Viajaron las hermanas D’Alto Oberti, en mayo de este año, rumbo a Atena lucana, provincia de Salerno, Italia, la tierra de sus raíces.
El día 20 de noviembre, en el Circolo Napolitano, relataron su extraordinaria, maravillosa e inolvidable experiencia vivida en Atena lucana, el pueblito (paese), de su bisabuelo Antonio D’Alto Pandolfo, quien nació allí, emigró al Uruguay, se casó en Paysandú con Filomena, también italiana, y tuvieron 10 hijos, uruguayos todos.
El sueño de sus bisnietas de conocer ese lugar comenzó a hacerse realidad a partir de su encuentro con Fabio Ragone, un fotógrafo e investigador sobre la genealogía, quien estuvo en el Centro universitario relatando su saber y su experiencia.
Por vía Zoom se contactaron con la Asociación de Amigos de San Ciro, quienes las invitaron a visitarlos durante las festividades del Santo Patrón del pueblo.
Atena lucana es un pueblito en la montaña, de unos 2.000 habitantes, muy antiguo, de orígenes prehistóricos, que presenta restos de murallas ciclópeas, construidas con grandes piedras unidas a presión, y aún un castillo. Un pueblito que mantiene vivas sus tradiciones (como creo que sucede en todos los pueblos italianos), e invita a los descendientes de emigrantes a conocer la tierra de sus ancestros.
Las excavaciones realizadas muestran objetos de los siglos VII a IV a.C., símbolos de riqueza material. Permanecen las huellas del pasado, aunque los terremotos han provocado gran destrucción en algunos lugares.
En España se encontraron con la hermana que vive allí y abordaron el avión rumbo a Nápoles. Las esperaba don Antonio Caporale, presidente de la Asociación, quien en todo momento estuvo a sus órdenes. Desde Nápoles viajaron en auto, hasta la plaza de Atena. Allí debieron estacionar porque las calles angostas no permiten pasar vehículos.
Inmensa fue su emoción cuando estuvieron frente a la casa de su bisabuelo, grande como un palacio. Pero eligieron una casita pequeña para alojarse, una “casina vecchia”.
Quedaron sumamente sorprendidas por la cálida recepción, algo que nunca habían imaginado. Autoridades varias, gente de la Asociación, hasta el cura del lugar, las esperaban en la Torre Antica, un hotel – restaurante, en el casco antiguo de la ciudad. En la cima de la montaña, desde donde se podía divisar todo el pueblo con sus maravillosos paisajes. (Mostraron las fotos, realmente bellísimas). Fue una cena de bienvenida, en la que participaron también descendientes de emigrantes argentinos y estadounidenses. Aunque los anfitriones no hablan español, no tuvieron problemas para comunicarse, porque ellas se manejaron bien con su italiano básico y los lucanos manifestaron su sentir con apretones de mano y abrazos.
Les sirvieron platos típicos, vinos y postres, que fueron consumidos en un clima de gran alegría, una verdadera fiesta; así lo sintieron ellas. Fueron entrevistadas por jóvenes del lugar con el mismo apellido.
Al día siguiente recorrieron la parte antigua del pueblo, con una joven guía. Conocieron la historia del pueblo en la época romana, sus callecitas de piedra, sin árboles ni autos, sus iglesias, sus miradores desde donde se divisan los pueblos vecinos, las casas antiguas pero muy bien conservadas, adornadas con macetas con flores, y adornos de crochet colgantes, todo preparado para la festividad del santo. (Me llaman la atención las calles sin árboles, pero comprendo que el suelo es pedregoso y no sirve para plantar. Y esa falta se compensa con los bosques que rodean el pueblo, que combinados con las montañas, forman maravillosos paisajes).
Uno de los lugares más importantes que conocieron es el Santuario de San Ciro, santo a quien le profesan una profunda devoción, por ser un santo milagroso. En la entrada al santuario vieron un toldo formado con carpetas de crochet, bordadas por las señoras del pueblo. Y en el interior de la iglesia unas señoras bordaban la imagen del santo, que luego verían en estandartes durante la procesión.
En todas partes veían el escudo de Atena, con la imagen de un ciervo, símbolo de fuerza, nobleza, agilidad y conexión con la naturaleza y la fauna local. (Agrego lo que dice Wikipedia: Los ciervos se encuentran en las zonas boscosas como las que rodean Atena lucana, aprovechando la diversidad de flora local para su alimentación herbívora y rumiante).
