa masa de estudiantes en un espacio físico”, afirmó.
La mayoría de estos nuevos estudiantes universitarios ingresaron en carreras relacionadas con la salud. Por un lado “en el CIO (Ciclo Inicial Optativo) Salud, que después se deriva en las carreras de Medicina y de Psicología, este año ingresaron 700 estudiantes; en la Escuela de Tecnología Médica (EUTM) ingresaron 600 estudiantes”.
La tercera carrera de mayor demanda, como es tradicional, fue la de educación física, el ISEF, con unos 200 nuevos alumnos.
Al día de hoy la sede de nuestra ciudad permanece cerrada, en cumplimiento de los protocolos, que determinan que para volver a funcionar se debería salir del nivel rojo en el índice de Harvard.

 

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Entregan semillas de hortalizas en el interior

La Dirección de Desarrollo Rural de la Intendencia de Paysandú realizó en nuestra ciudad la entrega de semillas de hortalizas a quienes se inscribieronel mes pasado a través de la página de la comuna y esta semana la distribución se realizará en localidades del interior del departamento, indicó a EL TELEGRAFO el director del área, Roberto Davyt.

“Viene encaminado lo de la agenda y la gente respondiendo a levantar la semilla, según se agendó los primeros días de este mes en la página web de la Intendencia. Había una agenda web, en la cual toda persona que tuviera la intención de hacer una huerta familiar, ya sea en el fondo de su casa, en canteros de bandeja, en un pedazo de tierra, en lo que fuere, tenía la posibilidad de levantar un kit de semillas, de unas 8 o 9 semillas de estación, para el invierno”, señaló.
Apenas dos días demoró en completarse la disponibilidad inicial, por lo que se amplió la compra de semillas para poder atender la demanda, indicó.

Luego de la distribución en el interior se continuará entregando semilla en Paysandú, “sería para el 10 de mayo, ahí vamos a entregar sin agenda web, porque ya no tenemos tiempo, a todas las personas; tienen prioridad quienes iban sacando en los años anteriores. Vamos a entregar todo lo que tengamos de kits”.

DEMANDA

n total se compraron semillas como para unos 2000 kits, dijo Davyt, fue una demanda importante. “La gente se ve que con la pandemia, que no puede salir mucho, y que lamentablemente muchos sanduceros han quedado sin trabajo, buscan en la huerta, en la quinta, aliviar la olla y aliviar el gasto de la familia, y muchos tienen también intenciones de seguir con esos emprendimientos”. Esta justamente es una de las inquietudes de la dirección, que quienes lo deseen puedan encontrar en la huerta familiar o en la huerta urbana, un espacio donde emprender.

“El Uruguay vive de la tierra, lo que tenemos es producción primaria, y hay mucha gente que podría tener la posibilidad de hacer de los cultivos de huerta una forma de vida, nosotros los vamos a impulsar, obviamente. Desde la oficina de desarrollo rural de la Intendencia tenemos esa inquietud”, afirmó.

La semilla se compra en plaza, “viene de a kilo o dos kilos, nosotros con los funcionarios de la dirección los empaquetamos en kits, para que la persona tenga la posibilidad de hacer variada la huertita”. Entre las variedades que se entregan, hay habas, arvejas, lechuga, zanahoria, acelga, rabanito, repollo y otras. A todos los solicitantes se les entrega el mismo kit.

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Uso residencial de leña es responsable del 60% de las emisiones perjudiciales

El Ministerio de Ambiente dio a conocer una serie de recomendaciones compiladas en un manual, acerca de la leña como recurso renovable, a efectos de promover su uso de forma eficiente, saludable y segura. A través de este compilado se acerca a los usuarios de leña “consejos prácticos sobre su uso en estufas y calderas, a fin de optimizar su eficiencia y minimizar las emisiones producto de combustión”. De acuerdo con la publicación oficial, la leña es el segundo energético más consumido en los hogares (detrás de la electricidad), y se usa básicamente para calefacción y cocción de alimentos. En el 56% de los hogares hay por lo menos una parrilla, un medio tanque, un horno a leña, que se usan de 3 a 4 veces por mes en el verano, mientras que el 54% utiliza estufas a leña, “quematuti” o calderas de leña en invierno.

