Editorial de El Telégrafo sobre los temas que más importan en el mundo, Uruguay y Paysandú en particular.
Hacia un mayor compromiso
En esta ocasión, la efeméride –que en los últimos 50 años se ha consolidado como una de las plataformas globales con mayor alcance en favor de las causas ambientales– hacía un llamado a la acción colectiva para enfrentar un desafío de escala planetaria: la contaminación por plásticos, que hoy se extiende por todos los rincones del mundo, e incluso invade el cuerpo humano en forma de microplásticos.
“Los residuos plásticos obstruyen los ríos, contaminan los océanos y ponen en peligro la fauna y la flora silvestres. Y, al descomponerse en partes cada vez más diminutas, impregnan todos los rincones de la Tierra: desde la cima del Everest hasta las profundidades del océano; desde los cerebros humanos hasta la leche materna. Sin embargo, existe un movimiento a favor de un cambio urgente. Estamos siendo testigos de un compromiso público cada vez más firme… De medidas para la reutilización y de una mayor rendición de cuentas… Y de políticas para reducir los productos de plástico descartables y mejorar la gestión de residuos. Pero debemos ir más lejos y más rápido”, expresó en su mensaje por la fecha el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres.
Las cifras son alarmantes: cada año se producen más de 400 millones de toneladas de plástico, y aproximadamente la mitad de ese volumen se destina a productos de un solo uso, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).
Menos del 10% de esa producción mundial se recicla, y se estima que alrededor de 11 millones de toneladas de residuos plásticos terminan cada año en lagos, ríos y mares, lo que equivale al peso de casi 1.100 veces la Torre Eiffel.
Por otra parte, los llamados “microplásticos” —partículas plásticas de menos de cinco milímetros de diámetro— invaden los alimentos, el agua e incluso el aire. Se estima que una persona puede ingerir más de 50.000 partículas de plástico al año, cifra que aumenta considerablemente si se consideran las partículas inhaladas.
Los productos plásticos de un solo uso —como bandejas, cucharitas, sorbetes, cubiertos, vasos, adornos y otros elementos que suelen ser desechados o quemados— no solo perjudican la salud humana y la biodiversidad, sino que también contaminan todo tipo de ecosistemas: desde montañas y ríos hasta arroyos, lagunas y el lecho marino. Según la ONU, el costo social y ambiental anual de la contaminación plástica se estima entre 300.000 y 600.000 millones de dólares.
Nuevos estudios, como el publicado recientemente en la revista Nature por un equipo internacional de científicos —con participación de la Universidad Atlántica de Florida—, revelan datos aún más preocupantes. La investigación cartografió la distribución vertical de microplásticos desde la superficie hasta las profundidades marinas a escala global, construyendo un perfil detallado del movimiento y acumulación de estas partículas según su tamaño y tipo de polímero. El estudio demuestra cómo los microplásticos están interfiriendo con los sistemas naturales esenciales del océano.
En ese sentido, los resultados sugieren que la integración de microplásticos en los procesos biogeoquímicos oceánicos podría estar alterando el papel clave que desempeña el océano en la absorción de cerca de la mitad del carbono producido por la actividad humana, afectando así el equilibrio climático global.
A pesar de los intereses económicos en juego, es evidente que debemos poner freno a las prácticas de consumo que, desde finales del siglo XX, se han aferrado a la cultura del “usar y tirar”. La evidencia empírica demuestra que este modelo es cada vez más insostenible, y que está afectando el delicado equilibrio natural, así como nuestra propia salud.
En ese esfuerzo global, dentro de dos meses los países volverán a reunirse, impulsados por las Naciones Unidas, para continuar las negociaciones hacia un tratado internacional contra la contaminación plástica.
En este contexto, sin embargo, aún podemos actuar para mejorar la situación. Los grandes cambios necesarios deben apoyarse en pequeñas acciones que millones de personas podemos realizar. Por un lado, es fundamental aprovechar los avances científicos y las soluciones existentes; por otro, los gobiernos, el sector privado y demás partes interesadas deben implementar medidas urgentes a nivel global.
La contaminación por plásticos podría reducirse en un 80% de aquí a 2040 si los países y las empresas adoptan cambios profundos en sus políticas y mercados, utilizando tecnologías ya disponibles, según un reciente informe del Pnuma.
Uruguay está dando un paso importante en la reducción de envases plásticos, luego de los resultados insatisfactorios del Plan de Envases implementado desde 2007. La semana pasada, las autoridades del gobierno nacional firmaron un préstamo para dar inicio al “Plan VALE”, mediante el cual se reembolsará dinero a quienes devuelvan envases de bebidas que hoy no son retornables.
El plan –respaldado por el Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Industria, Energía y Minería, la Cámara de Industrias del Uruguay y más de 3.000 empresas– abarcará todos los envases puestos en el mercado interno que lleguen al consumidor final, sin importar su tipo o material, a excepción de aquellos destinados al uso exclusivo en actividades industriales, comerciales o agropecuarias.
La inversión, según indicó el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, asciende a 50 millones de dólares. Se espera que los comercios, los gobiernos departamentales y la ciudadanía lideren el “cambio cultural” necesario para reducir el impacto ambiental y promover la sostenibilidad del sector, en base a un modelo de economía circular.
Indudablemente, los cambios culturales son los más difíciles de lograr, pero cabe esperar que, mediante una adecuada información, todos podamos colaborar con esta iniciativa, que podría posicionar a Uruguay como pionero en la revalorización de envases de un solo uso en la región. Y, de paso, hacer una pequeña pero significativa contribución a la salud del planeta, que clama por un mayor compromiso.