En el recorrido pasaron por la casa de una abuela muy mayor, quien las invitó a degustar pan casero untado con aceite de oliva, amasado por ella y cocido en horno a leña, como gesto de cortesía para las visitantes.
En el Municipio (il Comune), vieron una exposición de fotos sobre la Emigración hacia América. Y luego visitaron el Museo Arqueológico, denominado Elena D’Alto, en honor a quien fuera una persona muy importante por su papel en la preservación de la cultura y la historia local. Su labor ha sido fundamental en la preservación del legado arqueológico. Este museo fue inaugurado en el 2006 y se encuentra en el edificio del antiguo Ayuntamiento.
El museo conserva una colección de materiales procedentes de “enotrias”, término que procede del griego y significa “Tierra del vino”. Se refiere a la abundancia de viñedos en el sur de Italia.
Se ven allí también inscripciones y estelas funerarias de la antigua Atena, que datan de los siglos VII a IV a.C. y una colección de retratos de esculturas romanas. A través de todos esos elementos es posible conocer sobre las costumbres, creencias y rituales de los ancestros.
En la parte alta, a la que se accede por una escalera, funciona un Centro referencial para toda la Provincia de Salerno, a la cual pertenece Atena lucana. Allí encontraron –¡oh, sorpresa!–, la foto familiar del bisabuelo Antonio, que fuera enviada meses antes como muestra de la familia D’Alto Spera de Paysandú. Profunda emoción, que dejaron registrada en el Libro de Visitas.
Al atardecer participaron en una misa y bendición por el Obispo y luego de una procesión con antorchas por las calles del pueblo, que terminó con fuegos artificiales. Luego de la procesión les ofrecieron una Cena de Convivencia en la Sala del Peregrino, contigua al Santuario, ofrecida por la comunidad y las autoridades para todos los asistentes. Degustaron un plato típico, Trofie con salsiccia e finocchio (pasta con forma de espiral, con chorizo e hinojo), pane, vino y torta alusiva, cortada por el Obispo. El sábado participaron en un encuentro con los descendientes de lucanos que emigraron a Argentina y Estados Unidos, junto a las autoridades públicas y religiosas, en la iglesia de Santa Maria Maggiore. Cada grupo expuso su historia familiar, ellas contaron la propia, desplegaron la bandera uruguaya y entregaron souvenirs como recuerdos de nuestra tierra.
Esta iglesia es muy importante para ellas, porque fue allí que se realizaron todos los bautismos y casamientos de los antepasados anteriores a sus bisabuelos.
Allí les obsequiaron el árbol genealógico de su familia, comenzando por ellas, y yendo hacia atrás, hasta el 1720, cuando se registró el bautismo de un ancestro.
Recibieron varios obsequios, entre ellos una pequeña valija con mensajes alusivos, hecha por las damas del pueblo, y que es el símbolo del Emigrante.
Por la noche vivieron un festival musical con el artista Shade, en la plaza, que convocó a jóvenes de la región, y terminó con fuegos artificiales.
El domingo 18, temprano en la tarde fría, las campanas llamaban a la procesión. La estatua del Santo, en hombros de varios feligreses, acompañada por su pueblo, autoridades, visitantes, y la banda juvenil con música y cantos, momentos imborrables. ¡Ellas iban adelante, junto a las autoridades!
La procesión se detenía a rezar, en cada iglesia, son varias. Algunos llevaban un “canestro” sobre la cabeza, una pirámide hecha con velas, pesada. Otros iban descalzos o en medias.
Recorrieron todo el pueblo, y al llegar al Santuario, la banda tocó música típica de esa fiesta, con instrumentos de viento y de percusión, más la gaita italiana. Bailaron todos con todos, jóvenes y adultos, también quienes llevaban los canestros.
Terminaron los festejos y siguió una feria popular. Y ellas realizaron su última recorrida por las calles hermosamente iluminadas con luces de colores.
Terminó esta maravillosa charla con la lectura de un texto de Carolina Fernández: “Vuelvan a sus raíces, busquen su historia, sean los ojos de los que ya no pueden ver su tierra natal. De los que se fueron de este mundo añorando su terruño. La familia es conexión, es nuestra identidad”.
Tía Nilda