En 2019, el consumo de leña a nivel residencial fue el 55% del consumo final en todo el país, aproximadamente un millón de toneladas de leña anual.
La leña más vendida en nuestro país es la de eucalipto en sus variedades globulus, grandis y colorado, aunque también se vende leña de bosque nativo (coronilla, espinillo, tala, etcétera) cuyo corte, tránsito, tenencia y comercialización, está reglamentada por la ley forestal N° 15.939 y el decreto N° 330/93.

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Espacio Cultural “Eduardo Piñeyro” será inaugurado con casi 20 talleres artísticos

El plantel docente de los talleres de Cultura de la Intendencia de Salto trabaja arduamente para acondicionar el lugar, aguardando poder retomar las actividades en el segundo semestre de este año. Desde el Departamento de Cultura de la Intendencia de Salto se está preparando la inauguración del Centro Cultural de relevancia a nivel nacional, el mismo llevará el nombre “Eduardo Piñeyro” en homenaje al docente y artista referente en el departamento y la región. Los talleres municipales cobrarán una relevancia mayor con calidad formativa y de certificación.

Pablo Ferreira Pinto, coordinador de Cultura, dijo a diario Cambio de Salto que “aquí vemos cómo se ultiman detalles para la puesta a punto del lugar. Esperamos en unos dos meses poder inaugurar este espacio que ofrece casi 20 propuestas de talleres en diversas áreas, todas dentro de Cultura de la Intendencia. Aquí vemos todo el trabajo en herrería, pintura, todo con el sello y el toque artístico de los mismos docentes. Para Salto y para el país, este será uno de los primeros y únicos centros hasta el momento con estas características. Nuestro objetivo es ponerlo a disposición del disfrute de todos los salteños”.

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Un nuevo programa cultural llega a las pantallas

A partir del 16 de mayo comenzará a emitirse Culturama, un programa televisivo que se emitirá por Canal 4 Cablevisión Paysandú, por Vera TV, por el sitio web de la empresa Infinity Producciones, y por distintas plataformas digitales. La propuesta busca ofrecer una alternativa audiovisual para el sector cultural de la ciudad, además de abordar diversos temas de interés general.

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Una empresa familiar referente en la cría de Angus, Corriedale y Criollos

El rol de la mujer en el trabajo agropecuario es protagónico. En general se dedican a las actividades inherentes a la producción de un emprendimiento, pero además al cuidado de la familia y la casa.

Es el caso de María Victoria Martigani, quien forma parte de una empresa familiar dedicada a la cría de Corriedale, Aberdeen Angus y Criollos, con participación destacada en exposiciones nacionales como el Prado, Paysandú y Guichón. O en el remate anual de sus reproductores, en octubre próximo.

“En la cabaña La Acacia, a 16 kilómetros al Norte de Guichón en la zona del paraje Santana, trabajamos mis padres, mis dos hermanos y yo, con colaboradores. Pero en la familia hacemos todo e incluso vivimos en el campo. Sentimos pasión por la cabaña”, asegura.

Hace 11 años regresó de estudiar. Es Técnica en Gerencia, pero “estamos dedicados de lleno a esto con mi hermano Octavio, que es Técnico Agropecuario. Siempre nos actualizamos y la tecnología nos permite estar más cerca de la ciudad. Nos capacitamos y hacemos cursos porque esto es lo que nos gusta”.
La pandemia cambió la operativa interna. “Antes, mi padre iba a Guichón por los mandados y las gestiones con los veterinarios. Pero desde que surgió la pandemia, mis padres ya no salen. Nosotros nos dedicamos a eso porque los cuidamos”.

Victoria forma parte de la tercera generación de cabañeros que empezó con su abuelo y recuerda que “antes era muy diferente. Incluso era distinto ir a Guichón a comercializar la producción”. Ahora la tecnología permite hacer los pagos por pantallas y la innovación “incluso aporta eficiencia porque se puede hacer lo mismo en menos tiempo”.

El día a día

Su jornada “arranca temprano, a la par de mi hermano y en conjunto hacemos la cabaña. Tenemos animales en preparación y esta semana estamos inseminando ovejas”. Al mediodía ayuda en las tareas del hogar y en la tarde se dedica a la siembra. “Todos los días hay varias tareas para hacer y si teníamos algo planificado, un imprevisto puede cambiarnos todo”. Actualmente realizan cultivos de invierno como raigrás y achicoria, “para el mejoramiento de diferentes categorías de toros y corderos pesados”. La Acacia es una cabaña destacada y al referirse a las acostumbradas premiaciones, asegura que cada una de ellas “representa el esfuerzo de mucho tiempo con un animal”.

