Días pasados, en Casa de Cultura, y a sala llena, Equinoccio presentó el concierto “Ouroboros 2”, “un viaje sin pausa a través del tiempo circular, donde la música y la tecnología se unen en una experiencia audiovisual inolvidable”.
El programa incluyó una selección de músicas e imágenes que exploran la intersección entre la mística y lo electrónico, fusionando elementos ancestrales con sonidos futuristas. En escena: Fernando Martínez, Eduardo López, Jonathan Amarillo, Graciana García y como invitados, Flavio Giordano y Samuel De Los Santos. Una gran variedad de instrumentos llevaron a la audiencia por el recorrido del espectáculo que se planteó en siete fases. Los sonidos de tambores chamánicos, palo de agua, flautas lakota, ocarina, chinchillas, cuencos tibetanos, triángulos, teclados, tuba, guitarra eléctrica, laptop, gong, entre otros, envolvieron la sala.
La propuesta comenzó con una performance acústica que evoca los orígenes ancestrales de la humanidad, para luego dar paso a la impronta extraterrestre donde personajes imaginarios interactúan buscando establecer conexiones más allá de la realidad. En la tercera parte se introducen computadoras de diferentes épocas que se comunican mediante una interpretación musical que utiliza los diferentes lenguajes informáticos; posteriormente a través de sonidos e imágenes, se manifiestan los números y la geometría sagrada, la pantalla gigante ofrece una experiencia audiovisual única que transporta al público a un plano más espiritual. A continuación, a modo de homenaje inspirador, la música es acompañada con imágenes que capturan la esencia del film Carros de Fuego y de Vangelis (compositor griego).
Y llega el momento de la música electrónica, con el concierto en su máximo ritmo, y la sala es invadida por luces, láseres, y desde la pantalla surgen naves y meteoritos. Para finalizar, se produce el regreso a la esencia, regresando a los sonidos acústicos y las imágenes naturales y un baño de gongs.
La reflexión profunda sobre el significado del símbolo Ouroborus y su conexión con la circularidad de la vida, envolvió al público en un momento de paz y armonía, antes de los aplausos.