Detalla que “por ejemplo, con un ternero se empieza desde el servicio a la madre. Se cuida durante la gestación y el parto. Allí empieza un trabajo que seguirá por mucho tiempo. Hay vaquillonas y toros que en octubre cumplirán dos años. Es mucho trabajo y dedicación”.
Explica que “la cabaña es un trabajo del día a día. Los animales tienen que comer a sus horas e incluso hay que observarlos mucho para saber por qué no quieren comer y ver lo que les pasa”.

Resume que “es una tarea que hacemos mi hermano y yo. Es muy específico y hay que estar en todos los detalles. Porque cuando llega la exposición, se muestra todo ese trabajo y el premio reconforta”.

Actualmente “tenemos 8 hembras en preparación y 5 machos. Veremos cómo llegan a la próxima Expo Prado, además de los toros que se venderán en el 10º Remate Anual de octubre”.

Con la mirada en esa meta, la familia desarrolla una tarea colectiva: “a los animales los seleccionamos mi padre, mi hermano y yo. Damos nuestras opiniones tanto para las exposiciones como cuando salen a la venta. Es un trabajo en equipo, pero está todo planificado”.

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El 34% de los niños estudiados sufren de “malnutrición por exceso”, según el PAE

El Programa de Alimentación Escolar (PAE) realizó una evaluación en base a la información relevada sobre el funcionamiento del servicio de alimentación escolar. El trabajo se llevó a cabo en dos grandes dimensiones: por un lado se estudió la calidad del servicio a partir de los componentes de calidad del menú, y por otro se estudiaron diferentes aspectos que hacen al nivel de satisfacción con el servicio de alimentación escolar por parte de los directores de las escuelas, los niños y sus familias.

La evaluación realizada desde el punto de vista nutricional, mide indicadores de la ingesta y de la salud de los niños en relación a la nutrición. Con esto se busca identificar la presencia, naturaleza y extensión de situaciones nutricionales alteradas, que pueden variar desde la deficiencia al exceso. Se realizan mediante indicadores clínicos, dietéticos, exploraciones de la composición corporal y exámenes de laboratorio que identifican las características que en los seres humanos se asocian con problemas nutricionales. En particular, para este estudio se llevó a cabo un relevamiento antropométrico, que incluyó la medición del peso, talla y circunferencia de cintura. Según el estudio, el 34 por ciento de los niños estudiados en las edades de nivel 4 de inicial (4 y 5 años de edad), 2° (7 y 8 años mayoritariamente) y 5° (10 y 11 años mayoritariamente), sufren de malnutrición por exceso. Vale aclarar que la “malnutrición por exceso” es una definición que surge de llevar una dieta desequilibrada en donde existe una falta de nutrientes o cuando la ingesta de alimentos se da en la proporción errónea.

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Día Internacional del Jazz llega a su décima edición

Como cada 30 de abril, se celebra hoy en todo el mundo el Día Internacional del Jazz. Esta celebración, que en 2021 llega a su décima edición, tiene como objetivo sensibilizar al público en general sobre las virtudes de la música jazz como herramienta educativa y como motor para la paz, la unidad, el diálogo y el refuerzo de la cooperación entre pueblos. Los gobiernos, las instituciones educativas y la sociedad civil que participan en la promoción del jazz aprovechan esta oportunidad para difundir la idea de que el jazz no es sólo un estilo de música, sino que también contribuye a la construcción de sociedades más inclusivas.

La fecha del 30 de abril como Día Internacional del Jazz fue proclamada por la Conferencia General de la Unesco en noviembre de 2011.

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¿Cómo te lo digo?

Por obvias razones, los seres humanos somos muy “visuales”, es decir nos valemos del sentido de la vista para la mayoría de nuestras acciones y hasta lo reflejamos en el uso del lenguaje al referirnos a los otros sentidos. Por algo, en pleno diálogo con otra persona son frecuentes frases tales como: “¿ves lo que te digo?”; “viste, te lo dije”; “mirá que suave tiene el pelo”; “¿viste qué rico está el almuerzo? Claramente al mirar el almuerzo no sabremos si está sabroso, pero seguro nos “entra por los ojos”.

Tanto ver y ver, que nos olvidamos de escuchar. Y cuando decimos escuchar u oír, no podemos dejar de pensar en esas orejitas que como radares están atentas a los más mínimos sonidos que emitimos, o a los ruidos del ambiente, y todo (todo) cobra significado.

Como ya les he explicado, la vista es uno de los sentidos menos importantes para el perro. Nada que ver con el olfato, que es el principal, o el oído, que es una de las herramientas más fabulosas de la especie. Ahora bien, no vamos a extendernos hoy en analizar la maravilla que supone en sí misma esa cualidad, sino en cómo los tutores y familia debemos tenerla en cuenta a la hora de nuestra convivencia diaria.

Seguramente a todos nos ha pasado que, estando la criatura aparentemente más dormida que una piedra, el solo hecho de tomar las llaves para salir detona una bala de cañón con cuatro patas, que en un abrir y cerrar de ojos estará esperando junto a la puerta, justo en medio del camino, con cara de “¿salimos?” O que el solo hecho de tomar la bolsa de ración o una bolsa de papas chips –si es que lo han acostumbrado a tan poco saludable maña– haga aparecer por arte de magia unos hocicos enloquecidos a su alrededor.

Estos y otros sonidos son puramente contextuales y ocurren habitualmente en el ámbito donde se mueve el perro, por lo cual se ha acostumbrado y ha asociado cada uno con la consecuencia que acarrea, sea buena o mala, rica o asquerosa, le guste o no le guste.

Ahora, ¿qué pasa con aquellos sonidos específicamente dirigidos al perro? Por lo general se trata de la voz humana, y solo ocasionalmente un silbato u otro tipo de artilugio pero a niveles que ya no son domésticos.

El diván de Eragon

¡Hola, humanoamigos! Ssshhh, hablen bajito que no es necesario gritar para que nuestros sensibles oídos los capten.

¡Es tan cierto esto que les cuenta hoy mi Huma! Muchas veces ustedes se molestan porque ladramos y nos gritan; entonces nosotros creemos que ustedes se están sumando a nuestros ladridos. ¡Y qué orquesta podemos armar! ¡Qué divertido, jamás nos callaremos!

Por eso es que cada viernes intentamos que entiendan que como especies somos súper parecidos pero a la vez nuestra percepción del mundo es bastante desigual. Y en cuanto al uso del sentido del oído la diferencia es notoria.

Imagínense que su cachorro se aleja peligrosamente… pónganse por un instante en el lugar de esa criatura. Imagínense que el humano les grita a viva voz como enojado y hace ademanes terribles, ¿ustedes volverían a su lado? No tengo más preguntas, Su Señoría (perdón, que esto no es un juzgado).

Los perros somos seres realmente sensibles en cuanto al sonido, eso es innegable. Es lo que estamos comentando con mi invitado de hoy, Bastián, que precisamente pertenece a una raza muy sensible en todo sentido, y en este momento necesita una familia que entienda eso y esté dispuesta a recibir a cambio una dosis de infinito amor.

Es que su gran sensibilidad hace que se muestre sumamente amistoso con otros perros y personas, por lo que será el compañero ideal para familias numerosas. Quien desee adoptarlo solo deberá comunicarse al WhatsApp del diario, 099334433, donde también recibimos sus mensajes para participar de mi Diván. ¡Los espero!

 

 

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Conmemoran el Día del Trabajador Rural

El 30 de abril fue declarado como Día del Trabajador Rural, de acuerdo a la ley N°19.000 del año 2012. De acuerdo a los datos divulgados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en 2019, el 8,5% del total de asalariados cotizantes a la seguridad social se desempeñan en el sector rural. Sin embargo, esta cifra no contempla a los trabajadores dependientes de las empresas que brindan servicios tercerizados en las explotaciones agropecuarias.

Según el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, al menos 152.000 personas trabajan en el ámbito rural. El Registro de Productores Familiares del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, tiene inscriptas 22.187 unidades de producción familiar, que involucran a 38.092 productores. En total, son 56.000 personas que integran las familias en las unidades productivas, 26.440 (47%) son mujeres y 8.231 (17%), jóvenes. De acuerdo a datos oficiales, en Uruguay existen alrededor de 45.000 productores, entre familiares y no familiares.

Los productores familiares registrados se dedican en su mayor parte a la ganadería de carne (51%), mientras que las dedicadas a la horticultura representan el 18% del total; a la lechería el 9%; y a la agricultura, el 4,5%.

De acuerdo a datos de la Dirección General de Desarrollo Rural del MGAP, los productores familiares son el 56% del total de productores, y ocupan 2 millones y medio de hectáreas.

Las cifras que surgen de los Censos Agropecuarios que se realizan cada 10 años muestran desde el 2000 al 2011 una disminución de casi 8.000 productores familiares, y una merma en la superficie explotada de este tipo de productor de aproximadamente 270.000 hectáreas.

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Doma racional y tradicional para el bienestar del caballo

Leonardo Ghuisoli asegura que “nunca viví en el campo, sino en el barrio San Félix. Me vinculé al campo porque mi abuela tenía un campito en Casa Blanca. De ahí, me fui a la escuela agraria por 6 años”. En un barrio vinculado a las jornadas hípicas, este joven domador no iba a tener dificultades en elegir su trabajo por vocación. “Con el paso de los años, comencé a tener contacto con Marcelo González, instructor de doma tradicional y el gusto por el caballo me llevó a dedicarme a la doma”.

Mientras estudiaba, “tuve varias oportunidades de dejar la escuela agraria, pero por orientaciones de mis padres seguí con la tecnicatura Agrícola Ganadera, en UTU por dos años y medio y los fines de semana movía algún caballo. Después que me recibí, pero nunca ejercí hasta hace un año y medio, cuando me contrataron en una empresa ganadera. Allí hago media jornada en el establecimiento y el resto del tiempo me dedico al caballo”.
Su jornada es de entrenamiento para los concursos de doma. “Trabajo con otro muchacho, porque competimos para enduro y marcha. Dentro de la raza del caballo criollo, me he dedicado a casi todas las disciplinas. La doma es mi fuerte”. Además Ghuisoli es herrador profesional desde hace varios años.

Doma racional

Reconoce que su técnica “no es aplicada por la mayoría, pero hoy está muy divulgada. Hay mucha información sobre el tema, aunque no quiere decir que haya conocimiento”. En el transcurso de la pandemia, realizó cursos con especialistas brasileños y argentinos, a través de internet.
“El tema de la doma racional se ha propagado bastante en la región y para quienes se dedican al caballo, hay una diferencia grande entre lo que es una doma de este sistema y hacerlo por el tradicional”. Y en su aprendizaje ha tomado aspectos de ambas, para crear una relación con el potro.
“Por ejemplo, en la tirada de abajo del potro desbocado, al usar el método racional se espera por el tiempo del caballo. Se usa poca presión hasta lograr que el caballo entienda y razone. Por eso es doma racional. Después hay varios caminos y técnicas. Cada domador tendrá la suya, pero siempre deben ser varias alternativas para resolver ciertos casos”.

En su caso, explica que le llevó unos diez años de aprendizaje. “Traté de especializarme en la mezcla de dos técnicas y creo que hoy en día mi sistema es una ayuda para desenvolverse delante de un potro. Nadie inventa un sistema solo. Todos absorbemos cosas que vamos viendo o escuchando y eso también demuestra que uno está abierto a aprender. Además, de la escuela diaria que se aprende de los caballos”.

UNA CLASE

Explica que la doma es una clase. “Es como el maestro delante de su alumno, debe tener cierta personalidad. Respetar y generar confianza porque este alumno no aprende con el miedo. El miedo solo somete y no establece una relación. Incluso, hay entredichos con el caballo, pero todo forma parte de esa relación”.

Esta clase puede llevar varios meses, “para entregar el caballo bien madurado. Si tiene que trabajar con ganado, me lleva unos seis meses. Pero en ninguno de los casos, trabajándolo todo el mes corrido”.

En el primer mes, “trato de que se amanse para la primera montada y sujetada. Cuando veo que puede hacer una salida, o el primer recreo, dejo que descanse una semana o 10 días. Si descansa la carga de información en su cabeza, estará mucho más receptivo”.

Su trabajo consta de varias etapas, con la iniciación y redomoneada. “Cuando retomo, repaso lo anterior para seguir con la etapa de la enfrenada. Son partes fundamentales, porque es la manera que puedo enseñarle a trabajar. Antes lo daba por terminado cuando aceptaba el freno, pero ahora trato de corregirlo y ahí recién veo a un caballo con una seguridad mayor”.

Ghuisoli se desempeña hasta el mediodía en un establecimiento, donde lleva adelante una rutina como en cualquier estancia y en la tarde se dedica a la doma. “También trabajo con potrillos, que –como el ejemplo de una clase– es como el nivel inicial de una guardería. El potrillo tiene un tiempo muy limitado de concentración y tengo que usar técnicas más sencillas para que aprenda a cabrestrear y se le vayan las cosquillas”.

La genética

La genética aporta un factor fundamental en su tarea. “Hay cabañas que se dedican a usar una genética para las marchas y otras, para el enduro. Algo que me ayuda mucho es conocer la genética y cuando sé del pedigí, también conozco el aporte de cada uno. La genética manda en un 80% y se puede observar desde potrillo, si un potro tiene problemas de comportamiento”.

Por eso, “no podría decir que mi doma es netamente racional. El bocado de cuero en este estilo no se permite y yo la uso. Es la base de redomoneada”. Se define como “un domador por vocación y si elijo esta vida, no puedo buscar la desventaja para el caballo, sino su bienestar”.

En este sentido, subraya que “una de las cosas que no me llaman la atención son las jineteadas y, sin embargo, tengo amigos que lo hacen”. Porque “a mí se me dio la oportunidad de trabajar con caballos de alto valor, por eso cuido su aspecto sanitario. Y me dedico a caballos con destino deportivo, prácticamente no domo para las estancias”.

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Trece años herrando caballos

Cristian Ayende vive en Paysandú y es herrador profesional de caballos criollos, entre otras razas. “Cuando comencé, trabajaba en cabañas haciendo de vareador o cualquier labor. Ahí empecé a herrar y desde hace 13 años, únicamente herro caballos”.

La vinculación con los equinos es de toda su vida, a través de su abuelo y a los 16 años realizó, como civil, el primer curso de herrador en el Servicio Veterinario y Remonta del Ejército. “Tengo trabajo todo el año porque me dedico a distintas razas y herro para diversos deportes, tanto para caballos de carrera como salto. Y dentro de los criollos, para enduro, marchas freno de oro y paleteadas. Hay competencias de cada cosa durante el año”. La pandemia detuvo las pruebas, “pero los caballos nunca dejan de entrenar ni las herraduras dejan de hacerse”, asegura.

Vivir de la herradura

Reconoce que vivir del oficio, en Paysandú, “es un poco más difícil por la cantidad de caballos y para dedicarse profesionalmente se necesita tener una cierta cantidad todos los meses. En el sur del país hay más cantidad en este oficio, como en el caso de Maroñas o Las Piedras”.

Señala que en esa zona “hay unos tres mil caballos y para lograr un buen sueldo, hay que herrar entre 70 u 80. Pero siempre es relativo. Por lo general, el eje del herrado se maneja en los 30 días. Según el deporte y el entrenamiento, es la herradura que se pone”.

De acuerdo a Ayende, “en los últimos años ha mejorado muchísimo el oficio. Principalmente en el aspecto económico que permite hacerlo de manera profesional. Además, en cuanto a las herramientas, las principales están en Uruguay. A veces tardan en llegar, pero se encuentran. Son caras, pero se precisan buenas marcas porque se usan para trabajar todos los días”.

Las inversiones son necesarias a medida que la tarea se extiende en el territorio. “Cuesta arrancar, pero a medida que crece el trabajo, hace falta moverse. Es necesaria la inversión en un vehículo, por eso muchos jóvenes que empiezan, después no pueden continuar”. Al relatar su experiencia, destaca que “yo no tuve la suerte de salir apadrinado y me costó más. Y mucho más, para herrar los caballos de élite”.

Se define como “vocacional, a pesar de que es cansador. Es un trabajo de fuerza, que cansa mucho la cintura. Para hacerlo como una rutina, si a alguien no le gusta y empieza a ver solo la parte económica, tampoco adelantará”. Finalmente, reconoce que “es probable que si viviera en el sur y me equivoco, puedo seguir. Pero acá, no puedo cometer errores”.

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“Un privilegio hacer lo que nos gusta”

Alicia Almenar nació en Guichón, en el seno de una familia afincada al ámbito rural y hoy, junto a su cuñada y hermano, se dedican a la explotación de un tambo que define como “un privilegio”.

“Mis abuelos maternos tenían un campo en la colonia Pintos Viana y mis padres y abuelos paternos, en Juan Gutiérrez. Por razones de enfermedad, mi padre compró en Esperanza y hace 29 años que estamos acá. Hoy, nos dedicamos al tambo con mi cuñada, y mi hermano a las actividades de la chacra”, relata a EL TELEGRAFO.

Ordeñan 90 vacas por turno, “es decir son 180 ordeñes por día y, según la producción, sacamos entre 900 o 1.000 litros diarios. Arrastramos una seca y no hay pasturas, pero esperamos que empiecen a mejorar los verdeos y aumente un poco. Tendría que haber mucha más leche con 90 vacas que hoy alimentamos solamente a ración y a silo”. Almenar asegura que las últimas precipitaciones, “no alcanzaron, pero ayudaron mucho porque todo estaba recién sembrado. Habíamos pasado mucho tiempo sin lluvias, ahora verdea y esperamos a fin de mes que mejore”.

Su jornada

Su día de trabajo comienza cuando suena el despertador y la hora de finalización es relativa. “Aunque llueva a baldes hay que ordeñar, porque las vacas no pueden esperar y cuando vienen a levantar la leche, tiene que estar fría en el tanque. Son los 365 días del año y hay que trabajar siempre. O a la madruga, si hay que llamar a un veterinario para una cesárea”.

En su emprendimiento familiar, que remite la totalidad de su producción a Claldy, no cuenta con empleados. “Es nuestro y cuidamos lo que nos dejó nuestro padre. Pero, también, hacemos lo que nos gusta”, señala.

Recuerda que “el otro día miraba un remate por pantalla y pensaba que si tuviera que ver por televisión cómo se remata el tambo, me pondría a llorar. Tanto nos hemos acostumbrados a vivir aquí, que si nos tienen que sacar no sabríamos dónde ir. Forma parte de nuestras vidas”.

Es que Almenar ordeña desde sus 13 años: “Salimos de la escuela al tambo y ya lo tengo incorporado. No podría hacer otra cosa”.

El tambo de su familia formaba parte del grupo de productores remitentes Pili y puntualiza que “cuando cerró pudimos salir adelante. Fue una época muy dura. De las peores que pasamos y ese recuerdo forma parte de los tantos problemas que pasamos con la lechería”.

Hoy atraviesa por un mejor momento. “Trabajamos tranquilos pero alertas, porque somos muy cuidadosos con lo que se hace e invierte en el tambo. Calculamos el día a día para pagar las cuentas y si hace falta una inversión, sacamos un préstamo solo para eso, porque ahora no es como antes. Ya no hay para guardar”.

De sus recuerdos de niña, subraya que “todo se hacía a pulmón. Hoy tenemos la tecnología y se trabaja con maquinaria. Pero aquella generación terminaba con sus cuerpos desgastados”. Y si bien define su trabajo como “sacrificado”, no duda en agradecer “a la vida por tener lo nuestro. Volvería a elegirlo porque, si miro atrás, veo que no nos fue mal”.

Estos tiempos de contingencia sanitaria traen a la reflexión que “nos asustamos por la pandemia y vemos tanta gente sin trabajo. Nosotros hacemos algo esencial, por eso somos privilegiados”.

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La elección de afincarse en la zona de tres generaciones

Marcos Bazzini, es un joven productor que hace 15 años se dedica a la lechería y ha diversificado su actividad. “Comencé con 4 o 5 vacas y crecí. Soy tambero y un poco chacrero en un emprendimiento familiar, que llevamos adelante con mi señora, que también es de familia agropecuaria, y dos hijos. Me ayuda mi hijo, que tiene 18 años”.

Relata que “en una chacra chica no hay mucha opción. Tuvimos la mala suerte del cierre de Pili y hace rato que venimos batallando con la crisis. No hay otro rubro en un campo chico”.

Por lo tanto, explica que “vendo servicios de siembra y hago chacra cuando consigo tierra bajo arriendo. No es mucho lo que se consigue, pero a veces son 20 o 30 hectáreas”.

Su emprendimiento familiar remite a Claldy y se encuentra en Estación Porvenir, ruta 90, kilómetro 25,500. Bazzini nació en la zona: “Somos tres generaciones que permanecemos acá, donde están las chacras de familiares. Al igual que otros productores, todos venimos de familias afincadas en la zona. Un productor no sale de un día para otro, ni tampoco se aprende de un día para otro. Mis padres me dieron la oportunidad de estudiar, pero me quise quedar”.

Su jornada laboral “comienza a las 5 y se extiende hasta el anochecer. En las zafras contrato personal, pero cada vez se complica más encontrar mano de obra”. Incluso, en estos tiempos de pandemia, “más allá que tenemos que estar todos los días en el campo, no nos perjudica. Pero tratamos de ir lo menos posible a Paysandú y cuidarnos”.

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